“Camine padrecito…ya qué vamos a hacer”

Miguel Salavarrieta

“Camine padrecito…ya qué vamos a hacer”, fueron las palabras de “Mano de Ñeque” aquella tarde del 10 de abril de 1948, en Armero (Tolima), cuando entregó al cura del pueblo para su sacrificio a manos de la enardecida multitud que deseaba vengar la muerte de su líder político, consumándose así uno de los más grande sacrilegios de la fe católica en territorio colombiano, el macabro asesinato del presbítero Pedro María Ramírez Ramos, hoy camino a la beatificación, aunque algunos sostienen que fue un crimen político.

La vida, obra y milagros del beato cuenta con varios biógrafos. De otra parte los acontecimientos del mes de abril de 1948 en la desaparecida Ciudad Blanca de Colombia, han sido estudiados independientemente por juiciosos investigadores, pero la tragedia natural del 13 de noviembre de 1985 que arrasó la población y dejó más de 20.000 muertos, agregó otro atractivo ingrediente que atrajo la atención de historiadores, filósofos, sociólogos, antropólogos y teólogos, entre otros, quienes han plasmado en diversas obras sus dedicados estudios.

A esta interesante bibliografía se suma cualquier cantidad de relatos basados en las creencias, la fantasía, la invención, la especulación, la tergiversación, la incertidumbre, la superstición, la casualidad y causalidad de estos dos grandes acontecimientos que estremecieron al país. Quizás, en los relatos, se aplica la misma similitud y dinámica del origen y desenlace de esas interminables horas de zozobra y dolor tanto en 1948 como en 1985.

Todas las leyendas parten de la supuesta maldición que lanzó el padre Ramírez sobre Armero, “hecha realidad” 37 años después, en esa fatídica noche del 13 de noviembre de 1985 cuando Armero y sus 20.000 almas desaparecieron de la faz de la tierra.

A la maldición se le agregan todas las atrocidades “de oídas” que circulan, unas comprobadas documentalmente y otras siguen siendo producto de la imaginación, pero unas y otras, según la explicación popular captada en los relatos, fueron las causantes de la tragedia del 13 de noviembre, por la maldición y por la similitud en los 2 acontecimientos, en otros términos se aplicó la conocida ley del Talión del “ojo por ojo y diente por diente”, donde se impone a la persona que ha causado un daño la pena de sufrir el mismo daño ocasionado, o sea que lo mismo que le hicieron al cura en 1948, lo vivieron o “lo pagaron” las víctimas de la catástrofe de 1985. Es más, en la “maldición hecha realidad”, la naturaleza fue benévola con quienes mostraron bondad con el cura y que incluso la tierra santa donde depositaron su cuerpo quedó intacta.

Se relata que el cuerpo del cura fue arrastrado por las calles de Armero, que además fue decapitado y con su cabeza jugaron futbol, que en una volqueta fue paseado por el pueblo en señal de crucifixión y que desde el mismo automotor fue lanzado como un “fardo” a una cuneta frente al cementerio para ser amontonado con otros. Que consumados los hechos cayó un torrencial aguacero que bañó y purificó su cuerpo, para que luego unas bondadosas prostitutas lo sepultaran desnudo y sin cajón, ya que sus victimarios le habían quitado sus prendas religiosas porque los curas enterrados con sotana asustan.

37 años después la maldición se hace efectiva, las calles de Armero fueron arrasadas como fue arrastrado el cura, sus víctimas desnudas fueron amontonadas y enterradas desnudas en fosas comunes, y una lluvia de ceniza y luego de agua atormentó a las víctimas, mientras que las prostitutas por su buena acción del pasado resultaron ilesas en su zona de tolerancia y al campo santo no asomó el lodo.

Aunque poco a poco la explicación científica sobre las causas del desastre de 1985 ha ido ganando espacio, aún los relatos, las leyendas siguen teniendo alguna credibilidad.

Hay dos pruebas documentales históricas valiosas que demuestran que no hubo maldición, uno es el expediente del Consejo de Guerra que se le siguió a las implicados, en donde uno de los declarantes, folio 49, señala que “Leal (Mano de Ñeque) encontró al cura escondido detrás de una piedra, le salió con una pistola pero Leal reaccionó pronto, a lo que el cura se le humilló” y más adelante (folio 53) indica que el sacerdote exclamó: ‘maestro favorézcame, que me matan’ y al folio 69, se destaca que el padre pidió clemencia: ‘yo soy inocente de todo…Perdóname, que soy inocente’. Lo que demuestra que el sacerdote no estaba en posición de proferir amenazas. El otro documento es el escrito del padre Ramírez que a manera de testamento, escribió: ‘de mi parte, deseo morir por Cristo y su fe. Al excelentísimo señor obispo mi inmensa gratitud porque sin merecerlo me hizo ministro del Altísimo, sacerdote de Dios y párroco hoy del pueblo de Armero, por quien quiero derramar mi sangre’”.

Del expediente, fuente de consulta de investigadores, que se inició en la alcaldía de Armero el 19 de abril de 1948 y que por competencia pasó a la Brigada de Institutos Militares, en donde en Consejo de Guerra, podemos decir que aún la justicia, por parte de algunos, se sigue aplicando de la misma manera, ya que de unos hechos donde participaron más de 1.000 personas, según los testimonios, solo cuatro “chivos expiatorios” fueron condenados por el asesinato con penas superiores a los 20 años, mientras que a otros dos se les halló responsables por los delitos de asonada y daño en cosa ajena.

Mientras que para el próximo ocho de septiembre está anunciada la beatificación de Pedro María Ramírez Ramos por parte del Papa Francisco, hay voces recientes que señalan al Venerable como mártir del partido Conservador, no de la iglesia católica, indicando que este fue un asesinato político, si censurable, pero no un crimen por la fe católica y que de paso le hicieron un gol al Papa. Ante esto me acojo a la sentencia del catecismo del padre Astete: “doctores tiene la Santa Madre Iglesia que os sabrán responder” y les dejo la exclamación de uno de los victimarios ante el cadáver del Padre Pedro María y viendo su machete: “jueputa…es sangre de cura”.

Por: Miguel Salavarrieta Marín, periodista independiente.

2 comments

  1. Lo unico cierto es que no fue un martir y de paso, gol o no gol al Papa argentino, se puede notar en la entrevista que el noticiero de la Voz del Tolima hizo en la semana del 21 al 26 a un antiguo cura Fabian Marulanda: en 10 minutos de entrevista no mencionó una vez a Bergoglio, solo atinaba al cuestionado Woyctila y su llegada publicitaria a Armero. De Francisco solo hizo alusion indirecta al avisarnos que el argentino no venia a tomar posicion politica por la Paz, como si eso fuera un pecado. De ese mismo pensamiento eran los curas ultragodos en la primer mitad dle siglo XX.

  2. Gomas

    Pero que cuento tan reforzado y superficial del señor Salavarrieta, no se lo cree ni el mismo. Ahora con la venida del papa Francisco se armaron toda clase de cuentos no historia, repito son cuentos para beneficios de algunos particulares, he escuchado mejores durante lo que llevo de vida, a través de mi familia y paisanos.

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