El cabildo abierto

Imagen de referencia.

El paso de la democracia representativa a la democracia participativa se reflejó en la Constitución Política de 1991 y eso implica una mutación significativa del sistema político, cuya manifestación se identifica en el modo como se percibe al ciudadano como tal. De ahí que según los politólogos y constitucionalistas, la noción de democracia participativa es más moderna que la de la democracia representativa por cuanto cubre el tránsito de los principios democráticos a esferas diferentes de la electoral tales como la noción de ciudadanía, la reconsideración de su papel en una esfera pública que desborda lo simplemente electoral.

En una democracia participativa el ciudadano puede participar de manera permanente en los procesos decisorios que incidirán en el derrotero de su diario vivir. De hecho, en esta democracia no solamente se valora más al ciudadano sino que, en razón a ello, el sistema político puede conseguir mayores niveles de eficiencia. A este respecto resulta pertinente citar la explicación que ofrece la Corte Constitucional en la Sentencia T-37 de 2001 en cuanto al papel de la democracia participativa: “Un Estado en el que los ciudadanos cuentan con el derecho de tomar parte de forma directa en las decisiones a adoptar, de controlar los poderes públicos, de calificar los resultados obtenidos para exigir responsabilidad política, es un Estado en el que probablemente se logrará satisfacer en más alto grado las necesidades de sus asociados”.

Lo dicho por la Corte Constitucional nos permite afirmar que la democracia participativa está asociada con el cumplimiento adecuado de los fines esenciales del Estado señalados en el artículo 2 de la Constitución Política, más el de «servir a la comunidad». Y una de las tantas aplicaciones de la democracia participativa corresponde al cabildo abierto y consiste en una reunión pública del órgano distrital, municipal o local de representación, en la cual los habitantes tienen el derecho de participar directamente en la discusión que tenga ahí lugar con el fin de expresar sus opiniones (sin intermediarios) sobre los asuntos de interés para la comunidad. El propósito del cabildo abierto se basa en ampliar los escenarios de participación de los ciudadanos y en concreto, que la comunidad política de manera directa intervenga y decida acerca de los asuntos propios de la respectiva población.

Es precisamente que este mecanismo de participación democrática (cabildo abierto) debe ser aplicado con frecuencia dado que con él contribuye o aporta insumos para el logro del cumplimiento adecuado de los fines esenciales del Estado y permite, a su vez, al ciudadano participar de manera permanente en los procesos decisorios que incidirán en el derrotero de su diario vivir; permitiendo a los ciudadanos hacer parte de forma directa en las decisiones a adoptar, de controlar los poderes públicos, de calificar los resultados obtenidos para exigir responsabilidad política. Debemos entonces aprovechar estos espacios de participación de cabildo abierto.

Por: Paula Yulieth Arana Guaraca
Estudiante de la Universidad del Tolima.

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