Corriendo por el puesto

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Gustavo Pérez

Ibagué sigue en la cúspide del desempleo. Cada vez que hacen el conteo, si no somos reina, somos virreina o al menos de primera princesa no bajamos. Es que conseguir trabajo en Ibagué es doblemente complicado, porque no solo hay que prepararse sino además conseguir padrino político: un tutor que haga carta de recomendación o ‘pegue la llamadita’ a dar el ’espaldarazo’ a ese insigne seguidor y pescador de voticos.

Por eso los profesionales de Ibagué deben o arrodillársele al político de turno para que les consigan un empleo de baja remuneración, o en el mejor de los casos, en algo que no fue lo que estudió, pero “en tiempo de guerra cualquier hueco es trinchera”- decía mi abuelo-”. Quienes no están de acuerdo prefieren irse a buscar futuro en otra ciudad, incluso otro país, dejando atrás su vida y su ciudad, y así sigue el éxodo, la masiva fuga de cerebros… y se nota que se han ido bastantes cerebros si vemos los que nos quedaron gobernando.

Entre otras cosas; ahora están de moda las carreras atléticas por cualquier motivo y las razones abundan: hace poco nos sorprendieron con una carrera de amor por Ibagué donde el amor costaba diez mil pesitos, en una ciudad de desempleados (pues bien dirían que vaya el que tenga plata y empleo, o alguna de las dos); y de nuevo a los 15 días otra por los heridos en combate a causa de las minas antipersonal, y así sucesivamente, lo que desestimula en nosotros el amor por las carreras y las ‘selfies’ que abundan en las redes sociales.

Por eso mi propuesta es una carrera para evitar que los profesionales se vayan de Ibagué, la llamaremos “Corre por tu puesto” y será apoteósica. Cobraremos 50 mil pesitos de inscripción (para estampillas y gastos de representación), miraremos si Edu Torres tiene otro diseño bien ‘mono’ para copiarle y eso baja costos, o en su defecto -como queremos tanto a Ibagué- buscaremos una empresa bogotana que nos haga la imagen.

El día de la carrera estarán los políticos saludando con sus sonrisas y abrazados con todos haciendo ‘selfies’, los competidores con su hoja de vida bajo el brazo se alistarán para correr por ese puesto soñado, Carlos Edward estará regalando rosas en la salida porque no está haciendo campaña sino dando un detallito, los del Mira alegarán porque un ‘mochito’ va a correr mientras la ‘papisa’ Piraquive amenazará con un castigo divino, y Luis H. no estará porque está en otra ciudad recibiendo un premio de innovación por unas cebras musicales que se pintaron hace dos años y que esta es la hora y no las ha pagado.

Darán la orden de salida, los hambrientos profesionales correrán como si en ello les fuera la vida mientras uno que otro político da empujoncitos a sus amigos -para que lleguen más rápido-. Los asistentes a la carrera animarán a los profesionales mientras corre el aguardiente y en la meta se agolparán los medios para tener la primicia y la instantánea del momento. Al final ganará un joven emprendedor con posgrado con el que todos se tomarán fotos y saldrá en los periódicos- Lo abrazarán, no faltará la selfie con el ganador que se retuiteará más que la de Ellen Degeneris y a la semana, como todo en Ibagué, no se hablará más del tema. El premio que era un empleo justamente remunerado no se entregará porque el ganador no tenía padrino y al llegar a reclamarlo resultará que el puestico se lo dieron ya a uno del partido de cierto senador centrado y democrático.

Pero eso no nos importará porque siempre nos quedarán las selfies con las figuras políticas de turno para chicanear en las redes, y para recordarles que somos sus seguidores cuando lleguemos a sus despachos con la hojita de vida debajo del brazo.

Por: Gustavo Pérez, psicólogo, aspirante a magister en Estudios y Gestión del desarrollo.