Así opera un concejal

Imagen de referencia.

La corrupción en la política que los electores tienen el poder de cambiar.

Un concejal vota para elegir alcalde, personero y/o contralor, pero primero les ha sacado dinero a los candidatos, o los ha comprometido para que una vez en el cargo le den cupo en contratos y puestos. Como ejemplo de lo anterior se supo que el contralor Ariel Medina les pagó en efectivo a los concejales para que no le pidieran puestos y el ‘fiscalizador’ pudiera poner cuotas de su resorte en lo que le resta del periodo.

Un concejal pasa todos los meses, o envía a familiares cercanos y/o cónyuges, para recoger el ‘tributo’ que deben pagar contratistas y funcionarios nombrados. Nada del 10 ni el 15 %, ¡en algunos casos se llevan hasta la mitad y hasta más de lo devengado por sus recomendados!

Un concejal utiliza a sus ‘cuotas’ en las diversas entidades para que le realicen actividades que no están en ningún manual de funciones: pagar los servicios públicos, hacer el mercado, servir de niñera, y hasta para espiar a su pareja, no vaya a ser que se le tuerza con las tentaciones propias de la vida mundana.

Un concejal no tiene ‘llenadero’.

Un concejal no hace favores gratis. Siempre espera que se le retribuya en alguna forma: con favores sexuales, el voto, una reunión en víspera de elecciones, o cualquier tipo de ofrenda que satisfaga a este ‘reyezuelo’.

Un concejal trafica con cupos para el Sisbén, subsidios de vivienda, citas prioritarias, camas de hospital, plazas para pasantes y diligencias que son gratuitas en los consultorios jurídicos. También conseguirá donaciones de otros que hará pasar como propias. Pedirá el pago del favor a los incautos en las próximas elecciones.

Un concejal recorre de ida y vuelta, todos los días, la vía de acceso al Ibal, pero seguro no va a gestionar el acueducto para su barrio, sino a llevar hojas de vida o a negociar votos en acuerdos. Lo mismo podría predicarse de su visita a otras entidades e institutos descentralizados.

Un concejal tiene ‘fuero’ especial y no está obligado a pagar impuestos, ni sus familiares a trabajar como emprendedores, así sea en la venta de arepas o tamales. Para ello, se les coloca en entidades públicas con mullidos contratos. Mejor que sea fuera de la ciudad o en la Gobernación, para que el cruce de favores no se note y se puedan mantener las apariencias. También se usan prestanombres o actividades ficticias como el turismo o el alquiler de fincas para esconder bienes y recursos malhabidos.

Un concejal se abraza con el alcalde y/o funcionario de turno, cuando le ha llenado el estómago, pero como no se sacian y siempre quieren más, comienzan a presionar, extorsionar, llamémoslo más claramente, a estos servidores para que le den más juego. Primero tenderá puentes, personas que llevan razones en voz baja, y luego utilizará a periodistas y medios, pagos o no, para que públicamente se amplifique su descontento. Muchos terminan doblegándose.

Un concejal citará a debates, encenderá los ánimos con discursos veintejulieros y se mostrará como garante de la moralidad pública para darle visos de legalidad a la extorsión a la que somete a alcaldes, funcionarios, contralores, personeros y demás.

Un concejal espera que el Ejecutivo radique los proyectos de acuerdo y luego buscará a los funcionarios y al alcalde, para preguntar: “¿y qué hay para mí? ¿Cómo es la vuelta?”.

Un concejal da y recibe clases de ética en la Academia, pero llega a delinquir de frente a la Corporación. Solo o acompañado. Da igual. Eso de la ética que se quede en la letra muerta de los libros de filosofía.

Un concejal llega a la Corporación precedido por el comentario de vecinos de barrio quienes dicen “voté por el doctor porque me pavimentó la vía , o le dio contrato a mi hijo en el Ibal”. Para la gente de a pie no es claro, pero se aplica el principio que llamamos ‘la puerta giratoria’, donde funcionarios renuncian año y medio antes de las elecciones, para no inhabilitarse. Es decir, que mientras calentaron asiento en la burocracia pensaban con astucia en las próximas elecciones y no en las próximas generaciones.

Son los vicios que podrían erradicarse con la frustrada Consulta Anticorrupción o si ejerces de manera consciente e informada el voto en las próximas elecciones. Acabar con este cáncer está en tus manos. Puedes romper con el ciclo, así te paguen o tengas a tus familiares con miras a contratar y con puesto prometido o asegurado. El cambio en el modo de ejercer la política no es algo lejano, ni una tarea imposible de realizar.

*Este es un editorial del director A la luz Pública.

1 comment

  1. Mario Andres Lopez

    Ya lo estamos haciendo.Ya quemamos al SENADO:Carlos Edward Osorio,Rosmery Martinez y Olga B.Ahora falta a los CONCEJALES ARRODILLADOS DE GUILLERMO ALFONSO JARAMILLO.

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