Eln, un desastre político y militar

Imagen de referencia.

Me negaba a creer que el Eln fuera el autor del escabroso hecho el pasado 17 de enero en Bogotá, pues durante siete años como analista de Inteligencia en el Ejército Nacional siempre tuve la idea, y como yo, muchos compañeros que allí quedaron, de que esta guerrilla era una de las más fuertes políticamente hablando, pero esta idea se esfumó en un segundo, como lo hicieron las vidas de 21 jóvenes estudiantes que seguían su sueño de ser policías ese día 17 negro, que quedará en la memoria de un país que creía que hechos como estos, solo eran historia.

Hecho condenable que genero repudio de los colombianos, y que además de dejar 21 personas muertas, exterminó la esperanza de una negociación y con ello la esperanza de muchos actores sociales que apoyan la paz, y, por si fuera poco, volvió a levantar de las cenizas como cual ave fénix al Fiscal General, y de paso dio legitimidad a un Gobierno que pasaba por uno de sus peores momentos en materia de gobernabilidad.

Cuan equivocado estuve, el Eln nunca fue políticamente fuerte, ni lo será, nos devolvió a la naturalidad del “ojo por ojo, diente por diente” a la guerra para el terrorismo, no supieron ni si quiera analizar que hechos como estos, los alejaría de ser opción política, no supieron leer que por hechos como estos, el pueblo colombiano no tuvo en cuenta a las Farc después del proceso de paz en las elecciones parlamentarias y presidenciales.

En el contexto político nacional pasaban cosas importantes, los estudiantes acababan de lograr acuerdos con el gobierno después de movilizarse y se alistaban para otra movilización, seguidamente diversos actores iniciaban actividades para pedir la renuncia de un fiscal con la legitimidad en el piso, entre otras cosas que protagonizaban el transcurrir político y social de la Colombia, que andaba en el camino hacia la paz con todo y sus desaciertos, pero lejos estuvo el Eln de leer el momento y la realidad por la que pasaba el país.

Polarización por todos lados, y con ello una fuerza pública que dejo mucho
qué decir por los errores cometidos en el afán de dar respuestas a una sociedad hambrienta de verdad sobre lo sucedido, verdad de la que se apropiaron medios de comunicación para luego convertirla en versiones diferentes sirvieron como medio de justificación a favor y en contra de algo que no debería tener ese talante por el respeto a las víctimas, situación que debe llevarnos a cuestionar lo que es el ejercicio periodístico de nuestro país.

Y por si fuera poco y sin desconocer que fue un hecho repudiable, opacó las demás actividades que antes del atentado eran noticia, corrupción, un fiscal en el ojo del huracán y que aprovechó la oportunidad para mostrar lo extremadamente eficaz de la investigación inclusive por encima de instituciones de otros Estados como el FBI, las muertes de líderes sociales pasaron a un segundo plano, y por la misma ruta las manifestaciones sociales que giraban en torno a ello.

El Eln le hizo el trabajo gratis al Gobierno, quien nunca tuvo la más mínima intención de sentarse a dialogar, desconocieron el clamor de aquel sector de la sociedad que reclamaba el cese de los actos violentos, los mismos que siempre optaron por una salida negociada al conflicto, sectores sociales que respondieron cuando la misma guerrilla desde Ecuador pedía apoyo de la sociedad colombiana, ¡Ah seria contradicción! ¡Ah seria traición!

Ahora el Gobierno aprovecha para rehacer su legitimidad, y por otro lado empieza por presionar al Gobierno cubano, exigiendo la extradición de los cabecillas de la guerrilla del Eln, desconociendo los protocolos que para el efecto fueron garantes otros países, desconociendo que fue el Estado Colombiano el que acordó mas no el Gobierno, pues si los acuerdos internacionales se hicieran con Gobiernos, llegaría el de izquierda o el de derecha y los cambiaria a su ventaja haciendo de esto un caos, ahora el gobierno se dio a la tarea de cancelar los acuerdos, y en los próximos días continuará como hasta el momento en incumplir los acuerdos con las Farc.

¿Volveremos a los tiempos en los que la violencia es justificada y naturalizada?, ¿en los que se pone a la venta y en oferta la seguridad como medio justificador de violencia?, ¿volveremos a los tiempos en los que condenamos la violencia cuando toca nuestra puerta, pero la aceptamos cuando está lejos del antejardín? Volveremos al erróneo imaginario histórico y práctico de “el fin justifica los medios” es posible, por ahora solo nos queda escoger entre el camino fangoso de la paz, o el camino doloroso de la guerra… sea cual fuere el camino, solo puedo decir que en los dos estuve, y mil veces escogería lo fangoso de la paz; pero si al camino de la guerra vamos y alguna vez sufriendo y llorando vienen a mi golpeándose el pecho por su amigo, hermano o hijo que tal vez ni si quiera cuerpo encontraron, solo tendría para decir –y que querían, esa es la guerra, esa donde sufren tanto actores como ajenos a ella.

Ahora solo queda la tristeza de ver 21 jóvenes que hace apenas ocho años eran niños con sus sueños apagados, y el sinsabor de cuan equivocado estuve con el Eln, el único culpable, un desastre político y hasta un desastre militar cuando desde Cuba Pablo Beltrán, en un acto que deja ver la falta de unidad de mando que debería tener una organización militar dice: “no sabíamos, por supuesto… no sabemos de los planes de nuestros frentes en Colombia, no es de nuestra incumbencia” al referirse al atentado.

Por: Julián Betancourt Nieto, estudiante de Ciencia Política, Universidad del Tolima.

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