Armero recuerda hoy a sus 25.000 muertos

Foto: Archivo Colprensa

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Hoy Armero cumple 31 años de la tragedia que dejó 25.000 muertos por la avalancha que bajó del Nevado del Ruiz un 13 de noviembre de 1985.

Hoy los sobrevivientes, unos 15.000 viven con sus familias en Armero- Guayabal el municipio que nació tras la tragedia.

En este día se realizan eucaristías, visitas a las ruinas y a la tumba de la Niña Omaira símbolo del desastre.

Familiares y amigos llegan al lugar y pasan el día recordando aquella noche fatídica que no han podido borrar de sus mentes. Hay llanto y mucho dolor.

Yo quedé solo, perdí a mi esposa e hijos“, dice un hombre de 40 años y señala que para la noche de la tragedia tenía tan solo nueve años.

Desde ministros, congresistas, políticos locales, autoridades y hasta sus más humildes habitantes sabían, muchos meses antes, que una tragedia iba a ocurrir en Armero hace 30 años.

No era un secreto, ni simples rumores. Con casi un año de anticipación, expertos geólogos habían advertido de las posibilidades de una avalancha por la actividad del volcán nevado del Ruiz. El tema se debatió en el Congreso de la República, donde se denunció, con estudios en mano, que el pueblo “iba a desaparecer” y hasta los periódicos nacionales publicaron dos meses antes la inminente catástrofe pero, pese a todo lo que se sabía y se decía, ninguna autoridad dio la orden de evacuar.

Esa noche, el volcán Nevado del Ruiz expulsó flujos piroclásticos o mezcla de gases, materiales y aire atrapado calientes que derritieron un casco de nieve y produjeron una avalancha de agua, piedras, escombros y lodo que bajó a unos 60 kilómetros por hora por el cauce del río Lagunilla y a las 11 p.m. llegó a este próspero municipio.

La fuerza de la avalancha sepultó a 25.000 personas, a las que la tomó en su mayoría durmiendo y por sorpresa en sus casas. Una de las víctimas fue el propio alcalde, Ramón Antonio ‘Moncho’ Rodríguez, quien a diario repetía que el volcán era una ‘bomba de tiempo’ y que con líderes comunales intentó hacerles ver al gobierno nacional y departamental el peligro que corrían y que debían evacuar.

Y así fue. La avalancha arrasó al final 4.200 viviendas, destruyó 20 puentes y acabó con todas las vías.

Que el Ruiz pudiera hacer erupción no era algo desconocido. Expertos habían advertido de los peligros del volcán en dos tesis de doctorado y en octubre de ese año se realizó un mapa de riesgo que mostraba la suerte que correría Armero en caso de que este gigante explotara.

Martha Calvache, directora técnica del Servicio Geológico Colombiano, recuerda que visitó el cráter del volcán un día antes de la erupción cuando ella trabajaba para la Central Hidroeléctrica de Caldas.

“Presentaba síntomas desde diciembre de 1984 y esa situación era notoria por el aumento de la actividad de las fumarolas con expulsión de vapor y gases”, dijo Calvache, y agregó que, pese a esos síntomas, “hoy nadie puede predecir con exactitud el día ni la hora de una erupción o de un terremoto”.

Sin embargo, cree que la tragedia “se pudo evitar” pues toda persona debe saber qué puede suceder en la zona donde está viviendo.

En ese tiempo Armero no conocía los riesgos que corría por ser una población ubicada a orillas del río Lagunilla, un afluente que nace en el nevado, los habitantes pensaban que el Ruiz era un volcán de Manizales, que nada tenía que ver con Tolima”, dijo.

No se tuvieron en cuenta que hubo dos avalanchas en 1595 y en 1845, que dejaron más de 1.000 víctimas y las advertencias de una posible erupción llegaron hasta con titulares en periódicos.

Siempre se habló de la activación del nevado, pero en Armero no creían, la gente decía: “cuál volcán, nunca lo hemos visto y hasta repetían: de aquí salimos pero muertos”.

En 1985 el Gobierno nacional pidió la ayuda de expertos de Estados Unidos pero cuando el equipo se alistaba para viajar hacia Colombia escuchó la noticia de la toma del Palacio de Justicia (seis de noviembre de 1985) lo que canceló la operación.

Los expertos vinieron después del desastre y con la instalación de antenas se conoció al instante el comportamiento del volcán.

Eso hubiera podido cambiar la historia de Armero”, dijo un habitante que perdió a su familia.

En una escala de 0 a ocho, la erupción que ocasionó la tragedia tuvo un índice de explosividad volcánica de tres, o sea, una escala inferior por lo que muchos afirman que el problema no fue la erupción sino “la mala ubicación de Armero, que estaba en la ribera del río Lagunilla.

El electo alcalde de Ibagué y exconcejal de Armero, Guillermo Alfonso Jaramillo, quien para esa fecha era representante a la Cámara por Tolima, considera que “la responsabilidad de ese desastre la tuvo el gobierno nacional”.

El dirigente recordó que, con el congresista caldense Hernando Arango Monedero, citaron a cuatro ministros a una sesión del Congreso de la República para exponer los riesgos “por una eminente” erupción del Ruiz.

El debate lo hicieron en septiembre de 1985, unos 60 días antes de la avalancha. Basados en un estudio de Ingeominas los congresistas hablaron de lo que podía suceder en Armero.

Afirmamos que Armero iba a desaparecer y lo sensato era evacuar a toda la población”, afirmó Jaramillo, y agregó que “el gobierno no nos puso cuidado, no pararon bolas, por el contrario, fuimos llamados Los Jinetes del Apocalipsis”.

Jaramillo se salvó porque el día del desastre, cuando debía cumplir una reunión política con la comunidad del barrio El Dólar, de Armero, optó por cancelar ese encuentro y viajó a Bogotá a cumplir una reunión en la plenaria del Congreso.

Foto: Archivo Colprensa

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Exceso de confianza. Esa es otra respuesta a tantos interrogantes y así lo plantea Orlando Lozada, un ciudadano que perdió a 80 familiares y se dedica a vender CD de la tragedia a la orilla de la carretera, junto a las ruinas.

A todos nos mató la confianza”, asegura este tolimense, de 53 años, quien recuerda que la caída de cenizas desde las tres de la tarde, que cubrió techos, calles y carros, fue un síntoma evidente de lo que pasaría.

Gustavo Prada, director de la Corporación Casa Armerita, que tiene más de 5.000 afiliados, recordó que pese a que esta tragedia no tuvo responsables, en 1991 el Tribunal Administrativo del Tolima falló una demanda instaurada por algunos sobrevivientes que perdieron a sus padres.

Hoy el volcán es inestable y en esa montaña nacen los ríos Gualí, Recio, Lagunilla y Azufrado. Lo vigila el Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Manizales con tecnología de punta los 365 días del año y las 24 horas del día con equipos que permiten conocer los cambios y la deformación volcánica en todos sus procesos.

Cada uno de sus cambios es seguido de manera milimétrica y en milésimas de segundos para no perder la pista del magma o lava cuando sale a la superficie, que es el combustible que hace que un volcán esté vivo.

El monitoreo, en manos de equipos de geólogos, fotógrafos e ingenieros, es continuo y al detectar un cambio al instante se implementan los dispositivos de respuesta o se alerta a los sistemas de alertas y organismos de socorro.

En la superficie hay sensores acústicos o cámaras térmicas para medir su temperatura y toda el área cuenta con cámaras web que permiten observar los gases, vapor y todo lo que pasa en el cráter Arenas.

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