Colombia despierta

Imagen de referencia.

Columna de opinión.

Hoy desperté más colombiano que nunca. Hoy me siento orgullo de mi país, de la juventud que levanta su voz de protesta y se hace sentir frente a la crueldad de un gobierno corrupto y asesino que, de la manera más descara, hace de las suyas creyendo que son los amos y señores, los capataces que agreden sin que nadie les pueda decir nada.

Hoy más que nunca, siento y veo las enseñanzas de Garzón en cada corazón y cada cacerola que ha sonado fuerte en señal de protesta para decir: ¡Ya no más! Nos cansamos de ese discurso patético de “la guerra que necesitamos” porque Colombia, mi Colombia, su Colombia, no necesita más guerra, no necesita más niños asesinados, no necesita a presidentes ineptos como Iván Duque, no necesita a personajes siniestros y hambrientos de poder como Álvaro Uribe Vélez, no necesita más falsos positivos, ni huérfanos, ni gente mutilada, ni gente muriendo de hambre, ni hospitales y escuelas destruidas, no necesita que los chicos y chicas salgan a estudiar y no regresen a sus casas. En definitiva, Colombia y sus colombianos no necesitamos más excusas ni justificaciones de todas las acciones macabras que nos vienen empañando el alma y el corazón desde hace muchos años.

Para nuestra fortuna, ahora tenemos una visión más amplia de lo que realmente sucede. Sí, ahora que no están los narcos, ahora que la guerrilla ya no tiene ni la mitad del supuesto poder que tenía en otros tiempos, podemos ver quiénes son los verdaderos actores del conflicto y no son precisamente Coraima Torres, Mario Duarte, Vicente Luna y compañía, no, son los mismos de siempre, los mismos con las mismas, son los de arriba, los del gobierno, esos que cambian de máscara y de puesto, pero no de intenciones.

Ahora bien, los hechos recientes muestran claramente que Colombia, al igual que Chile, Francia y otros países que se han unido para protestar por los desmanes de los gobiernos, también puede. Por supuesto, nada justifica la violencia de las autoridades ni la de los manifestantes, pero, tampoco nada justifica ser cómplice del uribismo, entiéndase como esa tendencia política siniestra que tiene al país en el abismo. La muestra de cultura, la unión de las ciudades, la creatividad, la música y el ritmo, los mensajes de paz, incluso de muchos policías, son una muestra de una Colombia diferente, amable, soñadora y con ganas de cambiar la barbarie a la que hemos sido sometidos.

Por todo lo anterior y mucho, mucho más, es fundamental que Colombia despierta no pierda el impulso, que resista, que deje de tragar entero, que siga su protesta pacífica y, sobre todo, Colombia despierta no puede olvidar, como dijo el actor, que los gobernantes trabajan para el pueblo no el pueblo para ellos.

Por: Luis Carlos Rojas García, educador, cineasta, escritor.

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