El Común y los 25 millones de pesos de 1958

El primer domingo de junio, en las plazas de mercado y parques de Ibagué, se repartía gratuita y alegremente El Común Semana Rural edición tres, según se lee en su página 31, dirigido por Alejandro Santos Rubino y como Editor General Víctor Diusabá; un periódico formato tabloide de 32 páginas, propiedad de Proyectos Semana S.A., y financiado por la agencia norteamericana Usaid, la misma que financia de tiempo atrás a algunos gremios de productores agropecuarios regionales y la misma que fue expulsada de la Plurinacional Bolivia, por ejercer actividades muy distintas a la de promoción del desarrollo campesino.

Según se lee, la publicación va en pos del posconflicto en las zonas campesinas donde se desarrolló la guerra durante más de 50 años, cuando sostiene en su editorial que además de periódico, bajo la misma umbrela de la agencia norteamericana tendrán “…los que se fueron y ahora vuelven…un primer lugar en las páginas de EL COMUN… (y) de lo que pronto será una radio comunitaria mas cercana a los nuevos protagonistas de un nuevo país que pretenden, como nosotros, la reconciliación, uno de los puntos de partida de la nueva sociedad…” incluso hasta un foro (mayo 3, se lee en la página 19) sobre que periodismo debe narrar la tragedia tolimense, hicieron los bogotanos con el dinero de los norteamericanos, en una exclusiva Universidad local.

Bien, mirado así, la empresa mediática (porque eso es) es todo lo plausible que se quiera y bienvenida la plata del gringo a Bogotá, para narrar las tierras tolimenses, que solo recibieron napalm, bombas racimo y algo de munición contaminada con basura radioactiva, por decir lo menos.

Sin embargo, en medio del jolgorio empresarial, nace un vergonzoso paréntesis ¿Por qué los norteamericanos no asignaron sus dólares a alguno de los buenos y excelentes medios de comunicación o de periodistas raizales tolimenses, que hubiesen hecho mucho mejor la tarea que la poderosa Semana?

Medios y los responsables de estos, los hay por acá, aún vigentes y con mucha experiencia, sobre en todo en la porción de guerra que le tocó a este Tolima: Humberto Leyton, Edgar Antonio Valderrama, Gilberto Buitrago, Germán Acosta, Oscar Gutiérrez, German Cediel, entre otros muchos, más los que ya se fueron como Tico-Tico, el señor Arciniegas o Jorge Eliécer Barbosa que dejaron una escuela (docta o no, pero al fin escuela), que ahora leemos y que pudimos escuchar en la radio desde finales de los 80 del siglo anterior hasta hoy. Más los que ingratamente se olvidan. Mas aquellos invisibles corresponsales de todos los anteriores, en los municipios de la guerra (donde todos los actores armados, empezando por los del mismo Estado) corretearon y ningunearon tantas veces, como tantas no les convenía que se informara de la guerra.

¿Por qué no? Conocen a la gente. Conocieron a los abuelos de los campesinos de hoy. Conocen a los familiares de las víctimas de los dos siglos que partieron esta guerra. Conocen los caminos. Conocen las trochas. Conocen la raigambre.

Incluso, igual pudieron los gringos dar oportunidad a los noveles periodistas que desde la virtualidad de hoy, cuentan la histórica realidad, nacida a la par de la aparición de la banda ancha: como este primigenio medio Alaluzpublica.com, o la CambioIn.com, o el Olfato.com, o el Cronista.com o el mismo diario Nuevo Día y su pool mediático.

Pero la respuesta al desdén gringo puede estar, en el fabuloso estudio de la Violencia de Jefferson Jaramillo “La Comisión Investigadora de 1958 y la Violencia en Colombia” (http://revistas.javeriana.edu.co/index.php/univhumanistica/article/view/2146), en el que se relata los 25 millones de pesos que le dieron en 1958, al Tolima para la Rehabilitación, así se llamó a la Paz entonces.

De lo que pasó con los 25 millones hace casi 60 años, nos lo podrán contar algunas de las familias políticas que se apropiaron del Tolima y hoy dirigen la Paz. De la Paz llamada Rehabilitación entonces, nos podría contar mucho la misma USAID, y de los miles de bombardeos que se vinieron después.

De lo que pueda pasar de acá en adelante, nos lo pueden ir narrando los consagrados periodistas tolimenses aún vigentes y los noveles periodistas y sus medios virtuales independientes.

Por ello y ante la necesidad de informar por informar, no por el dólar, conviene para beneficio de nosotros los lectores (sus antiguos radioescuchas) que los tolimenses comunicadores, ante la narrativa bogotana de nuestra tragedia, relean la historia reciente y la informen, sin agencias, y con el solo compromiso de la ética. Para esto último, por si acaso, pudieran tener en cuenta el Código de Ética del diario británico The Guardian (https://drive.google.com/file/d/0BztndyGC3j3leTFIS1BfNWtrdUk/view?usp=sharing), el mismo que develó, con coraje, la enorme vigilancia virtual mundial a la que estamos sometidos por la otra agencia gringa: la NSA.

Por: Luis Orlando Ávila Hernández, Ingeniero agrónomo
Propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.

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