Decálogo para identificar un corrupto

Fotoilustración.

Se perdió la consulta popular, lo cierto es que no quise pasar sin pena ni gloria y me propuse compartir un decálogo de las “malsanas prácticas” que se han enquistado en nuestra sociedad, no vinculo además la corrupción privada que considero es descomunal y le dedicaré otras líneas.

La corrupción como tema, está de moda y no quise perder esta oportunidad para explicar algunas de mis reflexiones y en esas las versiones de algunos filósofos que considero tuvieron eco en el sentido de la persuasión y la conquista de mentes no por la vía de la imposición de la razón sino por el contrario, por la humildad que significa plantear razones pudiendo en ocasiones estas ser solitarias. Sin el ánimo de ser un reproductor de conductas o normalizador, quise compartir una aproximación a lo que opinaron algunos filósofos al respecto de la corrupción, consideraciones que, por fuera de querer imponerse, solo plantean una manera de expresión de la autonomía que invita a elegir en el contexto que creamos nos sea más razonable o favorable.

Acudiré a una línea de referencia atemporal pues antepongo no hablar de todos los filósofos que formaron una opinión al respecto, ni hacerlo en orden cronológico, pero proponer una pregunta que invita a explicar un procedimiento o poner la lupa en la elección como votar en la democracia me pareció obligada, la pregunta en concreto es ¿es cómplice el que elige un político corrupto? De serlo, ¿se puede predicar una complicidad incluso moral? Las anteriores dos preguntas solo podrían tener razón, si el votante es consciente de lo corruptible de su candidato, hace dos o tres meses alguien me compartió esta frase: “la guerra es el arte de destruir hombres, la política es el arte de engañarlos”, de Jean Le Rond D’Alembert. No discutiré el tema de ser o no arte la guerra o la política, pero discuto en este espacio la posibilidad de engaño que sale en defensa del ciudadano presa de las circunstancias de una completa estafa, en la que pierde su voto.

El decálogo es una usanza, pero no un cinturón de fuerza, la reducción es con fines explicativos y no exclusivos o finales y las categorías de análisis al respecto del corrupto parecen en su mayoría una obviedad, pero con fines prácticos decidí lanzar una pregunta al universo para dejarlo como reflexión:

Primero: lo presionan para conseguir su voto. Elegir dejó de ser bajo los postulados de constitución, un voto libre y espontáneo no es tan viable en una sociedad desigual, donde el mayor empleador es el estado y la dependencia es altísima en puestos y contratos. La sociedad se embelesó con el poder para unos pocos y no avanzó de una visión retrógrada y egoísta. “votamos por el menos malo” la negación absoluta llego a la sociedad con frases como “no votamos por el honesto porque no va a ganar” estas son el resultado de una comunidad entregada al mejor postor y víctima de un gran engaño. Ser elegido no es fácil, porque gobernar bien está mal visto, los mismos seguidores inducen al acto corrupto, recuerdo aquí a Critón que sobornando a los carceleros pretendió fraguar un arreglo para liberar a Sócrates, a pesar de esta trama, él, prefirió morir por con una condición ética y el respeto a unas normas impuestas en el tribunal de los Quinientos. Recordé a Sócrates por su respuesta: “No podemos burlar aquello que hemos convenido que es justo. Si yo intento escaparme de la cárcel, podrían venir las leyes y gobernantes y decirnos: ¿Qué piensas hacer? ¿Verdad que con eso intentas destruirnos a las leyes y a la ciudad entera?, dejando sin fuerza alguna las sentencias que pierden su autoridad y son aniquiladas”.

Segundo: le ofrecen Tamal y favores, pero no proponen nada. Las campañas políticas se han predicado como auténticos proyectos empresariales, aunque en el fondo todos somos conscientes de que en unos cumpleaños lo que más vale es una auténtica felicitación, la sociedad del consumo desde los más pequeños enseña que merecen un regalo, además pueden exigir a su gusto, necesidad o medida, en analogía, el voto debería ser dado solo por la convicción de elegir a los mejores, pero ante la falta de liderazgo real el dinero se convirtió en un aliado perfecto para “sumar” en términos mercantiles, haciendo una abominación de la política electoral y un intercambio de favores, aquí es famoso el tema de “¿usted que da?” la sociedad se sincera y expone sus necesidades al político como directo obligado a cambio de un voto, tal cual funciona como en el mercado, a más votos, más favores. Si las campañas se desarrollan de manera austera se puede liderar una transformación en muy poco tiempo, pues las personas llegarían con una agenda programática real y no sólo con deudas económicas y a favorecer a un grupo muy selecto que las propició. Están en todas las modalidades, los puso un viejo adalid de la política, han trabajado en alguna secretaría o el gobierno nacional y han hecho desde ahí miles de favores, se suben en causas que no han construido y tienen unos aliados de dudosa procedencia en la política, la empresa y cualquier sector que les convenga. Sus habilidades de liderazgo nadie las comprende son en resumidas cuentas todo lo contrario a una líder: cero carisma, no tienen visión, no conocen el lugar que pretende gobernar, la gente no los sigue por si liderazgo, sino con una hoja de vida y para algún favor.

