Candidatos a la Alcaldía de Ibagué: “hay que ir a los barrios”

 

Aspirantes deben conocer la realidad del ciudadano de a pie.

A razón de uno o varios por semana, se están conociendo los nombres de dirigentes, con o sin experiencia, que aspiran a llegar a la Alcaldía de Ibagué en los comicios de 2019.

Nombres como Andrés Hurtado, Jaime Eduardo Reyes, Emmanuel Arango, Alfredo Bocanegra, Jorge Bolívar, Renzo García, Camilo Delgado, están en el sonajero de candidatos.

El último nombre que se escuchó: Andrés Sierra, el joven empresario y quien en los últimos años ha cosechado fortuna en empresas propias o en firmas como León Gráficas (siendo socio del propietario de esta), o como proveedor y contratista de entidades como Comfenalco, la Gobernación del Tolima, o la misma Alcaldía de Ibagué.

Todas estas aspiraciones son legítimas e incluso si se presentan más, son sanas en el libre ejercicio de la democracia y el libre ejercicio de la nominación a cargos de elección popular.

Lo que quizá queremos hacer notar, es que algunas o todas las candidaturas que hasta ahora se hacen notar, no vienen de una expresión popular, de un movimiento ciudadano sin intereses, sino de partidos, grupos políticos ya establecidos, camarillas, gremios económicos y sectores empresariales, interesados en mantener sus cuotas de poder o incluso de acrecentarlas con sus intenciones electorales.

Vale recordar la confesión realizada hace pocos meses por el alcalde Guillermo Alfonso Jaramillo, en el sentido que su candidatura de 2015 no vino ni siquiera aupada por grupos de opinión, o ni siquiera su propia convicción, sino que le fue propuesta en un primer momento por la Junta Directiva del periódico El Nuevo Día, conformada en esa época por veteranos empresarios y dirigentes gremiales de la ciudad.

Ibagué, con sus múltiples dinámicas y escenarios, no es un modelo que se pueda generalizar y aunque hasta ahora se le haya dirigido desde el Club Campestre, los gremios en una tenaza con los partidos políticos y otros grupos de poder, hay que tener en cuenta que conforme se camina de una calle a otra, los escenarios son otros, y la realidad, y las soluciones al ciudadano del común, no dan espera.

Nada más hay que ver que a pocos pasos de la Alcaldía de Ibagué, los ‘nadies’ almuerzan con dos mil pesos un platico de frijoles con arroz y algo de garra de res o cerdo. Igual situación se repite en las plazas, o en el parque Galarza. O los que piden que los lleven por mil pesos, o a veces por monedas, en los buses de transporte urbano,

No hay que ir a Venezuela, como decía el Centro Democrático en la campaña presidencial, para palpar la pobreza colombiana: dense un paseo por los barrios de invasión cercanos a la Variante en los que decenas de residentes se apiñan en casas de materiales endebles, cuyas bases son !palos de guadua¡, y donde a fuerza de robar algo que nadie les da, tienen agua, energía eléctrica y otras comodidades mundanas. Ni hablar de la insatisfacción de las mínimas necesidades básicas o la cobertura del mínimo vital para subsistir. Lo mismo ocurre en diversos sectores de Ibagué.

Vean las caras de niños y ancianos, algunas maltrechas por la enfermedad, que se consumen en Medimás, la Nueva EPS y otras antesalas de la muerte, donde no los atienden, o les dan citas prioritarias para dentro de seis meses.

Bien lo señala una hermana de Andrés Sierra quien llamó a este a “bajarse del Mercedes“, y untarse de pueblo, conocer la realidad ibaguereña antes que pensar en la incursión, de frente y sin dudarlo, en los vericuetos de la actividad política, y más aún, en la complejidad de la administración pública en una ciudad como Ibagué, con finanzas maltrechas, atraso en vías, poca conectividad vial y digital, deficiente empuje empresarial, desempleo de dos dígitos, avaricia desmedida de políticos y particulares, inseguridad, y una total insatisfacción en la cobertura de servicios públicos.

También hay que pensar que los candidatos deben tener una experiencia en lo público, empezar por una JAL, un Concejo, incluso en una secretaría o instituto descentralizado, para así empaparse de lo público. No es lo mismo oficiar de gerente de una empresa privada que estar a cargo de las finanzas de un municipio, con las complejidades y problemáticas propias de Ibagué. No es lo mismo contratar que otorgar una licitación o ser garante de la moralidad pública. Aunque acá se revuelven los papeles y desde hace rato que las licitaciones y millonarias adiciones se otorgan en un amañado “yo con yo”, entre funcionarios y contratistas.

No creo en las candidaturas que se arman en esos grupos. Creo que los candidatos deberían ir a los barrios, sentir el clamor popular. De allí es que debe salir un candidato, que en realidad entienda las dinámicas, de por sí complejas en Ibagué”, le refirió a este medio un analista político que prefiere la reserva de su nombre.

Un consejo que quizá deben tomar en cuenta los actuales y futuros candidatos a cargos de elección popular en la contienda política que se avecina, en el remate de 2018 y los comienzos de 2019.

*Este es un editorial del director de A la luz Pública.

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