A la defensa de la profesión

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En un mundo donde todos son comunicadores y periodistas.

Debo reconocer que hoy por hoy me inclino más porque mis hijos Nicolás Andrés y Sara Alejandra, estudien carreras convencionales, en las que se les pueda otorgar una tarjeta profesional y nadie les pueda usurpar su necesaria firma.

Muchas veces en las noches de insomnio me he puesto en lugar de contar ovejas, a preguntarme el porqué del irrespeto a la profesión del Comunicador Social por parte de muchos otros profesionales.

Soy consciente que las Facultades de Comunicación Social son realmente nuevas, no obstante, las personas que se dedicaban a este hermoso ejercicio del periodismo eran en su mayoría profesionales de otras áreas como la economía y el derecho con una inmensa vocación social.

Lamentablemente sé que esto ha cambiando notoriamente y en la actualidad muchos son los que con el deseo de figurar terminan comprándose una ‘grabadora’ que más parece ‘graduadora’ y como por arte de birlibirloque se hacen llamar comunicadores y periodistas.

Este tipo de periodista es el favorito de algunos funcionarios públicos, con el que forman un contubernio en el cual el segundo se beneficia de las lambonerías del primero y el pacto se sella mediante un contrato de publicidad. Sé que muchos profesionales de los medios detestan ese tipo de procederes, pero la oferta periodística crece día a día acompañada de estas mañas.

Esto va en detrimento de la profesión, tan es así, que muchos funcionarios generalizan y creen que ese es el proceder normal de la prensa. Es por eso que a través de pautas e invitaciones a comer, tratan de ganarse al ´comunicador’ para que este siga inflando su ego. Ego que generalmente es más grande que sus propias capacidades.

Ustedes deducirán porqué estos funcionarios viven obnubilados y enredados en su propia telaraña, creyendo sabérselas todas y convencidos de su buena imagen. Ellos saben con quién pautar, saben generar noticia, posan constantemente para la foto, no escuchan razones, pero cuando reaccionan de su propia mentira, entonces buscan culpables.

No sé si por esta razón, el papel de los comunicadores se ha desdibujado en la ciudad y me atrevería a decir que con la complicidad de los que si nos hemos formado para este ejercicio.

Hoy en día, si se está enfermo se acude al médico, si el lio es jurídico, se llama al abogado, pero si el tema es de manejo de imagen, todos están convencidos que lo hacen bien y son grandes comunicadores.

Creo que las noches de insomnio van a empezar a desaparecer, será porque he empezado a entender que labor del buen periodista tiene mejores frutos ante el ignorante que quiere dejar de serlo, pero está blindada contra el ególatra que tiene todas las capacidades para tapar su ignorancia.
Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy
Comunicador Social- Universidad Católica del Norte
Esp. Educación Cultura y Política-UNAD

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