Democracia de mentiras

Alex_Correa

Las justas protestas de campesinos, paperos, mineros, lecheros y del sector de la salud, están poniendo en evidencia no solo el creciente descontento ciudadano hacia la clase dirigente y su política de favorecimientos a los grandes conglomerados y rentistas de capital; sino también que en Colombia la única vía para ser escuchado es el alzamiento popular.

Para los ricos sí hay exenciones tributarias, subsidios, grandes latifundios en baldíos, arrebatados con argucias por los ingenios azucareros, y hasta una licitación vial para el pobrecito de Luis Carlos Sarmiento, dueño de toda la banca del país, y del hasta hace poco considerado “el mejor diario de Latinoamérica”.

Pero al revés de la moneda, para el pueblo bolillo y gases del Esmad, bala disimulada, y una campaña de estigmatización con los medios amigos del régimen: “el paro está infiltrado”, “inteligencia militar tiene pruebas irrefutables”. Ah y volvieron a aparecer los computadores indestructibles por los bombardeos y un líder sindical fue a la cárcel por “sus comprobados nexos con las Farc”.

Y qué cuentos de qué el gobierno manda. En Colombia mandan los gringos. Una multinacional, Monsanto, le acaba de ordenar a los arroceros, a través del Ministerio de Agricultura, que por cuenta del TLC, ahora solo pueden cultivar las semillas procesadas en Estados Unidos, so pena de multas, incautaciones y procesos. Nos demostraron las barras y las estrellas que también tienen potestad en el ordenamiento jurídico de este país, cuando recogieron elementos de prueba necesarios para capturar a unos delincuentes que robaron y mataron al agente de la DEA en Bogotá. Como diría Vallejo “habrase visto mayor impudicia”.

Mucho me temo que si las guerrillas de ahora se desmovilizan y entregan las armas, en poco tiempo volverán otras que les sustituyan, pues las causas que las generaron, la desigualdad y el marginamiento, no han desaparecido. Perderemos de nuevo a seres de inmensa valía como Camilo Torres, Jaime Bateman, Carlos Pizarro, Andrés Almarales, Iván Marino Ospina, Álvaro Fayad; y al más recordado y contemporáneo nuestro, ‘Simón Trinidad’, confinado en una cárcel de Estados Unidos, por el secuestro de tres norteamericanos, a quienes nunca vio ni cuidó durante su prolongado cautiverio. ¡Y eso que el sistema judicial que tenemos en el país, el oral acusatorio, heredado de USA se precia de ser garantista!

Colombia, a lo largo de su historia reciente ha demostrado que de tanto en tanto ‘perdona’ el alzamiento en armas, aunque lo castiga con posterioridad: Rojas Pinilla desmovilizó las guerrillas del Llano, pero luego la Policía mató a su general, Guadalupe Salcedo, en un bar de Bogotá; Pizarro murió luego de finalizar el ciclo de lucha armada con el M-19. Y en tránsito hacia las vías ‘democráticas’ también murieron o marcharon hacia el exilio miles de adeptos de la Unión Patriótica: el senador Manuel Cepeda Vargas, abatido por militares en Bogotá; o la concejal Aída Abella, atacada con rockets en una calle capitalina, a quien salvó la narración en directo de su drama en una emisora nacional.

El remedo de democracia que tenemos, me hace recordar la Nicaragua de Anastasio Somoza. Ahora que estamos que nos agarramos con los nicas por el mar perdido. El dictador, que fue depuesto por la revolución sandinista, se ufanaba en mantener el equilibrio de su poder, empleando “la política de las tres pes”: Plata al amigo, Plomo al enemigo, y Palo al indiferente. Santos y los oligarcas que aspiran a sucederlo, van camino de emular al ‘Gran Tachito’, como se conocía al opresor centroamericano.

Por: Alexander Correa C., codirector www.alaluzpublica.com, Contador Público, autor.

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