Como ratones de laboratorio

Luis Carlos Rojas Garcìa, ‘Kaell García

Luis Carlos Rojas

Hace poco tuve la oportunidad de ver un documental titulado: “La conspiración del clip”. En él, se referían a las prácticas experimentales de los nazis quienes sin ningún reparo y frente a la mirada del mundo, realizaban todo tipo de experimentos con las personas que tenían secuestradas en sus campos de concentración. Sin lugar a dudas este capítulo marcó la historia de la humanidad en todo el sentido de la palabra, no sólo evidenció la maldad que puede albergar el hombre teniendo como ejemplo al mismísimo demonio bíblico encarnado en la piel de don Adolfo, quien indiscutiblemente no llegó al poder echando discursos motivadores, sino también demostró que para muchos el fin justifica los medios.

Lo anterior quiere decir que como suele suceder, detrás de la historia hay otra historia, es por ello que en medio de la crueldad, los nazis lograron cambiar el campo de las ciencias y son los responsables de muchos de los adelantos que hoy en día tenemos. Don Adolfo y su grupo por ejemplo, revolucionaron a los medios de comunicación, las técnicas y máquinas de guerra, bombas, productos de uso cotidiano como el jabón o la cinta entre otras cosas; por si fuera poco, le dieron la patadita de la buena suerte a los adelantos de la medicina. Por medio de sus despiadados experimentos con seres humanos, estos sujetos crearon vacunas y virus que hoy por hoy son utilizados en supuesto beneficio para la humanidad; además dejaron las bases para otros adelantos que se vieron luego de su caída cuando los Estados Unidos, como cosa rara, se apoderaron de toda esa información, incluyendo a los científicos que hacían parte de la maquinaria de terror.

Años más tarde, no tantos por supuesto, los gringos llegaron a la luna, lanzaron la bomba, se tomaron al mercado y a través de los centros comerciales fomentaron la actual cultura del consumo. Para ese entonces ya se hablaba de la medicina como negocio por excelencia. El mercado de los fármacos se expandió como virus y ya nadie volvió a preguntar por todas las vidas humanas que padecieron para entregar respuesta a un montón de interrogantes, los mismos que se desconocían hasta entonces; como quien dice, los Nazis hicieron el trabajo sucio de los que no se atrevían a hacerlo.

Los fármacos mientras tanto viajaron por todo el mundo, se convirtieron en la “solución” a miles de problemas, pero la realidad es que a unos los volvieron farmacodependientes y a otros inmunes a sus resultados, ya que todos ellos, lo que tienen de novedosos lo tienen de dañinos. Siempre hubo y habrá una razón para pedir más de lo mismo sin importar el costo, lo importante es creer en ellos y en sus eficaces resultados. Ahora bien, países como Colombia no han sido la excepción, por el contrario, con la aparición de las tristemente famosas EPS, otra maquinaria de terror encarga de experimentar con los incautos que corren a ellas a buscar la solución a sus problemas de salud, los fármacos toman un nuevo rostro, como siempre, jugando con la necesidad. No es cosa de archivos X el saber que en estos lugares formulan para una cosa pero automáticamente dañan la otra. Algunos médicos por ejemplo, como si se tratase de un juramento de vida o muerte, suelen, de vez en cuando, advertir sobre lo dañinos que son esos medicamentos, otros por su parte, lo hacen con la única intensión de que los usuarios compren medicinas en los laboratorios que les dan un dinerillo extra por cada venta.

Para ensombrecer el panorama en Colombia tenemos un nuevo dolor de cabeza que lógicamente no se va a curar ni con Ibuprofeno o Acetaminofén. Sobre el 2012, más o menos, el gobierno ordenó implementar, de manera masiva en los colegios, una vacuna a todas las niñas entre los 9 y 10 años para, supuestamente, contrarrestar al virus del Papiloma Humano que es el causante del cáncer de cuello uterino. Cervarix y Gardasil, son dos vacunas que han diseñado para combatir al VPH (Virus del Papiloma Humano). A grosso modo y teniendo en cuenta la información que se conoce a través de las páginas de medicina, estás vacunas se vienen trabajando desde 1980 y salen al mercado en el 2007 con firma gringa por supuesto. Sin embargo, nadie esperaba que se comenzara a hablar de efectos secundarios y nadie lo esperaba porque lo último que uno se imagina es que a nuestras niñas les apliquen una vacuna a manera de experimento que después resulte dañina todo porque es dizque nueva. Desde el 2013 el rumor sobre lo perjudicial de la vacuna viene creciendo, gracias a que un padre de familia denunció que su hija sufría de fuertes dolores de cabeza y otros malestares después de haberle administrado un par de dosis de la misma. El asunto es tan aterrador que ya se habla de efectos que van desde pérdida de la capacidad cognitiva hasta parálisis física, sin contar otros daños.

Como era de esperarse han sido pocos los medios que se han encargado de difundir con la seriedad del caso la noticia, mientras, siguen aplicando la vacuna. El gobierno por su parte y su ministerio de salud y de seguridad social no se pronuncian pese a que ya algunos científicos han salido a decir que se debe tener cuidado con esa vacuna que no se sabe si funciona o no y sobre todo que no se conoce a ciencia cierta si tiene efectos secundarios que a la hora de la verdad es lo más preocupante. Claro que en un país como este en donde el paro agrario, los problemas educativos, las desapariciones, los asesinatos, las multinacionales que nos arrebatan el agua y otras situaciones no existen, difícilmente puede uno tener claridad sobre lo que sucede. Por tal razón nada raro sería que nos estén utilizando y lo que es peor que utilicen a nuestros niños como ratones de laboratorio.

Por tal razón, no podemos confiarnos de todo lo que este gobierno nos quiera imponer y menos cuando se trata de la salud de nuestros pequeños y la nuestra. Hay ruido dijeron en algún medio, algo está sucediendo dijeron en otro, debemos estar prevenidos, es cierto que los campos de concentración modernos ahora vienen con adecuaciones lúdicas y recreativas, pero por encima de todo, está la vida de nuestros hijos.

Por: Luis Carlos Rojas García, Kaell, escritor.