100 años del bunde tolimense en medio de polémicas

Conservatorio del Tolima

Conservatorio del Tolima

Algunos piden que se cambie la letra. Otros señalan que es discriminatorio.

El Bunde del maestro Alberto Castilla, llegó a los cien años de edad. Hace una centuria, en Espinal, Castilla dio vida a la música del himno de los tolimenses, inspirándose en la letra que ideó Nicanor Velásquez.

El aniversario ha complacido a la gran mayoría de raizales de la región. Este miércoles, por ejemplo, se conmemoró en Espinal el acontecimiento con un concierto a cargo de la orquesta del Conservatorio del Tolima, y con un considerable despliegue de recursos por parte de la dirección de Cultura del Tolima.

Otros, han recibido con recelo los cien años del Bunde. Un sector pide que se cambie la letra de Velásquez por la del maestro Cesáreo Rocha:

Opaco el llano está,
la garza se fugó
y cándida y rapaz,
la tarde se llevó.

Danzan, vuelan candilejas,
brujas en la sombras,
y el “mandingas”, “los tunjitos” y “el mohán”.

Y este canto es para ti,
indiecita hecha dolor
que andas siempre por ahí.
Mi Tolima.

Pero en eventos públicos, escuelas y colegios, se prefiere el tradicional:

Canta el alma de mi raza
en el bunde de Castilla
y este canto el sol que abraza.

Voces más radicales hablan de la supuesta discriminación del Bunde de Castilla.

El periodista Gilberto Martínez Prado, reflexionó al respecto en la red social Facebook: “no me identifico con el Bunde. Nos discrimina a quienes nacimos en la alta cordillera del Tolima. Don Nicanor Velázquez y Alberto Castilla hacen honor a los nacidos en los llanos del Tolima. El bunde nunca habla de nuestras montañas, nevados, nuestros arrrieros y cafeteros. Habla de los vaqueros en la ganadería, que el aguardiente es leal ¿cuál leal? Hace honor solo al río Magdalena ¿y los otros ríos qué? En fin, no siento al bunde como himno de nuestras montañas”.

Lo cierto es que el Bunde de Castilla, sigue siendo considerado una de los himnos más hermosos de Colombia. Solo el consenso general podría erradicarlo de la mente y de los corazones de los tolimenses. ¿Valdrá la pena intentarlo?