Dos ministros amigos

Rafael Aguja.

Rafael Aguja.

Nos parece destacable del nuevo gabinete ministerial del presidente Juan Manuel Santos que el mismo hagan parte Luis Eduardo Garzón y Yesid Reyes Alvarado.

Luis Eduardo Garzón por cuanto en el Ministerio del Trabajo tendrá la oportunidad de poner en práctica su amplia experiencia como dirigente sindical que lo fue por largo tiempo y su concepción social del Estado frente al grueso de la población que, de una u otra manera, debe trabajar, en algunos casos, por la sola subsistencia diaria. Lo demostró, con algunos reclamos menores, cuando se desempeñó como alcalde menor de Bogotá, sin dejar de ser el “compañero Lucho Garzón” de ya lejanas luchas sindicales, políticas y sociales de todo orden. Esperamos que siga siendo esa misma persona y que con él el sindicalismo, las organizaciones sindicales y sociales que tienen que ver con el trabajo y el amparo del mismo como derecho fundamental del Estado Social y Democrático de Derecho, encuentren eco en las altas esferas del Estado. Recordamos que, siendo alcalde de Bogotá, cuando le fue presentado el acuerdo para “legalizar” las “vallas de la infamia” de la difunta Gilma Jiménez, le enviamos un correo electrónico haciéndole ver la inconstitucionalidad de las mismas y pese a todo les dio vía libre, para que, posteriormente, la Corte Constitucional declarara la inconstitucionalidad de tal manera de hacer “política social”.

Le deseamos mucha suerte y que cumpla con su misión con eficiencia, tenacidad y competencia, para bien de los colombianos, pero en especial de la clase obrera, pues no se nos ha olvidado que por allá en los primeros años de la década de los años setentas del siglo pasado, convergimos en luchas comunes, las del nuevo Ministro del Trabajo y Seguridad Social desde el punto de vista sindical y las del suscrito como abogado vinculado a la Asociación de Abogados Laboralistas de Trabajadores.

Yesid Reyes Alvarado, hijo del sacrificado presidente de la Corte Suprema de Justicia, doctor Alfonso Reyes Echandía, vinculado por lazos de sangre y afecto al departamento del Tolima, en su resignación como Ministro de Justicia y del Derecho, resulta a juicio de todos, un acierto y no dudamos que su desempeño frente a la reforma a la justicia anunciada, se desempeñará con conocimiento de causa, entereza y firmeza para que la reorganización de la administración de justicia, como rama del poder público, para bien de los colombianos, sea una realidad.

El reto que le espera es grande y los problemas a superar son, digámoslo metafóricamente, tan grandes como el país mismo y esperamos contribuir, en arto o en poco, para que el acceso a la justicia, en cuanto aspiración popular, sea una realidad. No se nos olvida que temporalmente tuvimos la oportunidad de escuchar sus enseñanzas en la especialización de derecho penal y ciencias forenses.

Por: Rafael Aguja Sanabria, abogado penalista, docente universitario.