Elegir con juicio y no con pasión

Miguel Salavarrieta Marín

Nunca una contienda electoral por la presidencia había desatado tal confrontación en redes sociales atiborradas de toda clase de expresiones, algunas fundamentadas seriamente, otras, en su mayoría son propaganda sucia, perversa, convertida en mensajes falsos o tergiversados, mordaces, de una tenaz agresividad, de un negro humor, mientras los dos candidatos a escasas horas del gran debate hacen las últimas alianzas y sus mejores esfuerzos para conquistar el corazón de los indecisos y de aquellos que acompañaron a los perdedores en primera vuelta.

Obviamente este “enfrentamiento” fue intenso en primera vuelta, pero se ha intensificado en los últimas días, aunque el pasado puente festivo hubo un “cese al fuego” por el triunfo del Tolima en el rentado profesional de futbol, que llenaron las redes de un sentimiento tolimensista de triunfo y celebración, convirtiendo de paso al Nacional en objeto de burlillas de un fino humor, mensajes que desde la capital de la montaña respondieron con un :“hay que dejarlos que celebren porque no siempre se le gana a un grande”.

Esta final por la presidencia que dejó en el camino al candidato que consideré como la mejor opción y de paso a seis millones de votos huérfanos, nos lleva a estar frente a dos candidatos que son como el agua y el aceite, a dos propuestas, una ideal con la que sueña el pueblo, que a mí me gusta, por qué no reconocerlo, pero que a la final carece de ese tinte de seriedad porque no sabemos cuáles son los medios, los mecanismos, las fórmulas, el costo y de dónde saldrán los recursos para su implementación exitosa, con el ingrediente de que su desarrollo, en caso de positivo, llevará algo más que cuatro años.

Aquí no nos podemos limitar a la miopía del enfoque sobre si es la derecha o la izquierda, ni de quienes están detrás de los candidatos, ni que han hecho o sino han hecho, de si es un exguerrillero o de un exparamilitar, de si es ateo o creyente, de si representa al pueblo o a la oligarquía, de si es corrupto o un arcángel, de si es títere o mandadero, de si queremos una Venezuela o más de lo mismo y, peor aún si su sucesor va a ser Uribe o Timochenko.

El análisis debe ser profundo. Aquí no son conjeturas aisladas. Aquí se trata de mirar que se plantea y si hay con qué y cómo hacer lo que se propone. Aquí hay que revisar qué es lo mejor para el individuo y la comunidad colombiana. Aquí hay que examinar cómo se van a afrontar las grandes preocupaciones y flagelos de los colombianos:

La pobreza, la corrupción, el desempleo, la salud, la calidad y cobertura de la educación y el déficit fiscal. Aquí hay que mirar el desarrollo de la economía dentro de un contexto regional y mundial. Aquí tenemos cada uno que preguntarnos si somos conscientes a qué nos enfrentaremos con cada uno de los candidatos, porque después de votar, de decidir, no hay Santa Lucía que valga.

En mi caso son muchos los motivos que me llevan a votar por Iván Duque Márquez. Creo en su capacidad, en su preparación, en sus buenas intenciones, en su carácter, desposeído de odios, un hombre sereno con un espíritu conciliador, no revanchista. Considero que Colombia tiene muchos “enredos“, que en términos del senador Jorge Enrique Robledo significa que “nada en Colombia funciona como debería funcionar”, por eso la situación es muy compleja, con muchos frentes por atacar para algún día poder llegar a esa estabilidad justa y anhelada, a un país que quiere vivir en armonía y cuyas bases empezó a cimentar el gobierno del presidente Santos y que debe continuar Iván Duque.

Situándome un poco en lo local, en mi terruño, Líbano, y en mi región, el Tolima, creo que con Iván Duque nos irá bien, porque los lazos de sangre, en el ejercicio del poder cualquiera que sea, pesan mucho a la hora de actuar de decidir en todo sentido.

Y no podemos pasar desapercibido el hecho de que su señora madre, Juliana Márquez Tono, nació en Ibagué y que su abuelo materno, el abogado y escritor, para más señas, Hernando Márquez Arbeláez, nació en Líbano y fue viceministro de Minas en el gobierno de Misael Pastrana Borrero. Ah, y el padrino de nacimiento fue el también tolimense, Alfonso Palacio Rudas, el ‘Cofrade’, exministro de Hacienda nacido en Honda. El país este domingo 17 de junio debe votar con juicio, entendido como la virtud que tienen los seres humanos de “distinguir el bien del mal y lo verdadero de lo falso” y no con la pasión ese “sentimiento vehemente, capaz de dominar la voluntad y perturbar la razón”.

Por: Miguel Salavarrieta Marín, periodista, exdirector de Cultura del Tolima.

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