El éxito en la Ciudad Musical

Imágenes: suministradas.

Crónica sobre el empresario Carlos José Alvarado Parra.

En Silvania, Cundinamarca, nació un hombre de éxito y visión, que lamentablemente quedó sin su madre a los cinco años de edad. En consecuencia, su padre llevó a casa a la que sería su madrastra, decisión que no le agradó mucho, porque no tenía buena relación con ella y por esa razón, decidió irse a vivir con unos parientes de Fusagasugá cuando cumplió nueve años de edad. Al estar allí, le pidió diez pesos prestados a su papá como capital para empezar a negociar cebolla hasta Silvania.

Un año después, echando machete y azadón en una encorvada posición con sus brazos heridos por la constante picadura de mosquitos y avispas, mientras corría levemente el sudor por su pequeña frente y lo secaba con su mano sintiendo profundamente el desfallecimiento en el cuerpo, el niño Carlos, con 11 años, consiguió su primer trabajo en una finca que ocupaba un extenso terreno de zona verde, donde existía una gran biodiversidad de árboles frutales, de animales campestres y la riqueza producida por el valioso e indispensable elemento tierra.

Aunque le pagaran el jornal completo, quiso obtener otro trabajo en un pequeño hotel del municipio. Allí tenía una buena relación con sus jefes y huéspedes, lo que representó fuerza a los inicios de su exitosa economía. Pero una noche de infinito derroche en unas fiestas populares, Carlos jugó a la ruleta, para terminar arrepentido porque perdió todos los frutos de su trabajo. Al llegar al hotel, se encontró con un amigo que, al ofrecerle su ayuda se percibió un brillo de felicidad en sus rasgados ojos color marrón; esta colaboración consistió en llevarlo a donde los tahúres, para apostar como él se lo indicara y tener la victoria tan anhelada.

Después regresó al cultivo a sembrar arveja y papa criolla; la cosecha se veía exitosa, pero la vendió y se marchó para Medellín porque su hermano, un sargento de las Fuerzas Militares, estaba radicado allá. Allí estaba a gusto con su trabajo como mensajero en el batallón, pero su hermano recibió una carta de su suegra en la que le decía que en Planadas le regalaría una finca. Carlos decide irse con su hermano a recibir la finca, pero cuando llegaron a dicho lugar la suegra dijo: “…si mijo, la finca que yo le voy a regalar es toda esa montaña, túmbela y haga finca…”, mencionó graciosamente don Carlos.

Posteriormente, empezó a comercializar cigarrillo americano, huevos y madera en un camión alquilado. En eso conoció a Hortensia y a su familia porque les hizo el favor de transportarlos a su destino. Casualmente, al regresar de Planadas se encontró con ella y le propuso que se fuera con él, ella lo pensó y se fue, dos semanas después. El creía que regresaría a su pueblo después de dos semanas, como sus anteriores conquistas, pero un amigo muy sabio le dijo: “Mijo, usted tiene que responder bien por esa muchacha porque yo la he analizado bien y es una buena mujer”. Él escuchó el sabio consejo y formalizó su relación, un regalo por el que siempre agradeció a Dios.

En 1973, montó en una vivienda arrendada su primer negocio, ‘Distribuidora San Carlos’. Luego, al comprar casa, se trasladó para ese lugar con su distribuidora.

Pasados 13 años, se mudó a Ibagué, porque sus hijos debían estudiar y allá no había colegios para satisfacer esta necesidad tan importante en la formación de ellos. Es así como en la calle 14 abrieron su primer local, ‘Mercacentro’. Eran 200 metros con 12 empleados, cifra que en el primer mes creció a 40, porque la venta aumentó bastante, tanto así, que se amplió el punto de venta hasta lo que se conoce hoy día.

A través de los años, la empresa se ha especializado en el servicio al cliente, debido a la visión de su dueño, quien pensaba en el presupuesto de la canasta familiar, para generar la marca propia, que se ajusta a los precios del mercado local. Producto de la excelente atención al cliente, el negocio se fortaleció y creció en gran manera, por lo que, actualmente su cadena de supermercados 100 % tolimense se expandió a 16 puntos de venta, generando más de mil empleos directos entre ibaguereños y espinalunos. Carlos Alvarado siempre consideró que lo esencial para su empresa es brindar ayuda para que sus empleados progresaran junto con él, porque fue depositada toda su confianza en ellos y han correspondido de buena manera.

Finalmente, hoy la familia Alvarado Molina con su legado, es un claro ejemplo de amor y perseverancia para obtener el éxito tan anhelado, que ha aportado al desarrollo comercial y social para Ibagué y para Colombia.

Por: Laura Alejandra Ramírez Barbosa
Institución Educativa Santa Teresa de Jesús.

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