“¡Eh, no dispares, loco!”: vivir anticapitalista entre capitalistas

El estudiante de música de la Universidad del Cauca, Esteban Mosquera, tomado de Contagioradio.com

Columna de opinión.

La única diferencia que existe entre el disparo que asesinó hace 24 años a la ibaguereña estudiante universitaria Norma Constanza Galeano (El Tiempo, septiembre 8 de 1994) o asesinó hace 14 años al barranquillero profesor universitario Alfredo Correa de Andreis (Aporrea.org abril 16 de 2006) o aquel que el pasado jueves intentó asesinar desfigurándolo al caucano estudiante universitario Esteban Mosquera (Contagioradio.com diciembre 14 de 2018), fue la cuenta bancaria de donde salió el dinero con el que le pagaron a sus criminales.

El motivo de los crímenes si es el mismo, la actitud valiente de ella y de ellos por defender los derechos de los más marginados, pacíficamente, como nos lo ordena la Constitución de un país, donde sus elites políticas, económicas, religiosas y mediáticas (legales e ilegales, da lo mismo) que se lo tomaron desde César Gaviria, usan todas las formas de lucha para con su terror calculado impedir a los millones de Norma Constanza, de Alfredo o de Esteban, protestar.

Es la esencia de la mexicanización de Colombia: el tributo al capitalismo, legal e ilegal, es el mismo.

Por ello el solo hecho de tomar un cambio en actitudes de la vida diaria, que rompan el ciclo del consumismo impuesto por las elites, es el mejor tributo que cada cual rinda a la estudiante Norma Constanza, al profesor Alfredo y al estudiante Esteban.

Y ya inició el diario británico The Guardian, cuando a inicios de este diciembre preguntó a sus lectores (un millón de estos le donan para sostener la independencia del centenario periódico) qué cosas del diario vivir cambiaría para diezmar al omnipresente capitalismo mundial (desde USA, Alemania, Reino Unido, China hasta Rusia), único culpable del cambio climático.

¿Pero porque en diciembre? Dicho en palabras del mismo columnista John Harris: “…diciembre es sinónimo de estampidas al supermercado, clics interminables en línea y del rugido masivo de camiones de reparto, o para decirle brevemente, del capitalismo en su momento más feliz y triunfante.” (The Guardian, diciembre 10 de 2018)

Mas en defensa de nuestra innata vacuidad, el periodista británico nos recuerda que “…tales cosas son solo una parte de lo que somos, incluso en esta época del año”, citando a la activista estadounidense Rebecca Solnit con su libro “Hope in the Dark” (Ed. Haymarket Books, 2016), para quien la cura a esta paranoia condicionada, está en organizarnos (vivir) como comunidad, lo cual es lo mas no capitalista e incluso anticapitalista y donde afortunadamente el internet ha hecho posible que estas actividades, profundamente políticas, sean aún más visibles: desde cultivar la propia comida, o negarse a comprar un automóvil, hasta hacer freecycling (compartir objetos servibles que ya no usamos) u ofrecerse gratuitamente como voluntario para ayudar a (compartir con) los más excluidos o como Esteban Mosquera, para protestar por la educación de los demás, incluso la de los hijos del mismo criminal que lo desfiguró.

A continuación una muestra de lo que los británicos respondieron a su diario, de paso  invitándonos en este Tolima a encontrar otras novedosas maneras de enfrentar una vida solo vivida para el consumismo y para las élites que nos lo imponen:

  1. Únase a las campañas freecycling (dar/compartir objetos útiles que ya no necesitamos, vía internet).
  1. Lo anterior, pero en la versión no digital (simplemente al colocar en un sitio determinado comunitariamente de la cuadra, del barrio o de la vereda, las cosas o dispositivos aun útiles que ya no usa, que si se recogen serán ya de la vivencia de otra persona).
  1. No comprar sino fabricar su propia ropa, incluso al re-elaborarla, por lo menos se acabaría con el contrabando chino que empobreció a las fabricas locales y nacionales.
  1. Dejar de comprar jabón, detergente o champú, y a cambio elaborar el propio con jabón líquido, aceites esenciales o vinagre de manzana. Complicado, pero por lo menos se contribuye a no contaminar los ríos y el océano.
  1. No usar los bancos (la pequeña gran rebelión que ya inició, de la cual Colombia será su pionera), a cambio, fortalecer a las pequeñas cooperativas de crédito.
  1. Deshágase del gimnasio y SPA, dado que para los británicos como para muchos en otras partes, están cansados de sus cuotas, de sus espejos matoneadores, de sus registros de calorías, de sus energizantes y multivitamínicos milagrosos, y sobre todo de su inundante música rítmica, a cambio, salir (volver) a los parques públicos, ciclovías, senderos ecológicos o las áreas rurales cercanas.
  1. Conformar un taller comunitario para reparación de bicicletas, por turnos.
  1. Salirse de Facebook, Twitter e Instagram, lo que ayudaría a exponerse menos a la publicidad consumista.
  1. Vuélvase reciclador por un minuto, tal vez encontrará cosas útiles en la basura de su cuadra, barrio o vereda. Complicado, más cuando desde niños mediáticamente se nos adiestra en la ropa y artículos de marca, como elixir del éxito.
  1. Conforme o patrocine empresas comunitarias (de alimentos, de vestuario, de muebles, de servicios).
  1. Comparta los alimentos que ya no va a consumir.
  1. Use el control remoto de su TV, un mal que es difícil más no imposible de evadir, para huir de los anuncios y la publicidad.

No será mucho o muy difícil, pero de grano en grano se llena la gallina su panza.

P.D.: Una vez terminada las Farc como ejército y vuelto partido legal, las elites políticas, económicas, religiosas y mediáticas colombianas con sus ejércitos privados desesperadamente buscan su nuevo némesis, con el cual distraernos a todos para seguirse enriqueciendo.  Tristemente pareciera que están mirando hacia los millenials y los zillenials, como antaño con los jóvenes de entonces, lo hiciera Mariano Ospina Pérez el presidente títere de Laureano Gómez.

Por: Luis Orlando Ávila Hernández, ingeniero agrónomo, propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.

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