El sueño americano

Luis Carlos Rojas García

Pateando piedras, así fue bautizado el segundo álbum musical de la agrupación chilena Los Prisioneros, en donde la pista número dos se titulaba: ¿Por qué no se van? Una canción que, según cuentan los que saben, es una crítica sarcástica a esa sociedad chilena del 86 que surgió con el golpe militar del 73 y que se creían más europeos que los mismos europeos, entre ellos los artistas quienes parecían más interesados en representar la idiosincrasia de otras tierras antes que la propia.

Pues bien, la canción es bastante clara, si la cultura, si el apellido, si el cine, si la gente, si la ropa y mil cosas más no le agrada a alguien sencillo: ¿Por qué no se van del país? Digamos entonces que al escuchar la canción uno hasta siente cierto orgullo patrio y una reflexión profunda y sentida ya que no es un secreto que el sueño de más de uno es irse del país y, como solemos escuchar, buscar un mejor futuro.

De hecho, recuerdo que hace unos años, en mis crónicas para radio, hice una crítica sobre el asunto; narraba en aquella crónica cómo los colombianos somos apetecidos en el extranjero por nuestra capacidad de adaptación y por el trabajo fuerte que desarrollamos y también contaba la historia de un hombre cuya esposa viajó a España y luego de dos años regresó por unas cosas, entre ellas el divorcio.

Pero… ¡Esperen un momento! ¿Quién soy yo para hablar de este tipo de cosas? ¿A caso no vivo ahora en otro país? Sí, así es, años más tarde de mi sentida crítica me encuentro viviendo lo que muchos denominan: “El sueño americano” claro, un poco más arriba de la casa del Tío Sam, y bueno, como dijo el soldado aquel “¡Cómo nos cambia la vida!” o podría utilizar la frase popular que dice: “No hay que escupir para lo alto”, y como esas frases otras.

Entonces, no es un secreto que hago parte de la estadística de los cientos de personas que han salido de su país, aunque para mi fortuna no fue huyendo ni mucho menos como las historias que escucha uno por estos lados, no; sin embargo, hago parte de esa estadística y no es para menos; es extremadamente difícil y hasta frustrante ver cómo en nuestro país se puede pasar la vida entera buscando un trabajo; inclusive, muchos podemos tener hasta tres trabajos y aun así no es suficiente para darle una mejor calidad de vida a nuestras familias, darles estudio a nuestros hijos, conseguir la comida, darse ciertos gustos, etc.

Es ahí cuando comenzamos a revaluar esa clase de cosas y entonces entendemos que a veces salir del país es toda una oportunidad. Aunque aquí también he conocido a personas que desean irse, que no quieren estar aquí por más que el sistema funcione. Incluso gente que adora los países latinos con todos sus problemas. Diré entonces que la inconformidad es normal en nosotros los seres humanos.

Ahora bien, muchos piensan que vivir en el extranjero es echarse viento y vivir de ayudas, de dólares o euros que se multiplican como el pan y los peces, pero, la realidad es otra. Vivir en una sociedad como esta requiere de un cambio de mentalidad extremo, no es solo el idioma, ni la comida, ni la gente, ni el clima, no; el tema es mucho más complejo de lo que se pueda imaginar y si nos trasladamos al sector laboral la cosa cambia abruptamente.

Aquí hay bastante trabajo, es cierto, pero, para quienes están acostumbrado a las fiestas y sobre todo a los días festivos por no poner otros ejemplos, adaptarse es complicado, aquí se trabaja sin parar y los festivos son toda una ilusión; además, por alguna razón las jornadas laborales, aunque la mayoría son de lunes a viernes, no dejan de ser extenuantes. Lo otro es el tiempo, el tiempo corre de manera aterradora y a veces pareciera que solo nos alcanza para hacer lo mismo todos los días. A eso se suma que en el afán de querer llevar una vida de consumos desbordados muchos terminan trabajando día y noche sin parar como una suerte de Réquiem por un sueño.

Por supuesto los oficios que en nuestro país son motivo de vergüenza aquí se convierten en una maravillosa oportunidad de ganar dinero. Hacer aseo, por ejemplo, una labor bastante importante en la vida de los seres humanos, pero tan devaluada en países como Colombia, es una muestra clara de cómo la gente aquí se puede ganar la vida, comprar casa, carro y más, mucho más; incluso, hay quienes prefieren esa labor antes que cualquier otra por la “facilidad”, aunque no me parece nada fácil, y porque muchas veces no se requiere ni siquiera el idioma.

Como sea, si usted es de los que piensa que primero muerto antes de tener que barrer un piso, trabajar un domingo o simplemente hacer un oficio diferente a su noble profesión, le recomendaré, contrariando a los Prisioneros, que mejor se queda en su país porque vivir en el extranjero demanda mucho, pero mucho trabajo y, además, como ya lo dije antes, requiere de un cambio de mentalidad inimaginable para poder soportar cualquier cosa que se nos presente.

Agregaré finalmente que, ahora que conozco de cerca el tal “sueño americano”, que no deja de ser el mismo que el europeo o el que sea, que a la final no es más que el sueño que sentimos cada vez que llegamos a nuestra casa por puro y físico cansancio y que lo realmente importante es contemplar la vida como es, sin tanta farsa creyéndose occidental de segunda mano, sin que esto quiera decir que no podamos aprovechar cada valiosa oportunidad. Deberíamos entonces tener también un sueño latinoamericano o por qué no, un sueño que se pueda cumplir en cualquier parte del mundo, al fin y al cabo, dicen por ahí que todos somos hermanos.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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