El periodismo grita donde otros andan susurrando

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Recuerdo que de niño escuchaba a mi gran amigo Jorge Eliecer Barbosa, que en paz descanse, en su programa de radio Kalixto; la pegajosa presentación me hacía imaginar a un chico corriendo mientras era perseguido por un montón de gente mala por no tener “pelos en la legua” y denunciar la corrupción que ha existido en todos los tiempos. La magia era total cuando salían al aíre los  personajes y esas voces que poco a poco se fueron metiendo en mi cabeza hasta convencerme que una de las cosas que haría cuando fuese grande era trabajar en la radio y así lo hice. Para mi infortunio, con el paso del tiempo y mientras aprendía a conocer la otra cara de esta maravillosa labor, la decepción no puedo ser mayor.

Ahora bien, durante mi recorrido en la radio, por algo más de diez años, me topé con muchas cosas, unas buenas otras malas, conocí gente tan amable como desagradable y aunque me he retirado de la misma, aún conservo la esperanza de que algún día la situación cambie, para que de esta manera, vuelvan los verdaderos locutores y periodistas que, a pesar de los gajes del oficio, se entregaban de verdad, verdad a su profesión.

Sin embargo, mi anhelo a veces parece desvanecerse, ya que en pleno siglo XXI se sieguen presentando circunstancias que nos dejan perplejos.  Como lo escribiría un colega, y va de cuento:

Durante un buen tiempo trabajé en una emisora muy reconocida en antaño, ahora no tanto, fue una de las más escuchadas no sólo en la ciudad, también en el departamento, en Colombia e incluso fuera del país, y eso que en ese entonces no existía internet. En dicha emisora, a medio día, se transmite un noticiero, aparentemente muy revolucionario, en donde su director tiene un lema muy particular: “El único que le cuenta lo que otros sospechosamente callan”. A decir verdad, esta oración tiene demasiada fuerza, porque hoy en día encontrar algo así es casi imposible, que alguien revele lo que otros no, en un medio de comunicación, es ¡Increíble! ¡Apoteósico! ¡Inigualable! O como lo diría Chaparrón Bonaparte: “formidable”.

No obstante, el lema no deja de ser una simple pantomima que se cumple a medias y que no es coherente con la actuación de quien lo expresa. Esto se debe a que mi querido amigo director, lleva una doble vida. Sí, no se puede catalogar de otra manera, el hombre lleva una doble vida en la radio, en las mañanas es uno y al medio día es otro; claro que desde hace un tiempo es más de lo que es por la mañana que al medio día.

Sé que el asunto es medio enredado, para que me entiendan intentaré desenredar el cuento. Resulta y pasa que para uno, que más o menos conoce de eso que llaman radio y periodismo, es difícil entender cómo un “periodista” que ha dedicado su vida a contar lo que otros sospechosamente callan, lo que quiere decir que este hombre es tan bravo que saca a relucir lo que otros no dicen por temor, dinero o lo que sea, trabaje en por la mañana en la emisora, que más que emisora parece la casa de citas de todas esas cuotas políticas de los gobernantes de turno, ya que en ella van a parar los que de una u otra manera han hecho favores durante las campañas y de donde muchos salen con escándalos de corrupción, de enriquecimiento ilícito,  rifas, juegos, espectáculos y shows de media noche sin que exista una entidad que le ponga riendas al asunto, y al medio día salga al aíre en otro medio, pretendiendo cumplir a cabalidad con lo que reza en su chocarrera expresión.

Por todo lo anterior llegan a mí, un sin número de preguntas, posiblemente sin respuesta:

¿Qué clase de ética profesional tiene el señor director?

¿Ha perdido credibilidad o logra confundir a sus oyentes por el hecho que en un lado sea AM y en el otro FM?

¿Cómo hace para denunciar los eventos de corrupción y demás que suelen pasar en su lugar de trabajo matinal, porque suelen pasar, cuando está recibiendo un pago por un dizque magazín en donde todo es color de rosa?

¿Será que está trabajando honoris causa?

¿Hará parte de esos que reciben favores por ayudar a los políticos en sus campañas y luego simplemente se hacen los desentendidos con lo que ocurra para no morder la mano que les da de comer?

¿Será que al igual que muchos, tiene a parte de su familia recibiendo favores?

¿Estará condicionado como los famosos experimentos de Pavlov?

¿Será que desde que este caballero llegó al programa de la mañana se acabaron las inconsistencias y por eso lo escuchamos hablando bellezas de la alcaldía, gobernación y sus dependencias?

¿Cómo hace un “periodista” para ser neutral con lo que dice en su noticiero de medio día, cuando está mamando de la teta que tanto criticaba en administraciones pasadas y con la cual se ensañó muchas veces?

Y la última y más importante pregunta que se le pasa a uno por la cabeza cuando se encuentra con estos asuntos cuyos intereses van más allá de lo evidente a lo Thundercats:

¿En dónde está el que le contaba lo que otros sospechosamente callan?

La frase que encabeza esta columna, y que el personaje de marras acomodó a su amaño, no es suya, sino del fallecido periodista Henry Holguín, recordado director de la revista Vea. Entre los defectos de nuestro ‘independiente’ periodista habrá que incluir entonces el de plagiario.

Por: Luis Carlos Rojas García, Kaell García, escritor.

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