De Wikileaks a Snowden

Alex_Correa

Muchos se preguntan si Assange, Manning o Snowden son verdaderos cruzados de la información y del periodismo libre, o sujetos presos de sus propias vanidades.

Mario Vargas Llosa, afirma en su reciente libro La civilización del espectáculo, que lo filtrado por el hacker australiano en nada puso en riesgo a la seguridad nacional de Estados Unidos. El premio Nobel, recoge afirmaciones parecidas del filosofo Fernando Savater, quien considera el material divulgado como simples chismes o anotaciones baladí de las embajadas norteamericanas.

Al principio, Julian Assange, fue elevado a la categoría de gurú de la prensa independiente, y su material filtrado revelado por publicaciones tan serias como The Guardian en Inglaterra. Pero luego, vinieron las divisiones en Wikileaks, las ambiciones, egolatría, y cargos penales para su fundador, y disminuyó la importancia de las revelaciones. Así lo cuenta, en una crónica ganadora del premio de periodismo Simón Bolívar, Fidel Cano, cuando el director de El Espectador fue a conocer a Assange en Londres y este parecía más preocupado en la calidad del coñac que ofrecía a su huésped que en la relevancia del material que le iba a entregar sobre Colombia.

Con el tiempo, también se desdibujó el papel jugado por la principal fuente de Wikileaks: el soldado Bradley Manning, condenado a más de tres décadas de prisión, parece ser un sujeto trastornado, pues no reivindicó el derecho a una información libre y sin mordazas, sino que pidió perdón en el juicio de su caso, y ahora solicita un insólito permiso para cambiar de sexo y convertirse en mujer.

El caso de Edward Snowden, parece ser la excepción a la regla de los dos anteriores. A ojos vista, el exasesor de la CIA, ha revelado ser un joven preocupado por el espionaje de su gobierno y consciente de la cacería que iban a desatar en su contra, abandonó su país, entregó material filtrado a periodistas, y motu proprio, pidió ser identificado como la fuente de la información. Nada ha ganado Snowden con ello. Ni la atención mundial de la que gozó Assange, el dinero de simpatizantes, ni películas o libros que reivindiquen su hazaña. Tan solo, le concedieron un año de asilo en Rusia.

En Colombia, parece que necesitáramos una combinación de estos tres personajes. El periodismo estuvo adormilado por ocho años de Seguridad Democrática, donde fuimos ciegos a abusos y corrupción. Hoy, no hay más que ver los diarios y revistas capitalinos, sus dueños, accionistas y directores, para comprobar que están casados con la reelección de Santos y sirviendo a los intereses de la banca, como es el caso del diario El Tiempo, que desde sus editoriales aboga por la concesión de más negocios para el conglomerado de su dueño, Luis Carlos Sarmiento Ángulo.

La prensa regional, tiene un inmenso reto de cambiar las cosas, o seguir sirviendo de caja de resonancia para políticos, politiqueros y aduladores de turno, que le roban la palabra (y quizá algo más) al ciudadano de a pie, al que se debe entretener, educar e informar, según los postulados del viejo, pero vigente y valedero periodismo, que aprendimos algunos, a punta de ensayo – error, de caer y de levantarse.

Por: Alexander Correa C., codirector www.alaluzpublica.com, Contador Público, autor.

 

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