No controles

Luis Carlos Avendaño

Luis Carlos Avendaño

Ante tanta situación irregular en el país del sagrado corazón, la  mayoría de colombianos, mejor “nos hacemos los huev…s” o “dejamos las cosas así” pa´ evitar chicharrones, como por ejemplo que le manden a uno al de la moto. 

Le da a uno piedra que haya tanta injusticia de todos los tamaños, pero de alguna manera entiende uno que, quien se atreva a ser justo –en todo el sentido de la palabra en LoCombia- termina en Los Remansos, es decir en un sanatorio, o frustrado, o lleno de enemigos o desplazado y en el peor de los casos: tres metros bajo tierra.  Casos como aquellos en los que la autoridad va a atrapar a los presuntos delincuentes en barrios populares y la comunidad se los impide son el pan diario. Claro que, también es cierto que el policía detiene al infractor de un delito, se le encarcela y el mismo sistema judicial –las cárceles en el país están retetiadas- suelta al presunto delincuente en cuestión de días, incluso horas.

¿Quién controla? Y aunque confieso que me fascina Michel Focault, creo que sí es conveniente un poco de control, para que no nos den en la cabeza de tantas formas variadas, algunas de ellas, “desconocidas para la mayoría de nosotros”.  Sotto voce entre taxistas ibaguereños, se rumora que solo una o dos bombas de gasolina –presuntamente- tienen la medida exacta y de hecho, he realizado el ejercicio y todo pareciera indicar que los amigos de la mancha amarilla tuviesen la razón. Repito, son mediciones empíricas y hablo sobre presunciones.

Por supuesto que, de alguna manera u otra, todos somos torcidos, si vamos al extremo de la moral y nos percatamos que compramos cedés chiveados, ropa de marca que no es original, compramos libros en la carrera Tercera de Ibagué  entre once y doce, nos pasamos semáforos en amarillo, nos colamos en la fila, etc, cosas de la malicia indígena nuestra.

Por supuesto esto es nada, a comparación de un personaje público al que le dan por ejemplo el poder habido y por haber para que haga lo que se le de la h.p. gana con una entidad pública –digamos un hospital-, lo saqueé por años y luego aparezca con un capital impresionante como  para montar prácticamente un centro comercial, por decir tan solo un ejemplo traído de los cabellos.

Ahora, qué me dicen ustedes de esa otra forma de tumbar a la gente con el cuento de ciertos medicamentos medio naturales, menjurjes, placebos  que curan enfermedades incurables, como el cáncer, la diabetes, el sida y hasta  el chisme, entre otros que hasta donde sé: no tienen cura.

¿Quién los controla?, ni Mandrake. A lo mejor, personajes que no son titulados en medicina dirán que ellos no obligan a nadie a que les compre. Lo cierto es que, todo pareciera indicar que el negocio es mejor que el del cripy (marihuana mentolada) pues tienen amplios espacios radiales y gente dando testimonios.

Claro que, si me hacen una buena oferta pa´ salir hablando bellezas de esos productos en la radio, con esta abundancia de escasez, hasta me le mido y le encimo una caricatura de la rana René que diría más o menos así: “a veces me dan ganas de ser honrado…me  acuerdo que tengo una mano de recibos por pagar ni el verraco sobre la mesa del comedor, entonces…se me pasa”.

Por: Luis Carlos Avendaño, docente caricaturista.