Cuando el periodista pierde su papel en la sociedad y actúa sin escrúpulos

Miguel Salavarrieta

Miguel Salavarrieta

El escándalo y debate suscitado por el video que revela en exclusiva un medio informativo en donde un oficial de la Policía y un exsenador de la República dialogan sobre su homosexualidad y ultiman detalles para un encuentro íntimo, publicación que supuestamente “constituye prueba” sobre la existencia de “la comunidad del anillo” es el campanazo más alarmante de los últimas semanas respecto a la necesidad que se tiene de reflexionar sobre la libertad de expresión y el verdadero papel que debe cumplir el periodista en la sociedad, porque si solo es una actividad económica más pues vamos bien, muy bien.

Esta publicación del audio que ha generado toda una tormenta de opiniones en su mayoría de rechazo al considerar que es una violación al derecho a la intimidad y por los daños morales y el sufrimiento que se deben haber generado a la familia del exsenador, un hombre casado y con hijos. Escuché el audio, la conversación se da en términos grotescos, nada románticos, en donde no se desata una sola palabra sobre la “comunidad del anillo” y los ya involucrados públicamente. Diría que no es realmente una conversación consentida por parte del exsenador, ya que se aprecia es a un hábil policía adelantando un “interrogatorio” e incitando al político a un encuentro íntimo.

Además es el oficial quién supuestamente en el 2008 graba esa charla que revela ocho años después. Independiente de los hechos, así sea material para una investigación periodística, ahora judicial, creo que la periodista se equivocó gravemente al difundirlo. El hecho obviamente es noticia y debía haber tenido su tratamiento, pero la difusión descarnada del video es lamentable, es mezquindad. Tal vez es el caso periodístico más escandaloso, porque son muchos y frecuentes. Por eso el llamado a la reflexión sobre la libertad de expresión y el papel del periodista, invitación que también se hace desde muchas partes. Y hago énfasis que hablo es de la persona, no de los medios, porque ellos cumplen un papel político y económico.

No es un secreto que el público no sigue a los medios sino a los periodistas, convertidos en referentes históricos y de recordación, en algunos casos con ribetes faranduleros. Tampoco es desconocido que los periodistas, en ejercicio o retirados, somos arrogantes, con la creencia de ser los más inteligentes, la verdad revelada y hasta los más patriotas y humanos. Estamos muy equivocados, revisemos y acojamos esa reciente cátedra de Daniel Coronell sobre “la sencilla tarea del reportero” publicada hace unos días en su columna en la revista Semana con motivo del Día del Periodista y creámosle de corazón al gran maestro Ryszard Kapuscinski: “creo que para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser un buen hombre, o una buena mujer: buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias. Y convertirse, inmediatamente, desde el primer momento, en parte de su destino”.

Por: Miguel Salavarrieta Marín, comunicador social, periodista.

Deja un comentario