Curules y lagartos

Nubia Russi

Bastante alboroto ha causado el hecho de revivir las 16 curules para las circunscripciones especiales de paz, localizadas en el mismo número de jurisdicciones y comunidades afectadas por la guerra.

Uno de los llamados requisitos para poder participar en esas posibles elecciones que asignaría un cupo en el Congreso de la República, es el hecho de estar en el registro único de víctimas; es decir, haber cumplido el proceso administrativo para ser declarado víctima.

¿Y los que nunca fueron a la unidad de víctimas a pedir mercados, no son víctimas?

¿Quienes pagaron y sostuvieron hostigados, amedrentados y amenazados una guerra que nunca pidieron para poderte vivir la escasa paz que debía garantizarle el Estado; pagando extorsiones, secuestros y perdieron sus bienes a causa de la guerra, tampoco lo son?

¿La clase media trabajadora, propietarios de minifundios, cultivadores que sufrieron secuestros y extorsiones de los grupos armados ilegales que mantuvieron el terror y la ignominia en las zonas rurales y nunca declararon esos hechos ante el Ministerio Público para ser calificados como víctimas, no lo son?

¿Las víctimas calificadas en la Fiscalía General de la Nación y que nunca surtieron ningún trámite administrativo en la Unidad de Víctimas, no son víctimas?

Ahora resulta que para ser víctimas hay que estar dentro de un proceso viciado, corrupto paquidérmico y absurdo que dice quién si o quién no.

Como si para ser víctima necesariamente tuviera que ser pobre desconocen entonces que esta guerra por las buenas la financió la clase media y por las malas también, impuestos cobraba el gobierno en la ciudad tal como lo hacían en las zonas rurales los grupos armados ilegales paramilitares y guerrilla se financiaron del pequeño comerciante y del dueño de cuatro vacas con la misma crueldad con que se tributaba en las ciudades.

En el Tolima se presenció el secuestro, extorsión y amenazas de grandes empresarios, líderes políticos, periodistas; desde dueños de emisoras hasta dueños de lechonerías, arroceros, textileros y comerciantes.

¿Ellos no son víctimas?

¿Cuándo se dejará esa fea costumbre del comparar la victimización con grados de pobreza y tener víctimas de unas clases y de otras? como si esta guerra no la hubiéramos financiado todos y hubiéramos todos puesto nuestra cuota de sufrimiento, sangre y dolor.

Ese desprecio que sienten unas víctimas por la condición de otras víctimas solamente crea brechas sociales insalvables que fomentan el resentimiento y la desigualdad y que genera grandes espacios de discriminación inconcebible e intolerable.

Eso sin contar con las más de 3.000 víctimas mortales de infracciones al Derecho Internacional Humanitario afectadas en su condición de miembros de la fuerza pública del Ejército y de la Policía Nacional

¿O tampoco son víctimas?

Al paso que vamos, hasta a los exiliados les han quitaran el derecho a existir jurídicamente.

¿Serán desconocidos en este maremágnum de repartidera populacha?

Esas curules no son otra cosa que ” perdones de curas”, como diría Andrés Caicedo, qué sirven literalmente para lo que sirven las tetillas de los hombres “de adorno” puesto que de cumplirse única y exclusivamente el requisito del registro único de víctimas fácilmente se entenderá que las personas que pretenden postularse no representan el conjunto universal de la victimización de la guerra que es lo que realmente se pretendería y sería equitativo en este caso de participación democrática.

Mientras el Centro Democrático adelanta la reforma a la ley de víctimas para declarar legítima la expropiación de millares de campesinos que tuvieron que vender sus parcelas a bajo precio, ya se hacen cábalas para empezar a llamar “doctor ” a los nuevos congresistas que no redactan ni un telegrama.

Amanecerá y veremos, dijo el cieguito.

Por: Nubia Flor Russi, defensora de Derechos Humanos.

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