“εφ ζηνa”: el bienestar griego a la ibaguereña

Foto. elcampesino.co

¿Por qué tanto temor que las fincas, las chacras, los fundos, las fanegadas o al menos, los patios o solares cultivables, se llenen de miles de jóvenes ávidos de trabajo e ingresos, después de su inútil, indecente y costosa graduación en el mercado persa de la educación pos gradual tolimense, pública o privada, que no figura en ningún serio e independiente ranking internacional de calidad? ¿Cuál es el miedo a la reforma rural integral del acuerdo de paz (primer punto firmado)?

Ya el partido político de los grandes medios y aquella justicia remanente del Frente Nacional, dio su respuesta con la sentencia contra el fast track.  Aquel partido bicéfalo, que bautizara la presidente Dilma Rousseff.

Durante más de dos décadas, muchos de los hoy noveles políticos en Ibagué y el Tolima, de izquierda o de derecha, nos vociferaron “la competitividad del campo”, como si rimbombantemente hablaran de un nuevo sistema filosófico.  Lo hacían como eco generacional, a sus ascendientes viejos políticos, que igual antaño nos ensordecieron hablándonos de “industrialización de las ciudades”.  Ni lo uno ni lo otro.

Muchos y muchas de los parlantes “competitivos”, actualmente o son concejales, o son diputados, o son decanos, o son docentes o lo fueron, o acaso tendrán una ONG “capacitadora en competencia”, en el babilónico mercado ambulante de posgrados y maestrías. Al punto, que hoy la única competencia que tienen para mostrarnos – si acaso – es la de llevar el pan a su casa y la gasolina de sus pomposas cuatro por cuatro, con el dinero público, con la plata de todos. Como sus predecesores putativos.  Y de eso no se escapa ni el socialismo al mando de Ibagué, ni la férula conservadora que habita el edificio construido por Rojas Pinilla.

La documentalista y periodista Nikolia Apostolou, presenta hoy en el portal árabe aljazeera.com (http://www.aljazeera.com/profile/nikolia-apostolou.html), un panorama sobre el retorno de miles de jóvenes griegos, inútilmente posgraduados, a los campos y a los cultivos, tras la crisis griega de 8 años y millones de euros de la UE – como a la colombiana – nunca vertidos al campo, sino a la banca privada (pues como acá, también se vendió el único banco estatal de los campesinos) y a cubrir los lujos de los noveles parlantes políticos “competitivos” de las islas.

No tenían otra salida. La banca privada se lo llevó todo.  Los “reality”, el futbol, la Tv basura y el partido de derecha “Amanecer dorado”, nada tuvieron para decir en medio del hambre social. Y a la par, sus hermanos europeos los llenaron de inmigrantes árabes, a los cuales (como es la costumbre desde las milenarias ciudades-estado), decentemente atienden, sin un peso en el bolsillo.

Apostolou afirma que el desempleo griego para los menores de 25 años es del 48 % y del 40 % para los de 25 a 34 años. Siendo en Grecia como en Colombia, la agricultura (el sector primario) la que más aporta al PIB.  Nos muestra que políticas nacionales como “Cero intermediarios” (2012), los mercados campesinos, los cultivos orgánicos y la de los superalimentos (granos y semillas proteicas) junto a las ventas por internet, ha permitido subir el aporte del 3,1 % al PIB al inicio de la crisis (2008) a un 4,2 % en 2015, aumentando el empleo joven agrícola entre los 18 a 40 años, a un 15 %.

El Mediterráneo no es el Caribe ni el Pacifico colombiano.  Ni mucho menos lo serán las fértiles vegas del Magdalena, del Saldaña, del Cabrera, del Atá, del Recio, del Sumapaz, del Coello o del Combeima.

Pero el campesino griego – tanto el raizal como su descendiente desempleado lleno de títulos – es el mismo campesino colombiano, como lo dijo el extinto cronista Héctor Mora, cuando alguna vez le preguntaron cuál era su mejor anécdota de viaje: la cordialidad del campesino griego con el visitante, aseguró orgulloso.

No son los gremios politizados los que aúpan el retorno de los jóvenes al campo colombiano.  Por el contrario, el cafetalero con dirección intelectual de la Usaid, procura excluirlos y extirparles su iniciativa comercial, ahogándolos en requisitos y en sellos; y pero aun, el arrocero, imponiéndoles irresponsablemente los transgénicos, los nano-venenos y la maquila mal paga de plaguicidas, prohibidos hasta en los mismos EE.UU.

Ni menos lo será el partido bicéfalo: los intereses, la publicidad, la exclusión y la cooptación no lo permiten.

Por algo la ultraderecha colombiana (en cabeza del Centro Democrático y de Cambio Radical) es enemiga de que los jóvenes multi-titulados y eternos clientes del basilisco posgradual (descendientes o no, de campesinos o jornaleros), regresen al campo a cultivar, en la reforma rural integral del acuerdo de paz.

Se necesitan más adeptos, más fieles creyentes pobres, más fans, más hinchas y más consumidores sempiternos de lo legal y lo ilegal, incluida la droga mediática electorera, dirán ellos. Mientras muy orondos compran su pan y tanquean su gasolina, con el dinero cobrado de algún cheque de una que otra entidad oficial o pública, armada o desarmada.

Para eso tienen al partido bicéfalo: procurando que los jóvenes de 18 a 34 años, conozcan una nueva guerra, y no un εφ ζηνa que el acuerdo estable y duradero con las Farc – EP, si les pudiera brindar. 

Por: Luis Orlando Ávila Hernández, Ingeniero agrónomo, propietario de la extienda Cultural La Guacharaca.

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