Agropolis: El agua sucia para los más ricos, para ser más ricos

Imagen de referencia.

El portal www.alaluzpublica.com dos años atrás daba en solitario al debate sobre la Agropolis.

Aun no se presentaba la candidatura de Rubén Darío Correa, con sus lazos familiares – que no de la ética e independencia del medio virtual de uno de sus hermanos, quien ha hecho de su vida como cronista entre otras, en la impronta del desestimar el temor al enfrentar al primer piso de la horda criminal que sustenta a políticos del Ibagué y del Tolima, del hoy y del acullá.

Me consta personalmente la afrenta del periodista y cronista ibaguereño con criminales condenados, en uno de mis extintos tertuliaderos: Cuatro Palabras, Libreria softweria.

Mas hoy, la proxeneta de la política ambiental, festín de la bajeza politiquera autodenominada Cortolima, que ni siquiera en sus tres décadas de existencia cuenta tan siquiera con un laboratorio portátil validado de aguas o de partículas contaminantes (dioxinas o furanos, por ejemplo), dado que como las vecinas de barrio, todo lo cuestiona y sanciona pero a nadie le sostiene científicamente nada, junto al señor César Picón, heredado Secretario sempiterno de la Agricultura y del Medio Ambiente de las 144 veredas del Ibagué, que ante la primera nota de la Agropolis, de bruces prometió entregar el dossier de su gesta indigesta, y hasta ahora nada, y a cambio se dan últimamente, en contubernio Cortolima y Alcaldía, en decir que todo está consumado, como en el Gólgota.

El señor Jaramillo y la extensión de su know how, el fallido candidato exgerente del Ibal, aún le deben a la ciudad la ignota carta de intención con la empresa china con la que se pactó las plantas de tratamiento del Escobal y del País.

Como aún es secreta la firma con los chinos, y con los mismos chinos, como secreta fueron los pactos de las elites de liberales y conservadoras de entonces para repartirse al Tolima después del bombardeo a Marquetalia bajo el gobierno del emulo de poeta, señor Guillermo León Valencia, godo de raca mandaca.

Como igual de secreta fue la reunión de principios de año de la ultraderechista señora congresista Paloma Valencia con la familia Jaramillo, la nieta del poeta bombardeador y de los hijos del ministro de Turbay Ayala, el del Estatuto de Seguridad que consolidó los bombardeos del poeta presidente, el abuelo.

Mas como el medio apura, es decir como en enero de 2017, pregunta www.alaluzpublica.com “¿Agropolis beneficiará a los hacendados de la meseta de Ibagué?”, La respuesta es Sí.

De nuevo si, y otra vez sí.  El agua tratada va para los más ricos de Ibagué y el Tolima, las 23 familias de crianza del señor Jaramillo y sus adláteres.

Y la proxeneta Cortolima, que ni siquiera tiene el rigor para analizar una gota de agua de alcantarilla, la avalará, porque su junta (conjura de ignotos) es de alcaldes y representantes, amanuenses de los descendientes del poeta bombardeador y del ministro del tirano Turbay Ayala.

¿Y los chinos? Bien.  Como los gringos y su Usaid determinando hasta los pájaros que veremos volar.

O como a los holandeses a los que se les hipotecó sin más todos los páramos y las cuencas del Tolima, de nosotros, de nuestros campeches parientes ancestros, que se los bajaron a pura punta de machete, bayoneta, corbata colombiana, empalamiento, poesía y consolidación.

Decía el señor Jaramillo en octubre ocho de 2017 en el diario El Nuevo Día: “… Hay que negociar con los propietarios de la tierra: Sorroza, Gonella. Son pocas las haciendas: aquí están los Canos, los Laserna, El Escobal, El Aceituno.” (La Agropolis de Jaramillo: ¿Un nuevo agroingreso seguro?).

Y además dijo entonces el elucubrado periódico: “…1.500 litros por segundos tratará la planta de El Escobal”.

Pero hoy dice, con el aval de la proxeneta Cortolima, que son 1.950 litros por segundo de las aguas negras tratadas, es decir para solo 1625 hectáreas más de las que se siembran hoy.

Porque se trata de eso, del engaño: a la proxeneta y el señor Pión, no les cuadran sus cuentas.

Si son 1.950 litros por segundo, entonces vamos a ver:

15.635 metros cúbicos por hectárea se gasta un cultivo de arroz en la meseta (Informe de Gestión Fedearroz – Fondo Nacional del Arroz Vigencia 2016 (Enero – Diciembre).

