El premio mayor

Foto: Colprensa.

Ubérrimo por cárcel, 1.500 hectáreas hacen parte de la, dizque prisión, del personaje con más poder de todos los tiempos del país. Un sujeto que logró ser presidente de la república colombiana, presidencia que no era otra cosa que el sueño de su amigo Pablito, el mismo que pudo amasar fortuna gracias a que el innombrable o Matarife le abrió las puertas del cielo. 1.500 hectáreas de prisión, ni siquiera el mismo Escobar tuvo tanto chance.

La detención de Álvaro Uribe Vélez le está dando la vuelta al mundo, y como ya lo dije antes, los memes, los comentarios, la fiesta y hasta las lágrimas de los fanáticos no se hicieron esperan. Es increíble la manera como adoran a este siniestro político, no solo sus férreos seguidores, incluyendo al fanático número uno: Iván Duque, también la gente del común o del pueblo que llaman. Los mismos que no tuvieron que vivir un falso positivo, un desplazamiento forzado o una masacre a manos de grupos paramilitares, grupos que, como lo muestran las pruebas y los testigos, tuvieron su nacimiento en la mente de don Álvaro quien tiene a Colombia en su mente, su corazón y su mano firme, tal cual como lo dijo Jaime Garzón: “es que a Álvaro le cabe el país en la cabeza, el vislumbra todo este gran país como una zona de orden público total, es decir, como un solo convivir”.

Como sea, Colombia y sus colombianos siguen siendo folclóricos, alegres, dicharacheros y, sobre todo, creyentes, creen en todo lo que se les atraviese, son extremadamente supersticiosos y, por si las moscas, le apuestan a todo. Como lo dice aquella palabra divina, los colombianos y su fe pueden mover montañas; desde pelos que curan el Covid-19, hasta números de fechas de muertos y de presos que caen en la lotería, como lo que ocurrió con el número 10879885 que pertenece nada más y nada menos que al presidiario Álvaro Uribe.

Así es, las historias de Colombia siguen siendo una mezcla de locura y chabacanería que rayan en lo absurdo; son una novela de esas del realismo mágico en donde cualquier cosa puede suceder como por ejemplo que el día que el Matarife subió a las redes su número de preso, la gente se volcó a las casas chanceras a apostar por el mismo, al punto que tuvieron que bloquear dicho número para que el sistema no colapsara. No obstante, y como solo puede pasar en un país como Colombia, el viejo Uribe y su número salieron benditos. El 12 de agosto del presente año en horas de la noche, la lotería del Valle anunció que el premio mayor de $3.500 millones de pesos había caído y, por increíble que parezca, era nada más y nada menos que el número en mención. Los colombianos lo hicieron de nuevo.

Debo decir entonces que, aunque todo esto y muchos sucesos más causan risa, no deja de ser preocupante la manera como se siguen rifando al país frente a la mirada complaciente de todos. Tal vez por eso, el premio mayor para Colombia sería que personajes como el Matarife entre otros sean llevados ante la justicia y paguen por sus atroces crímenes. Aquí incluimos a los de derecha, a los de izquierda, a los héroes de la patria, a los grupos al margen de la ley, a los religiosos y a todo aquel que cometa uno o varios delitos contra el pueblo colombiano porque, definitivamente, no podemos seguir dejando la situación del país a la suerte.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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