Ciudad de la furia o ¿ciudad capital 7 p.m.?

 

Catedral de Ibagué

Voy rumbo al apartacho a descansar –entre comillas- y soy el testigo muro del momento cumbre en el que comienza a morir el día. Los gatos se van tornando pardos aunque no tanto como en el fin de semana. Un adolescente finaliza clases de un afamado colegio con énfasis ambiental y deja un par de botellas plásticas en el suelo frente a un poste, el bus lo va a dejar. Me hago el pendejo como si no lo fuera y miro al otro lado de la avenida. Veo a las personas más desinformadas que pueden existir, dice en un t-shirt que llevan, en la parte de adelante “logística” y por detrás “pregúnteme, estoy para servirle”.

En especial a esta hora (7 p.m.) hay que estar haciendo la cara más agraria que de costumbre (que lo normal) para tratar de enviar el mensaje a los ladrones de los ajeno de “no se meta conmigo que soy una mierda y si me roba lo jodo, lo chuzo, etc”. A veces la práctica sirve, no obstante sabemos que a un man que se roba un celu para comprar un par de bichas no lo alcanza ni Usain Bolt.

Por toda la avenida principal se topa uno en el momento en que fallece el día a muchas parejas que aún creen en el amor (lo cual es buenísimo) o al menos se chupetean en la calle ante nuestra mirada recurrente y la de otros cuantos que las miran ¡que se los tragan!, de seguro por cuenta de la envidia. Hago la parada obligatoria en la tienda de Don Mario, me dice que la situa esta pesadísima, que las grandes superficies de supermercados que llegan a la ciudad están haciendo que las tiendas cierren y hasta me chismosea que llegaron dos tipos con pintas de millonarios en unos carros de alta gama a quienes les escucho, información obtenida de una fuente de alta fidelidad como decía el insigne periodista, que decían que la selección Colombia se había vendido, aparte del árbitro norteamericano al que un país entero le cantó mil veces en español el: son of a bitch-. Me le gotereé a Don Mario una Pony Malta y un gala, me despedí y le deseé lo me mejor. Justo en ese momento llegaba el tercer o cuarto cobrador “gota a gota” del día. Trato de concentrarme en mi camino a casa y evito estar más pendiente del prójimo, ese mismo que va a cubrir su dolor y pena, la tusa que tiene por haber sido eliminados del mundial con otro medicamento: el tour de Francia. Muy de seguro si no lo ganamos con Nairo o con Rigo, aparecerá otro medicamento en el panorama sacado del botiquín que tiene por nombre: Pan y circo.

Por: Luis Carlos Avendaño López, docente.

Deja un comentario