El viejo arte de la política y de la guerra

Orlando Ávila

Luis Orlando Ávila H.

¿Drones o UAVs (vehículos aéreos no tripulados) alquilados por particulares que van tras de un contrato de obra civil, una división del Ejército con dos fuerzas de tarea en menos de 24 mil kilómetros cuadrados, o un candidato de izquierda que piensa en solo los puestos que pueda dar cuando sea electo, entonces, por qué, para qué, y sobre todo, hacia donde nos llevan en la ciudad y en el departamento?

Este medio virtual de noticias, AP, en la última semana, ha destacado dos noticias que, deletéreamente, parecerían sin contexto, pero si a esto, se le suma que, igualmente en la última semana, en plena asamblea de la UP, uno de los candidatos basó su propuesta es en los puestos que pueda “exigir” a los ya pre-asumidos como electos (por ese candidato y por cualquiera de la sempiterna burocracia del nuevo frente nacional local y regional de liberales, godos, eco-godos, eco-liberales, neo-godos y neoliberales, muchas veces con trazos de colores, que cobran, desde 1948, entonces con libreta y hoy con tarjeta de chip, en la Alcaldía, en la Gobernación, en la Universidad y en las Fuerzas de Policía y de Ejercito).

¿Por qué unos particulares usan drones en el Tolima, para asirse a una obra civil?  ¿Quién se los alquila y quién vigila al que los usa y al que se los alquila? y sobre todo, ¿desde cuándo se autorizó por el Congreso de la Republica y, en consecuencia, por el Jefe de policía y orden público en el Tolima, el Gobernador en turno, el uso de estos sobre nuestro suelo?

A finales del año pasado, el diario británico The Guardian:  (http://www.theguardian.com/commentisfree/2013/dec/29/drones-us-military), publicó un descarnado artículo escrito por una exsoldado del ejército británico, Heather Linebaugh, encargada de “pilotear” uno de estos UAV, desde una oficina secreta en Londres, que bombardeaba con misiles, por igual, tanto a niños y civiles afganos, como a sus propios paisanos mercenarios contratistas.  La razón del remordimiento: los dispositivos de video de un UAV, incluso en cielos despejados, no son tan claros para diferenciar al “operador” de este, entre un dispositivo de bomba en un camino, frente a una vieja cicla de niño o frente una deshilachada llanta de carro, por ejemplo.

La precisión de un caudal y la física de fluidos, incluido el teorema de Bernoulli, no la dará un video irresoluto de un UAV o drone. ¿Y si esto es así, por qué los ávidos contratistas y quienes les pagan, no usaron (compraron) imágenes satelitales, o dieron trabajo a los miles de excelentes paisanos egresados en topografía de la UT, contratando por igual, como cadeneros, a los jóvenes campesinos de la región?

¿Ahora, por qué en menos de 24 mil kilómetros cuadrados, se posesiona una División de Ejército, más dos fuerzas de tarea, si acaso no han sido contundentes, desde 2002, los golpes militares contra los grupos de actores armados ilegales y sus miles de deserciones, como este y otros medios de comunicación lo informan a cada tanto?  Hace dos años, un anónimo visitante alemán a la extinta librería Cuatro Palabras, disertó entre los bohemios que leían y tomaban tinto, sobre el escaneo electrónico geodésico, desde helicópteros privados, de varios años atrás, a una franja de terreno que va, en abanico, desde el barrio Libertador en Ibagué hasta zonas de bosque húmedo montano de los municipios de Cajamarca y Salento.

En una de sus incontables anécdotas, el agrónomo vallecaucano Jairo Restrepo, pionero de los métodos de la agricultura orgánica, relataba cómo en un apartado pueblo de Brasil, productor de naranjas, empresarios japoneses, dieron en instalar una productora de jugos y en comprar por adelantado durante varios años, toda la producción, siempre y cuando fuese envasada en artesanales botellas hechas por los locales, en arcilla de su terreno. Años después, se supo, que los japoneses, extractaban los minerales raros contenidos en las botellas de arcilla, para elaborar medicamentos y suplementos dietarios menos nocivos que el jugo de naranja brasilero.

Por tanto, el candidato de la UP y los demás políticos, incluido los lugareños del Mira, deberían volver a practicar el viejo arte de leer libros, revistas viejas, páginas de noticias, y hasta la envoltura de los dulces, para así saber y darle a entender a sus votantes, para que sirve, y ha servido, durante siglos, el arte de la política como el de la guerra.

Por: Luis Orlando Ávila Hernández, ingeniero agrónomo, librero, gestor cultural.

Deja un comentario