¿Co(a)rtolima?: el comienzo del fin de un discurso

El que se tenga públicamente que explicar actuaciones administrativas (las que jurídicamente deben explicarse por sí solas) por el director de la CAR local, ya es un logro de la prensa regional y de la Internet hasta hoy libre, que no de un imprudente y diletante alcalde o de un gobernador, que convenientemente mira hacia otro lado.

El discurso ambientalista – que desde los 90 y más recalcitrantemente desde las dos décadas de este siglo – se ha usado a diario para erigirse en “autoridad”, frente a lo que debió ser una multidisciplinaria gesta de acciones públicas (con participación de la comunidad, que no de sus gobernantes o políticos) en la salvaguarda de las fuentes de agua y de los nicho ecológicos que aún poseen la ciudad y los 46 municipios del departamento, pudiera estar llegando a su fin, por sí solo.

Menos de una decena de directores en estas casi tres décadas, todos elegidos por la mancorna politiquería en turno liberal-conservadora, solo ha permitido que el discurso trasmute a la única razón de ser de la CAR tolimense: el entregar herramientas y conocimientos técnicos y científicos a una comunidad (de una cuenca, de una ladrillera, de una ladera, de un acueducto comunitario, de una minería artesanal, de una pequeña industria, etc.), antes que criminalizarlos.

Pero el discurso es solo eso: la criminalización del delito ambiental. El burdo invento de un arma más del control social a las comunidades, nacido de años de bipartidismo al cual le cayó como anillo al dedo la legislación (penalización) discursiva ambientalista descontextualizada (o contextualizada a conveniencia) de la Cumbre de Rio y de los albores del Foro Social Mundial.

Si no es así, entonces, por ejemplo ¿Dónde está la propia evaluación científica en estos 30 años en el seguimiento satelital e in situ a las cuencas hidrográficas tolimenses realizada por la propia CAR con sus cientos de empleados y contratistas? ¿A dónde la evaluación científica a aguas y suelos por sus empleados y contratistas en estos 30 años, con la diaria acumulación de residuos (trazas) de herbicidas, plaguicidas, antibióticos y ahora nano pesticidas, junto a sus empaques, devenidos de la histórica producción de café, de arroz, pastos, avicultura y ganado bovino, para citar lo más rentable?

Al punto que a la CAR tolimense del discurso ni siquiera le queda un laboratorio propio de suelos y de aguas, que debería ser lo mínimo, antes de criminalizar.

¿Y de los científicos? la cantera está a solo menos de un kilómetro de su sede: la Universidad del Tolima, con ingenieros agrónomos, forestales y veterinarios que imbuidos en hacer ciencia, no participaron de la férula de corrupción del médico rector o de su reemplazo, el inane matemático o de la actual ultraderecha que hace fiestas sobre las ruinas dejadas por estos.

Ah, pero se replicará entonces que la legislación del servicio civil exige doctores o al menos posgraduados. Pues también eso es a criterio de quien dirige la CAR, y quien dirige ha de saber que el mercado persa de las maestrías nacionales o extranjeras, no produce conocimiento científico, produce nóminas.

Pero el meollo está en eso: ¿quién dirige a la CAR tolimense?

Los políticos, sin duda. Y ellos son los que han decidido y deciden quién trabaja en la CAR y a que se dedicará.

Y esos políticos han sido y son mayoría en la junta de la CAR: alcaldes, representantes del gobierno, incluso voceros de ONG.

Y que se sepa los políticos no son científicos (menos los tolimenses o los que han llegado ‘cuaresmeramente’, pues entre otras solo condecoran peluqueros). Mucho menos recomendaran a estos o lo que estos puedan hacer. Lo explicó Platón, hace casi 23 siglos antes.

Luego, una CAR tolimense que dejó primar en 30 años por sobre el hecho científico al discurso (político) de lo ambiental, echando mano de la criminalización a diestra y siniestra, bajo el estado policivo creado desde César Gaviria.

Eso interpreta el por qué su actual director, tiene que salir hoy a explicarse, para la defensa de un tercero que es político, el cual tiene el suficiente dinero para contratar abogados que le defiendan ante la acusación de la Fiscalía.

A cambio, hubiésemos deseado verlo, por ejemplo, mostrando los 30 años de mapas e imágenes de seguimiento a las cuencas y al robo de sus áreas de retiro por terratenientes, constructores y empresarios del ecoturismo (para fortuna nuestra, algunas, como testimonio del debacle ambiental, hoy se les puede ver en Google Earth o en las hemerotecas de la U. del Tolima, de la Nacional o del “Agustín Codazzi”, incluso con más de 30 años de antigüedad).

Pero no lo hará ni este ni él o la que venga, porque al discurso de la CAR tolimense además de los políticos condecoradores y condecorados, ahora se le suman el dictado (orden, dicen por ahí) de estrofas desde las agencias internacionales de países como USA, Reino de los Países Bajos, India, China e Indonesia, por solo citar los últimos cocteles en la Alcaldía.

Solo para que tengan algo de memoria en la CAR tolimense: las cuencas, los páramos, las planicies y los valles, fueron conservados gratuitamente en 150 años por miles de campesinos tolimenses sin discurso alguno y sin más herramienta que un machete, desde que el Tolima fue un Estado federado. Otra cosa es que el latifundio (principalmente el político) y su herramienta los ejércitos privados y públicos, desde 1948, en algunos casos, les expulsaron (desterraron) para aumentar las áreas de café, arroz y ganadería. Igual sucedió con los acueductos Veredales o comunitarios, a los que antecesores políticos de consorcios como el Ibal o la Edat, o como estos, nunca les dieron siquiera para hacer un desarenador.

El discurso tiene un fin: convencer sobre lo real o lo virtual (que no irreal). 30 años de discurso no convencieron a nadie, sino a quienes se han lucrado de la tesis del maniqueísmo ambiental, sin orígenes históricos, sociales o económicos. Por eso usan la criminalización: para convencer, como alguna vez dijo Napoleón de una victoria a medias, en la cual solo se vence.

PD: Solo por curiosidad, señor director Cardoso: ¿Qué estudios hasta hoy le ha exigido a la mega inversión de la Agrópolis local, a sabiendas que se usará agua cargada de contaminantes para tierras de por sí ya contaminadas?

Por: Luis Orlando Ávila Hernández, ingeniero agrónomo, propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.

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