Luego si multiplicásemos 15635 m3 por 1000 para que nos dé en litros, y luego dividimos eso en cinco meses promedio de siembra a cosecha, y luego en 30 días promedio mes, y luego en 24 horas día,  y luego en 60 minutos por hora, y luego en 60 segundos por minuto, nos da que 1,2 litros por segundo se come una hectárea de arroz en la meseta.

Así que los 1.950 litros por segundo de aguas tratadas que promete la proxeneta Cortolima y el señor Picón, solo alcanzarían para apenas 1625 hectáreas nuevas, muy diferentes a las que se ufanan: 10 o 15 mil hectáreas más.

El negocio va por otro lado.  El lado de la sombra del señor Uribe.

Y lo dijo este mismo a finales de su primer gobierno en 2006, en palabras que parecen un calco del imitador prohombre de la prensa agrícola, antiguo director del desaparecido Semanario Tolima 7 Días y hoy conveniente dirigente de la patronal industrial arrocera, Silverio Gómez: “…El mensaje del presidente Álvaro Uribe fue contundente: En las 22.000 hectáreas que se van a irrigar en el distrito de riego del sur del Tolima, donde están ubicados los municipios más deprimidos del departamento, y en el cual se van a invertir $343.000 millones, no se puede sembrar una sola mata de arroz. La advertencia fue hecha en días pasados en una reunión con productores en las instalaciones de la Universidad del Tolima, en Ibagué.” (La encrucijada del arroz Tolima, Revista Dinero, junio 26 de 2006).

Y además agregó la revista, por entonces antes de su tercer mandato: “…El gobierno, por su parte, presentará al Congreso un proyecto de ley para implementar el programa Asis: ‘Agro, ingreso seguro’, con el que buscará compensar el impacto del TLC en los sectores más vulnerables como los productores de arroz, maíz, sorgo, soya, fríjol, trigo, cebada, arroz, avícolas y porcícolas.

Y remató diciendo: “…El presidente Uribe ha venido insistiendo en la necesidad de empezar un proceso de reconversión del cultivo de arroz en el Tolima. Una de sus propuestas es sembrar caña para producir alcohol carburante”.

Así que ni la plata de los chinos irá para el arroz, que de sobra producen, ni serán los cantos nibelungos del señor Picón ni de la proxeneta ambiental.

No. Por el contrario, los más pobres de Ibagué terminaran financiando con sus impuestos prediales y del alcantarillado, la reconversión económica de la inversión en producción (volverlos más ricos) a las 23 familias todopoderosas con  las que se criaron la nieta del poeta bombardeador y los hijos del ministro del tirano Turbay Ayala.

Por eso se agilizó a las carreras un catastro de alcantarillas, de cañerías, de sifones a ver cuánta mierda se vierte, vertimos, para así cobrarle, cobrarnos, a los más pobres de Ibagué el tener culos.

Y lo peor quien hizo tal apresurada medida fue una empresa vinculada a Odebrecht: Contalec (Consultoría Técnica Latinoamericana y del Caribe S.A.S) (En camino a la Agropolis, mucha agua turbia. Alaluzpublica.com, noviembre 12 de 2017).

Por eso el señor Uribe, la señora Paloma y el diletante señor Ferro, según lo dijo en El Nuevo Día el pasado domingo 17 de marzo él mismo, invitaron al señor Leónidas López, presunto emérito académico a ser candidato a la Alcaldía de Ibagué (“Tenemos que volver a generar un orgullo por Ibagué”, Leonidas López, diario El Nuevo Dia, marzo 17 de 2019).

Decían hace años los gamines de los garitos de la 15 con Primera: con cara gano yo, con sello pierde usted.

Con cara siempre han ganado y ganaran las elites de Ibagué (los uribistas, los falangistas, la Godarria, los Rosacrusistas, los Barreto, la familia cruz, los Sorroza, los Cano, los Palau, los Jaramillistas, el procaz señor Ferro, la caterva del orgullo renacido y el proxenetismo institucional).

Con sello perderemos los que tenemos culo para aguantar tanto y tanto, a nombre de nada.

Hasta que nos revelemos como ha de ser, no como lo hiciera hace poco Rubén Darío Correa cuando le sobaron su cabeza, como suelen hacer con sus mascotas, los que con cara ganan siempre y que con sello nos hacen perder, como siempre.

Por: Luis Orlando Ávila Hernández, Ingeniero agrónomo, propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.

 

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