Dejando huella

Fiestas

A los tolimenses de cepa no nos es desconocido el nombre del señor Adriano Tribín Piedrahita. En 1959 Siendo el departamento uno de los más afectados por la violencia bipartidista, “a este loco”, palabras de su hijo Mauricio Tribín “se le ocurre incentivar la creación de un festival folclórico para exaltar el folclor nacional y a su vez bajarle los ánimos mediante fiestas, a la violencia que por estos lados abundaba”. Ya en palabras del fundador, la apuesta fue la siguiente: “el terrible riesgo consistía en sacar el pueblo a la calle, sin ninguna limitación, para que la alegría fuera la terapéutica salvadora de aquella situación de conflicto”.

El conflicto lo vivió siempre de cerca pero más que sentirse vulnerable vio en sí mismo un posible gestor de cambio. Don Adriano tuvo que ver a las guerrillas descender por los cerros de Ibagué, estando con su esposa y sus hijos en la casa de Interlaken y en esos tiempos el partido político era tu credencia de presentación o la lápida.

Sin embargo, jamás se acuarteló y recuerdan sus familiares que sin miedo a represarías y haciendo uso de su carisma, llego hasta a compartir aguardiente con dos hombres que de manera intimidante lo convidaron, desde una taberna antigua que estaba ubicada en el centro de la ciudad. Tal vez la posibilidad de intercambiar ideas sin peleas, llegar vivo a casa y salirse de todo el formalismo del debate convencional político, le dio visos de su apuesta de paz mediante cultura, folclor y fiesta.

Pese a no contar con el apoyo de los empresarios de entonces porque creían todos y con razones lógicas que el festival era una apuesta atrevida, don Adriano se salió con la suya y con un colectivo, entre ellos el expresidente y tolimense Darío Echandía, se ganaron el aval del presidente de la época, quien dio vía libre al festival y por supuesto, apoyo.

Los festivales de entonces eran otra cosa, sí había folclor, sí era nacional y sí eran los festivales de un nivel altísimo. Hoy se sostiene más por esa historia construida que por su realidad parca. Y mientras en aquel entonces la violencia cesó, en la actualidad el Festival Folclórico es un monstruo que desencadena pestilencia y mortandad.

Fue Adriano Tribín el hombre al que los jóvenes amantes del futbol más respetamos como dirigente deportivo. Con su sola ‘bacanería’ y poder de palabra hizo un puente entre Alfonso Senior y los dirigentes de la Fifa para que el Mundial de Fútbol del año 86 se llevara a cabo en suelo colombiano.

El mundial no se dio por que el expresidente Belisario Betancourt no se sintió cómodo del todo con la idea, pues el sector privado propuso invertir no mucho y la situación de orden público en el país como en toda su historia era jodidísima.

Solo un hombre con un corazón avivado y una mente visionaria podría proponer a Colombia para tan grandes cosas. “Mi papá se molestó con la negativa, él se había esforzado mucho en eso”, comentó Mauricio Tribín París.

Adriano Tribín era creyente y creía en el poder de la palabra. Decía y actuaba. Quería y lograba. Su voz era grave, casi ronca situación sonora que matizaba con sus bromas pues todos lo recuerdan como un hombre alegre. El apunte de su voz me lo compartió el doctor Hernando Hernández Quintero, quien recuerda el tinte de su voz y uno que otro apunte que el señor Adriano compartía en son de chiste pero que para este texto no aplica.

Este es un esbozo general de un trabajo que ha emprendido la Universidad de Ibagué para hacer memoria desde nuestra gente. He sido invitado a hacer parte de los narradores de historias y escogí al señor Adriano porque en mi casa todos los junios con el desánimo de que “todo tiempo pasado fue mejor”, nombran las buenas fiestas que sí hacia el ya fallecido Adriano Tribín.

El proyecto se llama Tolimenses que dejan huella y el homenajeado en estas líneas sí que pisó fuerte por estos suelos, sí que se ha hecho recordar en sus gentes. Fue alegre, periodista, abogado, directivo, concejal, papá, esposo, nieto y abuelo y pese a sus muchas ocupaciones siempre cumplió con todos sus roles, hasta el de hincha.

“Mi papá sabía que ya estaba por irse, estaban en ese entonces, próximos a jugar la selección Colombia frente a la selección de Camerún. Me llamó y me miró a los ojos, me dijo: ‘mijo, yo me quiero morir’. Yo le respondí: ‘cómo así, papá’, y él me dijo sonriendo: ‘es que esos negros nos van a pegar una goleada y yo no quiero ver eso’”.

El doctor Mauricio recuerda la anécdota y sonríe, sonríe con pesadumbre como quien recuerda algo hermoso y que tanta belleza le pesa. El recuerdo de su padre aun le roba sonrisas, a nosotros aun nos despierta identidad y esperanza porque el Tolima no se ha hecho solo sino que han sido, y somos, sus habitantes quienes lo ataviamos o apocamos.

Próximamente, más del Tolima desde don Adriano y más hombres y mujeres que han dejado Huella.

Por: Germán Gómez Carvajal, Universidad de Ibagué.

Deja un comentario