El rebusque electoral

Luis Carlos Rojas García

Luis Carlos Rojas García

Dicen por ahí que la necesidad tiene cara de perro y que el trabajo no es deshonra, por tal razón, cada vez que hay elecciones, que son una deshonra por supuesto, algunos habitantes de la ciudad se levantan desde muy temprano con la única intención de rebuscarse lo del diario en la mal llamada fiesta de la democracia; aunque ahora debería llamarse “la fiesta de la Uribecracia”. Las calles y avenidas cercanas a los puestos de votación se convierten en una vistosa plaza de mercado, claro, como los políticos en campaña, especialmente los de ahora, son todas unas placeras dicharacheras, los puestos de comida no les desentonan.

Ahora bien, una variada gastronomía que va desde el popular masato, los deliciosos tamales, la lechona o el combinado de tamal con lechón, chorizos, bofe, chanchullo, perdón, chunchullo y demás, se exhiben en vitrinas que deleitan los ojos y el paladar de quienes van a votar por los corruptos que más adelante se van a devorar al país.

Es admirable ver a todas estas personas tratando de sacar una pequeña porción de dinero que les ayude a llevar el sustento para sus casas. Sin embargo, el desaseo que se produce después de pasadas las elecciones es desastroso, claro que no se compara con la inmundicia que da el resultado de cada elección. Las hojas de tamal, servilletas, platos desechables entre otras, adornarán el lunes siguiente las calles de la ciudad acompañadas de plegables, fotos y logos de los políticos que una y otra vez se las arreglan para engañar al ignorante pueblo.

Pero, el rebusque va más allá de vender comida en cada esquina, no ha de faltar el que va de puesto en puesto de votación buscando a quienes ofrecen unos centavos para que voten por el candidato de su predilección. Desde veinte hasta ciento cincuenta mil por candidato es la tarifa que suelen poner por voto, depende de la capacidad económica del corrupto, burlando de esta manera los supuestos controles de las autoridades, que también tienen su tajada ya que ellos hacen parte del rebusque. Los hambrientos seguidores de los políticos, que también se la andan rebuscando, se las arreglan para comprar los votos. Lo que sucede es que esos casos no los registra la televisión, la radio y mucho menos la prensa, porque de una u otra manera ellos también se la rebuscan.

El rebusque es para todo aquel que lo quiera aceptar; entre más alto el estrato más alto el rebusque. Los de abajo, y no precisamente los de Mariano Azuela, aunque los de abajo han sido, son y seguirán siendo los de abajo, se conforman con migajas y con lo que puedan conseguir. Los de arriba son los que se llevan la mejor parte con los famosos contratos o con los favores jugosos y más grasosos que cualquier lechona alrededor de un puesto de votación.

Después de ver este panorama tan circense, me atrevo a pensar que personas como yo, que están en desacuerdo con tanta corrupción, que no venden su voto por una estadística de Facebook, una foto o un emoticón, somos algo ingratos con los políticos que tanto hacen por país. Para la muestra un botón, la demora es que comienzan sus campañas e inmediatamente todos y cada uno, tienen su forma de ganar dinero con el rebusque electoral.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor, cineasta.