De Galilea al Diálogo Social: el eclecticismo mil veces disfrazado

Caricatura de Ricardo Rendon, sin fecha, tomado de: http://confabulacion41-60.blogspot.com/2001/01/ricardo-rendn-caricaturista-clsico.html

Si algo tienen los gobiernos de derecha, es que una vez en el poder, atizan a sus más ignotos defensores de oficio a embrujarnos con su pluma, voz o relato sobre las bondades de la exclusión social y económica como política pública, amén de lo conveniente para los fines de las renacidas demagogas jornadas mediáticas, esta vez denominadas “Construyendo País”.

Prueba de ello, bajo su tenencia del poder en la primera década de este siglo, tuvimos a los más prolíficos y formados escritores de columnas de prensa, como los hoy ausentes legales Ernesto Yamhure y Luis Carlos Restrepo o como el recién condenado José Miguel Narváez.

La gran prensa corporativa escrita y hablada, tendrá algún día que rendir su testimonio sobre su papel en el embrujo autoritario que hoy vuelve a gobernarnos.

Sin embargo, dos hechos recientes en el Tolima, sirven para invitar al debate en la Universidad Pública (el espacio por excelencia, donde hoy lúdicamente hemos de suponer que la derecha con su interpretación unilateral de los hechos, aún no coloniza con su embrujo): el primero, el impedimento por parte de un jefe de seguridad de una firma extranjera a unos funcionarios públicos colombianos, y el segundo, la consuetudinaria cátedra periodística de fervor a la exclusión desde el pasado siete de agosto, principalmente por columnistas de la derecha en el Diario El Nuevo Día.

Del primero, valga la mención que respecto al Ejército con contrato o sin él para la vigilancia a particulares no nacionales, por encima del interés general, tendrá por acción, omisión o ignominia que enfrentarse a la Procuraduría, a la Fiscalía o a la misma Corte Penal Internacional, dado que los crímenes ambientales hoy son tan lesivos a la humanidad, como los crímenes de Estado.

En este caso, que el jefe de seguridad de una empresa trasnacional, haga las veces de autoridad pública contra la función pública (elcronista.co, agosto 13/2018), lleva a cuestionarnos ¿cuál es el real papel de las agencias y organizaciones privadas o gubernamentales extranjeras en el territorio tolimense?

Nadie vende un caballo por bueno, solía canturrearse con la vieja ranchera.

De tiempo atrás, Cortolima, como la misma Gobernación del Tolima e incluso la Alcaldía de Ibagué, nos anuncian con bombos y estridencia cada nueva incursión “donante” de la USAID, del Reino de los Países Bajos, de la BP, del gobierno Chino o de la agencia israelí para la cooperación internacional MASHAV – por citar algunas de las que se dejan ver – en los páramos, valles y llanuras tolimenses: es decir en su riqueza hidrológica (Banquete de agrónomos: No a nuestro nombre, Alaluzpublica.com, agosto 5/2017).

¿Por qué de que se trata todo esto, sino de la riqueza hídrica?

Es y será el agua potable el origen de todos nuestros males en las próximas décadas.  Por eso están “regalándonos” estudios, “financiando” guardabosques “avistando” nuestras aves, “proyectando” hospitales, o sencillamente: enseñándonos a ser más pendejos de lo que somos (De la Cartagena al Vergel: la exclusión victoriosa, elsalmon.co, junio 22/2018).

Y en esta misma línea, surge el segundo hecho: el de los plutócratas columnistas de la derecha local, que nos convidan al entendimiento de esta realidad, como el devenir de nuestro destino progresista, a la usanza de un Rousseau criollo, bajo el cual “la voluntad general” nos debe inexorablemente llevar al progreso romántico, pero donde las nuevas hordas campesinas de los Rousseau del Vergel (los gremios y empresarios agrícolas), jamás se aterroricen de perder la continuidad cultural y la comodidad del clan.

Y bajo esa “voluntad general”, se disfraza otro romanticismo plutócrata: el Dialogo Social, la respuesta al malestar social por el nuevo gobierno de derecha y que según sus columnistas ibaguereños es “anticipatorio, preventivo y proactivo” en desmedro de la Protesta Social, la cual, según los mismos columnistas, “se reduce a instrumento agenciado por pequeños grupos de interés, avezados y consuetudinarios usuarios de ese derecho” (El diálogo social: un arte, por Alfredo Sarmiento Narváez, agosto 9 y 16/2018, diario El Nuevo Día).

Como en el primero, en el que un guardián de extranjeros privó del derecho de inspección en el territorio nacional a Cortolima, el segundo hecho, es quizá tan o peor de aterrador para que los escritores del nuevo gobierno soslayen y pongan en duda el derecho constitucional a la protesta, a cambio de una tarde de té o unas onces con empanada y avena.

Es más, lo del guardián de extranjeros podría afectar (sino es que ya lo hizo), a los mismos cofrades de los escritores gubernamentales: arroceros y ganaderos de Prado, Purificación, Dolores, Cunday y Villarrica.

¿Qué tan anticipatorio, preventivo y proactivo, por ejemplo, será la tarde de té con los arroceros del oriente tolimense, cuando no dispongan del agua para sus cultivos, porque la misma está siendo inyectada al subsuelo por los patrones del guardián y los contratantes del Ejército Nacional?

Solo en ese entonces – como sucede desde el pasado martes con la prensa gringa a iniciativa del diario The Boston Globe, donde al menos 350 consejos editoriales de igual número de medios se enfrentan en su página editorial contra el señor Trump, no como en una guerra al decir de este, sino en su medio de trabajo como los sostienen los diarios gringos en protesta social (Editorial en theguardian.com, agosto 15/2018) – repito, solo entonces, los escritores del embrujador Dialogo Social necesitaran de la Protesta Social de ambientalistas, estudiantes, campesinos y ciudadanos de a pie, para entre otros, reclamar por el derecho al agua de sus haciendas, sin té y sin empanadas con avena.

Desde la “voluntad general” del Rousseau original hasta su burda traducción del “Diálogo Social” por la derecha escritora tolimense, solo hay un resultado depredador: el post- humanismo.

Por: Luis Orlando Ávila Hernández, ingeniero agrónomo, propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.

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