Un antecedente histórico de los diálogos de paz de La Habana

 

Diálogos de paz en Colombia

Colombia es, no hay duda alguna, un país particularmente sui géneris que, luego de tres siglos de régimen colonial español y de dos siglos de régimen republicano, que no precisamente democrático, aun busca su identidad como Estado independiente, soberano, libre y democrático. 

Algunos dicen que la inestabilidad institucional que nos ha caracterizado se debe a que quedamos signados para siempre por el principio de dualidad expuesto por el ensayista y novelista Robert Louis Stevenson y, otros más que, partiendo de la sistematización aristotélica de las formas puras de gobierno, aún no hemos salido del régimen aristocrático, con marcado acento oligárquico y plutocrático, que heredamos del feudalismo español y, por tanto, apenas si nos asomamos al régimen democrático.

Sea de esto lo que fuere, lo cierto es que nos encontramos actualmente en un momento crítico de nuestro devenir histórico y de ahí la importancia de los diálogos de paz que se llevan a cabo en La Habana entre el gobierno nacional y la insurgencia armada, política y militar, respecto de los cuales han aflorado obstáculos de distinta naturaleza y uno que otro enemigo.

Recordamos ahora que se ha cumplido un siglo de la muerte violenta y trágica del general, abogado y senador Rafael Uribe Uribe, sacrificado por los sicarios, carpinteros de profesión, tristemente célebres Leovigildo Galarza y Jesús Carvajal a golpes de hachuela al exterior del capitolio nacional el 15 de octubre de 1914, magnicidio que ha empezado a calificarse por distintos historiadores como crimen de estado.

Esta infausta efemérides nos permite recordar ahora, por su oportunidad y trascendencia histórica que el general, abogado y senador Rafael Uribe Uribe suscribió, junto con otros destacados “alzados en armas” y el gobierno nacional de entonces el “Pacto de Neerlandia”, con el cual se puso fin formalmente a la “guerra de los mil días” y se desmovilizó el ejército liberal que luchaba, entre otros propósitos, por la restauración de la Constitución de Rionegro de 1863, tan democrática o más que la Constitución de 1991.

El general, abogado y senador Rafael Uribe Uribe al comunicarle a sus tropas el pacto de paz y como consecuencia su desmovilización, con voz de mando y a manera de orden militar les dijo: “despidámonos como soldados y preparémonos para saludarnos, en lo sucesivo, como ciudadanos”.

Este antecedente no puede pasarse por alto y menos ahora que las críticas contra los diálogos de paz de La Habana se han acrecentado, porque como si estuviera escrito, todos estamos de acuerdo con la paz como objetivo estratégico, pero, desafortunadamente nos separan los mecanismos tácticos para lograr ese supremo objetivo, circunstancia que se acomoda, precisamente, al principio de dualidad.

Por: Rafael Aguja Zanabria, abogado penalista, docente universitario.