Ecos del cumpleaños de Ibagué

El eterno dilema de si es mejor hacer obras o eventos culturales.

Ahora que ha pasado el efecto anestésico de los eventos oficiales organizados con ocasión del cumpleaños 467 de Ibagué y muy a propósito de las declaraciones de una prestante concejal quien en respuesta al Gobernador del Departamento, aseguró: son mucho más importantes los conciertos y eventos culturales, que la ejecución de obras de infraestructura, vendría bien que los ciudadanos echarán un vistazo a otros argumentos más racionales y menos acalorados que estoy seguro aportarían de manera sustancial al debate.

Para comenzar los ibaguereños deberían saber cuánto le costó al Municipio el concierto del pasado 14 de Octubre en el estadio Manuel Murillo Toro.

Pues bien, tal y como reposa en la información del Sistema Único de Contratación Pública para tan magno evento se suscribieron dos contratos uno por 450 millones de pesos y otro por poco más de 350 millones. Es decir que, en una noche, se consumieron del presupuesto público 800 millones de pesos.

Hasta ahí aparentemente no hay nada cuestionable, pues dirán muchos que la nómina de artistas lo valía, otros optarán por las comparaciones frente a otras ciudades para terminar convenciéndonos que 800 millones no son tanto.

Pensar desde la lógica popular que los 800 millones podrían haberse invertido en ayudar a personas de escasos recursos sería ingenuo por las destinaciones específicas de los rubros de inversión. Pero ¿tal vez no habrían podido aprovecharse en incentivar iniciativas y propuestas culturales y musicales en las comunidades?

Sin embargo, para no caer en subjetividades remitámonos a lo esencial. ¿Por qué dos contratos de semejante dimensión tienen dos modalidades de vinculación tan diferentes? Porque como se lee en el Secop el contrato 1918 por 450 millones de pesos, cuyo objeto era la “prestación de servicios artísticos de apoyo a la gestión para el desarrollo del evento musical nacional del cumpleaños número 467 del municipio de Ibagué, todo incluido en el marco de la Agenda Ibagué Capital Musical” se celebró de manera directa, en tanto que el contrato 1916 que pretendía “contratar la prestación de servicios logísticos para la realización del concierto del cumpleaños de Ibagué” se adjudicó mediante subasta.

Ahora bien, si nos remitimos a las obligaciones contractuales definidas se encuentra que para el caso del contrato 1916 hay una larga lista de aspectos técnicos, equipos, adecuaciones, insumos y elementos necesarios para el desarrollo del evento, en tanto que las responsabilidades para el beneficiado con el contrato 1918 se limitan a gestionar y garantizar la presencia de los artistas por espacio de una hora cada uno.

Hay que advertir a estas alturas que, suspicaz o no, el mismo contratista había sido tenido en cuenta durante 2016 con otro millonario proceso que perseguía en ese momento fines similares, la realización de un evento masivo para el cumpleaños 466 de la ciudad. Un verdadero afortunado, dos años consecutivos.

De otro lado, aunque las cifras oficiales estiman en 20 mil los asistentes al estadio Murillo Toro, uno de los aspectos más cuestionados por los participantes fue la distancia de la tarima frente al público, situación que como cuentan los mismos espectadores puso en evidencia la propia Andrea Echeverry, cuando dirigiéndose a los privilegiados que estaban frente a la tarima, dijo a ustedes los quiero mucho pero están aquí por ser amigos del alcalde.

Y aunque los boletines oficiales parecían celebrar la asistencia, tal parece que las expectativas de aforo eran otras. Pues aunque el escenario deportivo nunca se llenó, en el contrato 1916 se incluyó innecesariamente el montaje de un kit de sonido y video para el parqueadero estimados en cinco millones 700 mil pesos.

Cabe anotar que en ninguno de los dos contratos se incluye el espectáculo de pirotecnia que es de suponer también fue pagado con el presupuesto oficial.
Finalmente, con la ignorancia propia de quien no se especializa en la contratación pública, para el ciudadano de a pie no resulta muy entendible, serio ni responsable que se monten este tipo de procesos, (hablando del contrato 1916 que fue producto de una subasta) apenas ocho días antes del desarrollo del evento, y que los contratos se firmen dos días antes de su ejecución. Lo que denota improvisación y falta de planeación.

Tampoco cuadran las cuentas desde la malicia indígena cuando para eventos como el Festival Folclórico del mes de junio se aportaron 619 millones de pesos en su versión 2016, un evento que claramente dura varios días y menos que para el Festival Ibagué Ciudad Rock el aporte aunque generoso frente a gobiernos anteriores resulte desproporcionado, 65 millones, para lo que representó un solo evento, un concierto de menos de seis horas.

Bienvenidos todos los eventos culturales, claro que sí, el cemento no logra tapar el hueco social, pero si bajo ese argumento vamos a derrochar, prefiero las obras en concreto.

Me queda para un próximo post compartirles detalles de otro emblemático evento: el músicodanzodromo en el que también hay cositas por contar.

Por: Andrés Guillermo Forero, periodista, docente universitario.

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