“Dios Ampáranos”: súplica ante ataque Bolchevique en Líbano

Miguel Salavarrieta

Miguel Salavarrieta

Se cumplen 95 años de la primera insurrección armada de América Latina.

Eran las 3:10 de la mañana del lunes 29 de julio de 1929. El pueblo dormía y las fuerzas insurrectas estaban estratégicamente acantonadas en diversos lugares cerca al perímetro urbano. Todo estaba planeado. No quedó detalle al azar. A esa hora se escuchó el estallido de unas bombas, señal convenida para perpetrar el “sorpresivo” asalto, someter a las autoridades y proceder a elegir la Junta Seccional como parte integrante del que sería el Consejo Provisional del nuevo Gobierno Central de Colombia. Pero esa madrugada la revolución fue enterrada y con ella, por siempre, la toma del poder a través de las armas.

Resulta que esa madrugada los insurgentes que tenían entre sus estrategias el “factor sorpresa” resultaron desconcertados porque las autoridades y la población estaban esperándolos para afrontar la ofensiva del ejército proletario, gracias a la oportuna información que de sus posiciones les brindó Agapito Velandia, permitiéndoles organizar la defensa del poblado. Además desde hacía unas semanas atrás se rumoraba sobre este ataque.

Pero es que en esa oportunidad no podría triunfar el movimiento insurgente porque cuando “iba a estallar una revolución triunfante el sol amanecía como una bomba roja, y aquel día, el sol no estaba así”, según le comentó a su hermana el líder Higinio Forero, uno de los héroes que murió en estas jornadas, al quedarse cubriendo la retirada de sus compañeros, siendo herido y rematado a culata por un capitán de la Guardia.

Este mes de julio se cumplen 95 años del histórico y fallido asalto del “Movimiento de los Bolcheviques del Líbano”, suceso que tiene el “mérito excepcional de ser, quizás, la primera insurrección armada de América Latina”, protagonizada por “un ejército de campesinos, con dirección y en alianza de sectores urbanos” que se había planteado el “problema de la toma del poder en nombre de las ideas socialistas”, señala el actual director del Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia, Gonzalo Sánchez Gómez en la introducción de su obra “Los Bolcheviques del Líbano” (Tolima), libro de obligatoria lectura para los estudiosos de los acontecimientos sociales y políticos de esta patria, y que sirvió de soporte para realizar esta nota de prensa.

El movimiento nacional que pretendía la toma del poder fue concebido dos años atrás y dentro de su estrategia tenía previstos estos alzamientos en ciudades y centros importantes, luego de la crisis que generarían otros acontecimientos como las huelgas de los trabajadores. Si bien estratégicamente todo estaba planeado para la última semana de julio de 1929, varios hechos nacionales obligaron a que todas las acciones fueran postergadas, por lo tanto el alzamiento en el Líbano y en 2 ò 3 localidades de Santander o fue producto del fervor revolucionario o por desconocimiento del aplazamiento. Los acontecimientos del Líbano generaron un “pánico general” y ocuparon la atención nacional, del gobierno central, del congreso de la república y de los medios de comunicación. Muestra de ese pánico es este mensaje dirigido al alto gobierno: “Interésate gobierno. Esperando refuerzos. Tres muertos, quince heridos. Bombas estallaron en casa Domingo Misas, Gerardo Echeverry, y otros más. Población alarmadísima. Dios Ampáranos”.

Por su parte el periódico El Tiempo en su edición del jueves primero de agosto de 1929, con gran despliegue en primera página titula “En lucha contra la Guardia Cívica perecieron 6 revoltosos del Líbano” y un subtítulo que dice “Prácticamente hay estado de sitio en el Líbano y en otras poblaciones.- El número de revoltosos aumenta en los campos”.

Sin lugar a dudas la obra de Gonzalo Sánchez Gómez “Los Bolcheviques del Líbano” (Tolima), relata de una manera clara y cuidadosa todos los hechos que se vivieron en torno a este interesante capítulo de la historia de Colombia.

Por: Miguel Salavarrieta Marín, periodista, exdirector de Cultura del Tolima.