Calladitos nos vemos más bonitos

Luis Carlos Rojas García.

Nos siguen metiendo los dedos y otras cosas a la boca. Uno quisiera escribir sobre asuntos amables; sin embargo, la situación en el país día tras día es más desconcertante. A través de leyes y “articulitos”, los mismos de siempre, los que ya no tienen a quién echarle la culpa de sus fechorías, nos quieren callar, anhelan relegarnos al punto que no podamos ni siquiera respirar. No obstante, lo más preocupante de todo esto, es ver cómo cientos de compatriotas, propios y extraños, les siguen el juego.

No es raro ver al familiar, al amigo o compañero, al vecino o desconocido, vociferando en contra de quienes no estamos de acuerdo con las pantomimas que se inventan para mantener a la gente entretenida. Cositas como: conciertos, vestidos, declaraciones, vídeos sin audios y mucho, mucho más, hacen que cositas como la muerte de los ríos, los asesinatos, las investigaciones y mucho, mucho más, vayan quedando en el olvido.

Aun así, cuando nos atrevemos a levantar nuestra voz de protesta nos caen enciman, nos manda a callar, porque este es el país de: “calladitos se ven más bonitos”, so pena de terminar la amistad, la relación matrimonial o familiar y, en el peor de casos, silenciado por toda la eternidad.

Es sorprendente, realmente es sorprendente contemplar la manera como recibo mensajes en donde me dicen que no debo criticar ni publicar nada del gobierno actual, que me la van a cobrar más adelante, que me van a vetar, que no voy a poder conseguir trabajo o, que me toca declararme uribista si quiero trabajar. Sin dejar de lado por supuesto las amenazas con las supuestas leyes que buscan frenar los comentarios en las redes sociales; leyes que, según sus creadores, solo quieren ayudar a preservar el buen nombre, pero ¡Qué va! Uno sabe que cada ley que sacan los de antes y los de ahora, solo buscan corromper y maquillar.

No obstante, muchos de nosotros nacimos para no callarnos, para no tragar entero, para no pecar por omisión, para decir que no estamos de acuerdo con las injusticias y la desigualdad, que no le apostamos a la corrupción o a la guerra como forma de vida, aunque eso signifique que en cualquier momento nos puedan silenciar.

Así es, gracias a la protesta no hemos sido consumidos en la miseria que los de arriba nos han intentado imponer desde siempre. Muestra de esa resistencia son las marchas, son los gritos de la gente quienes levantan sus banderas y expulsan al corrupto en su llegada, es la protesta de los estudiantes que salen a defender sus derechos y la de los suyos, es el maestro que invita a sus estudiantes a pensar. Muestra de toda esta lucha por no dejarnos opacar, son estas letras y los vídeos con evidencias de los atropellos que sufren las poblaciones, son las canciones, las de antes y algunas de ahora, que buscan con todas sus fuerzas hacernos recordar que:

“Si se calla el cantor, calla la vida, porque la vida, la vida misma es todo un canto”.

Y aunque no seamos cantantes, no podemos dejar de cantar al unísono para que esta voz retumbe sin importar que algunos la quieran callar.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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