Día del dibujante

 

Caricaturista

En nuestro país celebramos el día de todo el mundo. Nadie se queda por fuera, a lo mejor sólo falte incluir el día del campanero (el que le avisa al caco pa´ que no nos vayan a coger con las manos en la masa) o el día del fletero, o a lo mejor ya hasta se celebre el día del jibaro o del saca-micas, vaya uno a saber.

s así como –ahora sí: hablando seriamente- para Colombia se asignó el 4 de julio como el día del dibujante. Esto incluye, por supuesto a quienes nos movemos por los lados de la caricatura, aquella misma acerca de la cual el prestigioso Magister e investigador Óscar Iván Londoño Zapata dijera en La caricatura en los contextos escolares que “…sus propósitos o intencionalidades comunicativas son variadas: ridiculizar, ironizar, satirizar, entretener y criticar, entre otros” (Revista Facetas, de El Nuevo Día 29.09.13).

Hacer caricatura es apasionante. De manera algo ilusa, uno piensa que un mamarracho puede “cambiar el mundo”, pero al menos se hace un aporte mínimo para crear conciencia. Aunque supongo que cada caricaturista tiene sus propias intenciones, quienes dibujamos, usualmente lo hacemos por una necesidad innata de expresarnos ante tantas situaciones peculiares y paradójicas, muchas de ellas solo ocurren en nuestro contexto; a veces dibujamos con coraje, a veces con sed de justicia y otras veces por cuenta de amigos y conocidos quienes nos dan ideas acerca de chascos que les han sucedido.

Particularmente, para dibujar me inspiro bien temprano, en la mañana, pero también en el bus, o cuando surge una conversación interesante mientras de hace una cola de media hora para para pagar un recibo, o cuando en la tele o en la radio o en la web se sabe de una noticia de interés general o un hecho peculiar. Si uno –en mi caso, repito- tuviese el tiempo y el espacio, en un país tan maravilloso como complejo como lo es Colombia, bien podría hacer un promedio de 10 o más mamarrachos, pues aquí “pasa de todo y a la vez no pasa nada”, aquí, como dijo alguien, surge una noticia terrible y al poco tiempo pasa otra peor y así sucesivamente. Pero también pasan cosas únicas y espectaculares, que alegran el espíritu, tal es el caso del papel de la selección de fútbol en el mundial. Todo es posible en el país que Santiago Gamboa dijo que era el de la esquizofrenia.

En la caricatura hay rostros difíciles de hacer, no es como usualmente la gente piensa: “hágame la caricatura que usted sabe de eso y pa´ usted es fácil”. No resulta fácil en cuanto a mi concierne. Hace poco me tomó toda una jornada hacer el rostro de Jorge Barón. Hacer un rostro de César Gaviria, por ejemplo, es toda una locura.

Recuerdo jocosamente un amigo de mi padre que le decía a su esposa “mijita si su merced no habla se revienta”. Algo parecido pasa con la caricatura, es ella la que le pide a gritos a uno que le de vida, y aguantarse las ganas de dibujar es cosa brava. Los actuales mejores caricaturistas de Ibagué son ROMERO (Carlos Romero) de El Nuevo Día; y EVAR (Evaristo González Guzmán).

Otros excelentísimos –hablo de Ibagué- se encuentran vendiendo seguros, en la rama judicial, en el colegio Antonio Nariño, Fe y Alegría, en el colegio Tolimense, en la U. Tolima, en la CUN, en el Conservatorio del Tolima, etc.

A todos ellos, incluso a los que prefieren vivir en el anonimato: felicitaciones en su día. A todos ellos y a Luis K. hasta puede que en cierto grado se identifiquen con las declaraciones del dibujante Javier Mallarino –personaje ficticio- de la novela Las reputaciones de Juan Gabriel Vásquez: “los caricaturistas no esperan el aplauso de nadie, ni dibujan para conseguirlo: dibujan para molestar, para incomodar, para que los insulten. A mí me han insultado, me han amenazado, me han declarado persona non grata, me han prohibido la entrada a restaurantes, me han excomulgado. Y lo único que he hecho siempre, mi única respuesta a las quejas y a las agresiones, es así: las caricaturas pueden exagerar la realidad, pero no inventarla.”(p.41).

Por: Luis Carlos Avendaño López, docente, caricaturista.