El embrujo

Víctimas del conflicto armado

Me gustan mucho los dichos de los abuelos porque siempre nos reconectan con verdades que vamos olvidando a medida en que nos absorbe la tecnología y la inmediatez de los acontecimientos; mi abuela decía: “no por mucho madrugar, amanece más temprano”, refiriéndose a que cada cosa tiene su tiempo, su lugar.

Siempre he considerado que las leyes adolecen de estructura para su cumplimiento, desde las leyes más básicas hasta incluso las sentencias de la corte que han legislado suficientemente y en demasía; algo así como una especie de empacho judicial, en donde todo es un torbellino de derechos sin ningún deber.

Se acerca una fecha más, la sexta, en donde debe conmemorarse el Día de la Memoria y la Solidaridad con las víctimas del conflicto armado (nueve de abril), embelesados como estamos con la paz , ahora ya no se habla de los muertos, ni de lo que ocurrió; según la nueva generación de politólogos, sociólogos socialistas, marxistas, leninistas y comunistas de academia; nosotros, quienes pusimos los muertos en honor a la paz tenemos que dejarlos en el olvido, porque sí los nombramos tenemos sed de venganza, mezquindad, odio.

No es cierto, se equivocan los jovenzuelos (y los ya curtidos) en eso, en pretender tener la autoridad moral, para decirnos a nosotros los sobrevivientes qué hacer con la memoria de nuestros muertos y ese hábito malsano de pasar por encima del dolor de los demás, es lo que ha creado en el país una resistencia frecuente y creciente a los acuerdos de paz; lo que ustedes denominan democracia y participación otros lo denominan injusticia, arbitrariedad, desvergüenza, impunidad.

Por supuesto que los miembros representantes de las Farc tendrán que ser escuchados, para eso se les concedió a ellos y al gobierno el beneficio de un acuerdo entre ellos, en donde se supone “las víctimas” son el centro de la discusión, el objetivo principal; ¿por qué no empezamos entonces por ahí, por decir la verdad de nuestros muertos? ¿Quién ordenó que se apretara el gatillo?; el argumento de las Farc de que “no era política de las Farc” desaparecer o asesinar, no será válido, pues lamentablemente para la organización insurgente, quienes cometieron los delitos portaban el uniforme de las Farc y tendrán que responder por ello (responsabilidad política ), no es sano saltarse la memoria y la dignidad de las víctimas; yo lo rechazo tajantemente, en nombre de mis víctimas y en nombre de las ajenas también, porque considero que si bien es cierto, los miembros de las Farc tienen derecho a hablar, exponer sus ideas y argumentar sus luchas, nuestros muertos también y desconocer la historia de los profundos dolores que nos causó esta guerra, ha hecho que los jóvenes tomen con ligereza casi catatónica las nefastos consecuencias de la guerra.

Los acuerdos son para respetarlos, no son un juego en donde cada uno hace lo que le da la gana. A mí sí me ha resultado muy ofensivo y abusivo el solo propósito de que las Farc empiecen a hacer política, academia, foros, debates sin haber aclarado tan siquiera el mecanismo de la Justicia Especial para la Paz: ¿quién va a responsabilizarse de la seguridad, integridad, de los miembros de las Farc en los escenarios civiles? ¿Está preparada la sociedad para escucharlos sin que afloren toda clase de sentimientos represados?

¿Cuál es el afán de mostrarlos, como en las viejas épocas de circos? No han definido los protocolos y ya quieren “sacarlos a desfilar”, irresponsabilidad, ligereza y demasiada candidez y credulidad… “más sabe el diablo por viejo, que por diablo”, parecen no haber aprendió que en en este país, simplemente no se puede hablar, ni de un lado, ni del otro sin el riesgo de ser eliminado, del grupo de WhatsApp y de la vida misma. Si uno da “papaya”, pero no, ellos insisten cándidamente en tener todo como el Chapulín Colorado: “fríamente calculado”.

Que hablen, que expongan sus ideas donde quieran y como quieran, pero que lo hagan dentro del procedimiento que ha sido estipulado para ello.

Lo exijo con autoridad moral que me da haber dedicado 17 años de mi vida, de la vida de mis hijos, mis amigos y mi familia exclusivamente a intentar saber qué pasó con esos muertos.

¿Qué le preguntaría a las Farc?, instaba la invitación a uno de los foros.

Qué tal si empezamos por ejemplo, porque nos digan ¿quién ordenó el asesinato de la personera en nuestro municipio, la doctora Ángela Yesenia Briñez Ballesteros y a la comerciante Elizabeth Obando? Empecemos por ahí, entonces y solo entonces podemos conversar de tú a tú, basados en un solo principio el derecho a la memoria y el deber de recordar. “Hagámonos pasito”, decían los viejitos…

Comprendan señores pacifistas, que a ustedes ni les había sanado el ombligo cuando nosotros recogíamos los muertos, que ustedes en sus claustros universitarios, conocen la revolución sin la guerra y sus costos, que el respeto y el derecho a la verdad es algo a lo que no vamos a renunciar, así se paren en los moños, insulten denigren y al final del día rematen con amenazas e insultos.

Ustedes, los demócratas de las universidades, los militantes políticos y los activistas deben tratar de comprender que hay una memoria, una historia y un dolor que debe respetarse, así debe entenderlo las Farc y sus miembros representantes, demostrar con hechos sino un acto de contrición, por lo menos uno de respeto a la memoria de quienes ofrendaron su vida y pagaron el precio de una guerra fratricida.

La verdad habrán de contársela a los magistrados de la Justicia Especial para la Paz, pues hace 16, 20 años, al igual que ahora, los muertos no se “auto suicidaron”.

Se les exigió lo mismo a los paramilitares, se ha exigido al Estado y hemos luchado sin tregua en los estrados judiciales… por lo único que nos queda: la verdad.

Comprendan, en nuestro lenguaje castizo que “bueno es culantro, pero no tanto”.

Por: Nubia Flor Russi, defensora de Derechos Humanos.

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