Tercero: han nacido para gobernar y merecen estar ahí. Estos son los más frecuentes y los más sonados, los que sin empezar campaña se asumen ganadores y no es menos cuando se analizan los perfiles y suman porque tienen muchísimos familiares en la administración, son los que renuncian a los puestos públicos para aspirar a candidaturas (como las del 2019) no quieren inhabilitarse pero en su reemplazo se ven amigos, familiares lejanos, aliados políticos y todos los que garanticen ser lo suficientemente maleables para ser tenidos en cuenta (no importa quiénes son o de donde vienen, solo importa que hagan lo que dice el funcionario saliente y ayuden con la campaña). Ellos se asumen ganadores porque algún familiar ya gobernó, o ha ocupado un cargo público o sus familiares y equipo político lo eligió “porque ya le llegó el turno”.

Cuarto: el investigado, pero nunca condenado. La categoría puede ser odiosa con el concepto del debido proceso, pero existen múltiples líderes políticos que se excusan y además de manera descarada han construido un discurso que se basa en que son unos “perseguidos políticos”, otros por el contrario sin pena ni gloria son del discurso de “una investigación no se le niega a nadie” y aunque en este país si pasen cosas de ese estilo y algo inesperadas cuando de investigaciones se trata, existen casos en los que la imagen desgastada y el proceder de esos líderes nos dejan ver que es hasta odioso que el número de investigaciones tengan asidero, pero nunca suceda nada y aunque debemos ser respetuosos de principios básicos del derecho a veces produce coraje seguirlos viendo en el ejercicio y tantos procesos “engavetados” obstruyendo de todas las maneras posibles la justicia.

Quinto: los llegaron un día, pero nunca se irán. Se “atornillaron” al poder, no quieren salir y han construido un liderazgo raquítico que no crece y entonces no les alcanza para avanzar en la política, se dedican a administrar los pocos votos con los salen elegidos, se perpetúan y les molesta que llegue gente con ganas de aspirar a los puestos en los que ellos se encuentran, demandan de los más jóvenes experiencia y de los más viejos energía, de los de mediana edad alguna otra razón, la que fuere, porque nadie, si no son ellos, sirve para la administración. Llegan porque tienen un equipo que los ha venido manteniendo y a quienes han servido desde la administración y conformaron una mafia que tiene a los puestos públicos en función de sus propios intereses, con frecuencia se escucha la horrible frase de “usted de quien es cuota”.

Sexta: los que no se pueden ir. Estos son quizás los más peligrosos, están normalmente en la política cuidando no ser detenidos por algún acto de corrupción que ya se perpetró y al que le deben su fortuna, no pueden aún disfrutar del dinero obtenido de manera ilegal pero se quedan en el poder para ejercer presión sobre sus investigaciones y que nunca les encuentren el ilícito o mantiene a personar en los entes de control y vigilancia para que los protejan contra actos de este estilo, muchos aun retirándose financian a otros para estos mismos fines.

Séptima: el multicolor. Los personajes en cuestión han considerado que los partidos son para las oportunidades y se mueven con especial capacidad para quedar en el partido de gobierno, le apuestan a ganar y lo hacen, así eso signifique cambiar de colectividad, moverse habilidosamente o inclusive terminan relaciones entre los que antes fueron sus amigos pues ahora deben estar a tono con la nueva colectividad a la que ingresaron, el transfuguismo es reconocido en el medio político y se habló inclusive de un proyecto que lo permitiera por una única vez y un año antes de las elecciones a las corporaciones públicas anunciar el cambio de partido.

Octava: el populista. La discusión del populismo como acto de corrupción, nace solo por consecuencia del acto mismo de ofrecer en exceso o decir siempre lo que la gente quiere escuchar (a pesar de sus múltiples acepciones), advertir desde la campaña que el candidato que ofrece de manera deliberada no pueda cumplir y genere con esto una serie de expectativas hace que contribuya al engaño que origina la corrupción. Llama la atención ver el auge en américa latina y la concentración de conductas de este estilo, las encontramos en versión de derecha y de izquierda y su origen data de Naródnik o Naródniki, que se suele traducir como populista o populistas, es el nombre que reciben los revolucionarios rusos de las décadas de 1860 y 1870. Su movimiento fue conocido como Naródnichestvo (populismo). Es denominada por Polibio en el siglo II a. de c. como oclotracia y en su sentido más casto refiere a una manera de degenerar la democracia como la conocemos actualmente, se parece en mucho a la tiranía de la mayoría, pero en resumen busca ser el gobierno de la muchedumbre, concepto trabajado por algunos filósofos como Jean-Jacques Rousseau, James Mackintosh e inclusive Maquiavelo.

Novena: ¿usted no sabe quién soy yo? La situación pasa por una interpretación de abuso de funciones, este sujeto no conoce de manuales en la administración, hace “favores” y pasa por encima de todo el que puede, su manejo acerca de los límites es desconocido y tiene un grupo a su alrededor que más que aliados terminan por ser súbitos, se ven en las fuerzas armadas o de policía, pero también muchísimo en la empresas del estado.

Décima: expertos empresarios de la noche a la mañana. Es impresionante saber que este siglo quien tenga la información tiene el poder y en muchas ocasiones también tiene el negocio, el uso ilegal de información confidencial para adelantarse por su medio o con emisores y anticipar grandes negocios que solo lo favorecen al gobernante de turno, ellos no son expertos empresarios solo están garantizando su futuro con información privilegiada como la asignación de una zona franca, la venta de bienes del Estado.

Por: Juan David Gómez González, abogado de la Universidad de Ibagué, profesor catedrático y coordinador de proyectos de la misma institución.

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