Bienvenidos a Candyland

Luis Carlos Rojas García

“- ¿Te gusta ser cazarrecompensas? – ¿Matar blancos y que te paguen? ¿A quién no?”, (Diálogo de ‘Django desencadenado’). 

Tarantino sigue siendo uno de mis directores favoritos. Su genialidad no tiene comparación. La creación de sus mundos es fantástica y podría, sin duda, dedicar columnas enteras a analizar sus películas, pero, esta no es una columna sobre Quentin Tarantino, aunque las cosas que suceden en nuestras sociedades parecieran salidas de la mente del director en mención, aunque ya todos sabemos que la realidad supera siempre a la ficción, como muestra de ello tenemos el reciente caso en los Estados Unidos, la tierra del Ku Klux Klan, en donde un oficial de la Policía asesinó cruelmente a un hombre de color. Como quien dice, el Ku Klux Klan no ha muerto, solo cambió de uniforme.

Por supuesto, y aunque suene cruel, nada de esto es nuevo; y no es nada nuevo porque eso de asesinar personas por su color, su raza, su sexo, sus ojos pequeños o, incluso, por ver qué cara hacen mientras los están matando, se ha implementado desde hace ya mucho tiempo.

Sin embargo, las redes sociales siguen siendo las verdaderas protagonistas hoy en día y no cabe duda que hacen su trabajo, bien sea el de informar o desinformar. De ahí que veamos a más de un indignado por el caso de George Floyd, el cual, es lamentable en extremo, cruel, sanguinario, brutal, pero, bastante particular por la reacción de la gente que se sigue indignando solo en ciertos casos; nada más en Colombia la brutalidad policial no tiene límites, y si vamos a otros países la cosa es igual o peor y así sucesivamente alrededor del mundo.

Pero, esta vez el hecho ocurrió en el país gringo y, por alguna razón, da la impresión que aquí si vale la pena indignarse, más que si ese mismo hecho hubiese acontecido en Siria, China o en algún otro lugar, entre ellos Colombia. Claro está, reitero, no deja de ser reprochable, así como cualquier acto en contra de la vida de un niño, adulto o anciano, pero: ¿Hasta cuándo vamos a seguir con estas indignaciones clasificadas? ¿Por qué tenemos que mostrarnos dolidos por unos y no por los otros o por todos? ¿Hasta cuándo se apoyará y se hará parte ese sensacionalismo estúpido que hoy pone a marchar a más de uno, aun sabiendo que mañana esos mismos habrán olvidado su protesta ya que habrá otra noticia de momento?

El comportamiento farandulero, que no es solo cosa de la gente de nuestra tierra, es uno de los grandes problemas que tenemos en todo el mundo. Pareciera que somos parte de un reality show en donde un asesinato, un virus, la destrucción del planeta, el maltrato a los animales o un acto de corrupción no es más que eso, un espectáculo, uno bastante grotesco, pero espectáculo, al fin y al cabo.

¿Será entonces que la mejor solución a todo este cuento de racismo y abusos de todo tipo, es sentarnos a esperar una película de Tarantino en donde su protagonista aparece y pone a todos en su sitio? Lo veremos hacer justicia por su cuenta y sentiremos emoción cuando acabe a balazos  y explosivos con el último de los malos, el mismo que tirado en el suelo le gritará con desespero:

“Sabes que no te saldrás con la tuya, Django. Van a coger tu culo negro, tu cartel será clavado en un poste, negro, y te buscarán los cazadores de recompensas. Podrás correr, negro, pero encontrarán tu maldito culo. Y cuando lo hagan, te juego lo que quieras, y seguro que ganaré, ¡van a matarte, negro! Estás jodido… ¡Estás en Candyland, negro! No puedes destruir Candyland. Hemos estado aquí por mucho tiempo, y no podrás vencer a Candyland. Un negro pistolero no podrá matar a todos los blancos… ¡Django…! Eres un maldito hijo de puta”.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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