El libro y el son han muerto

Luis Carlos Rojas García

Al libro le arrancaron las páginas y al son… al son lo dejaron morir, aunque cantantes como Jhonny Pacheco lo pidieron infinidad de veces: “¡Que no muera el son monte adentro, que no muera el son!”.

Por otro lado y para completar, la tertulia que era como la vida desapareció y ahora solo se escucha un ruido extraño que no dice nada; a lo mejor se les acabó el tema. Y es que tenían que haber visto aquel sitio, no era un lugar cualquiera, desde que uno entraba se sentía en otra ciudad, inclusive en otro país. El bar Libro y Son que está ubicado a un par de cuadras de la Universidad del Tolima, en antaño, era un bar pensado para la comunidad universitaria y por la comunidad universitaria. Aunque no deja de ser descabellado pensar que un lugar de rumba y trago sea bueno para los estudiantes o profesores de una universidad que, al igual que Libro y Son, tuvo bastante prestigio, antes de que se convirtiera en lo que tristemente es hoy en día: un lugar azotado por la corrupción de propios y extraños, así fue.

Pues bien, en el Libro y Son de antes, la salsa y el son cubano se mezclaban con las tertulias intelectuales y no intelectuales de maestros y estudiantes que semestre a semestre, viernes tras viernes, asistían al lugar para planear desde revoluciones y cierres de la UT, hasta para orquestar alguna cita romántica; porque Libro y Son no solo era un lugar para la tertulia, lo era para todo, lo bueno y lo malo.

Cientos de estudiantes supieron que era una primera borrachera, descubrieron su ser revolucionario, se toparon con la literatura, con la música y otros tantos encontraron el amor por ratos y hasta el amor de sus vidas o vieron partir a sus amores al ritmo de Richie, de Joe, de Celia o de otros tantos.

El libro, como lo llamaban muchos, fue testigo de miles de historias que se esfumaron con el paso de los días y que ahora pocos recordamos; y por aquella ley de la vida que dice que “todo se acaba”, al libro le tocó bajarle al volumen, algunos intelectuales resultaron no ser tan intelectuales, los otros, no volvieron y como cuando se extinguen las especies, se extinguieron las generaciones que jóvenes pensantes que luchaban por sus ideales o por su universidad.

El libro y el son han muerto, ahora es un lugar cualquiera, un sitio que se desvanece como se desvanece la misma universidad. Ya el ambiente no es tan agradable, de hecho, lo podría comparar como una mala cita, una de esas que lo dejan a uno sin ganas de nada. Y por esta razón dudo mucho que Libro y Son vuelva a ser lo que era antes, un bar diferente en una ciudad de lugares comunes. Las historias y los momentos vivirán sólo en la memoria de quienes las vivieron porque ahora, ahora solo se ve en las mesas a los comensales muertos.

Por: Luis Carlos Rojas García, educador, cineasta.

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