El raponazo a la paz: la repetida historia en el Tolima

Fotografia de la Mision ONU Colombia: Reincorporados en su graduacion bachiller, ETCR el Oso, municipio de Planadas (https://twitter.com/MisionONUCol/status/937704990755446784)

Ahora que la prensa nacional hace algo de eco (diario El Espectador y revista Semana) – en el entretanto de la teatralizada elección presidencial y el no menos alucinógeno mundial de Rusia – acerca de la justa y premonitoria carta al Ministerio de Hacienda por parte de los embajadores de Noruega, Suiza y Suecia y a petición del mismo partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (por cierto ¿qué raro que los casi dueños de los bosques y selvas colombianas, el Reino de los Países Bajos, y su adlátere en la subterfugios de la guerra y la paz nuestra, la embajada de USA, no la suscribieran?) por la evidente corrupción con los dineros de la paz, resalta regionalmente otra verdad a voces: el origen económico del reciente triunfo de la ultraderecha tolimense, con sus variopintas alianzas locales (liberales, de  la U, conservadores, CD, CR, y porque no: una que otra facción de la izquierda de puestos).

Y precisamente, dichos repetidos triunfos electorales, no se deben exclusivamente a la derechización del tolimense promedio o que las instituciones del estado (judicial, legislativo o ejecutivo) en el departamento, estén en manos de sobresalientes y entrenados voceros y voceras del fascismo criollo.

Menos a su patético discurso xenófobo contra Venezuela, ni mucho menos a su perorata de “victimas de utilería” pregonando desde sus cautrimotos a grito entero el cantinflesco peligro que los antiguos guerrilleros llegasen a los cargos públicos de elección, a sabiendas que la ascendencia liberal-conservadora tolimense, los tiene secuestrados desde que el Tolima fue estado federado.

No. El reciente triunfo electoral de la ultraderecha tolimense se debe – quien lo creyera – a lo firmado en la Habana, por una paz estable y duradera.

Y no porque su tesis mussolinesca de un país arrodillado ante sus “enemigos” (que les dicta su igualmente mussolinesco mentor antioqueño), haya triunfado sobre el Acuerdo de Paz de la Habana (a propósito, la mayoría de los y las dirigentes de la ultraderecha tolimense se confiesan cristianos católicos o protestantes, pero ven en su prójimo y compatriota a un enemigo: algo les falla en su catedra, a los curas y pastores).

El reciente triunfo de la ultraderecha tolimense (vale repetirlo: la amalgama de judas liberales, conservadores, de la U, CD y CR, como la tildó el periodista Humberto Leyton, recientemente), se debe a los dineros de los contratos del Fondo Colombia en Paz.

Para la muestra un botón: la realización del contrato 517 de 2017 por la FAO (ONU), la ADR y la Gobernación del Tolima, de lo cual ya se había reseñado con anterioridad (Los contratos del señor Zavala y El común y los 25 millones de dólares).

Sin ahondar mucho: contratistas, asesores, directores, especialistas, staff, proveedores (incluida la o el de los tintos) y todo lo que pueda vender algo o a alguien – y talvez sus jefas o jefes políticos – percibieron o aun perciben algo de los 9 millones de dólares de la Paz gastados dizque para hacer un “Diagnostico” agropecuario con enfoque territorial en el Tolima (que aún no terminan), con el recicle de lo ya diagnosticado y la espuria demora de la neo burocracia hípstermillenials, mientras los y las guerrilleras reincorporados y sus familias van al hambre o a la muerte, por el sicariato de la ultraderecha.

Si el señor Fiscal General, antiguo asesor judicial de mucha de la ultraderecha nacional, está de verdad preocupado por la perentoria carta de los embajadores de los países donantes y garantes, que no por la Paz ni por la suerte de los y las reincorporados, debería empezar con sus subalternos sus pesquisas por el Tolima: Gobernación del Tolima, la regional de la ADR, la regional de la Esap, los funcionarios nacionales (egresados de los Andes y de la Javeriana) de la FAO (ONU).

Mal contados entre estos cuatro contratantes y sus contratistas (amalgamados empleados liberales, conservadores, de la U, CD y CR), se gastaron en el Tolima algo más de 2 mil quinientos millones de pesos, solo en los 6 meses anteriores a las pasadas elecciones de marzo, con este solo contrato de papel y con la plata de los Acuerdos de la Habana, sin que a los y las reincorporados de los ETCR el Oso o la Fila les haya llegado un peso o centavo de dólar para comprar al menos una bolsa de semillas.

De ahí nacen los triunfos electorales.

De ahí surge el nuevo raponazo a la paz, en este siglo XXI, para que en el Tolima vivamos un omnipresente recorderis de la “corbata colombiana”, la motosierra y los empalamientos a niños y mujeres campesinas o más recientemente a jóvenes enfermxs por adicción, lideres ambientalistas y a Lgtbiq trabajdorxs sexuales.

Y si a algo se llega con la pesquisa del dinero dado a la FAO para diagnosticarnos, se debería continuar otras pesquisas más con los recursos de la Paz que a manos llenas han pasado por Cortolima para privatizarnos los nevados y los cauces, por la Alcaldía de Ibagué y por la megamentira de la Agropolis de la politizada Ibal, su redención china de los recursos naturales propiedad de todos y sus beneficiados socios terratenientes.

Por: Luis Orlando Ávila Hernández, Ingeniero agrónomo, propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.

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