En camino a la Agrópolis, mucha agua turbia

Columnista cuestiona proyecto de la Alcaldía de Ibagué.

Empezar diciendo que hace unos meses, sin haberse citado a la comunidad, fueron reunidos funcionarios de Planeación Municipal y de la Secretaría de Desarrollo Rural, para escuchar (socializar, se dice hoy), entre otros, a una firma al parecer judía, sobre los “beneficios” de su “máquina” o sistema a venderle a Ibagué, que cambiará el agua servida por agua del maná, como se pudiera sintetizar todo el negocio de la Agrópolis, el contrato bandera (con plata de todos, claro) del alcalde socialista Jaramillo Martínez, antiguo liberal.

La posible compra a los judíos (o a la alianza de estos con consorcios chinos, o talvez solo de estos últimos), fácil: casi 160 mil millones, en una ciudad sin estadio, sin piscinas, sin pistas y sin canchas públicas, para no decir sin bibliotecas, sin parques temáticos, sin teatros o sin nuevos parques públicos.

Compañías judías como Dorot, Nirosoft o Yamit – f, estarían haciendo lobby o incluso pueden pagar varios de sus viajes al extranjero, al señor Jaramillo Martínez. Lo demás, es el sustento de la catilinaria tecnócrata – ecologista que hoy es moda, a la hora de asirse con los recursos públicos, como si fuesen fortunas familiares de quienes gobiernan, regobiernan y contrarequegobiernan a esta ciudad y a su departamento.

Y por ese camino a la Agrópolis, se está haciendo la acelerada medición a cada pulgada o litro, de lo que todos expelemos hacia los sifones, como si el alcantarillado ibaguereño hubiese sido exclusiva obra del municipio o de su empresa comercial. (https://www.contratos.gov.co/consultas/detalleProceso.do?numConstancia=16-15-5865331)

Es más, por este camino las aguas se enturbian, más de lo que pudiera caer a cada sifón, quizá rumbo a las arcas de los judíos o chino-judíos (cuando en un futuro, les diera en reclamar en litigio o arbitrio internacional, el acueducto de Ibagué para ellos, por su inversión ecologista) o la de una futura alianza entre estos con los socialistas al mando en Ibagué.

Valga decir: ¿Porque a la firma ContaleC (Consultoría Técnica Latinoamericana y del Caribe S.A.S), contratista elegida que nos mide, desde diciembre anterior, cada centímetro cubico de nuestras heces y fluidos caseros, no se le descartó por su aún no muy clara actuación en la presunta paga de sobornos de Odebrecht, cuando fue interventora del Acueducto de Bogotá, según lo publicó el diario El Espectador en junio? (https://www.elespectador.com/noticias/judicial/con-nosotros-no-se-perdio-un-solo-peso-jaime-quintero-por-caso-odebrecht-articulo-698422)

O talvez, ¿Cuál es el acelerado interés en ubicar lo que sale de aguas servidas en cada estrato social de este Ibagué? ¿Acaso el socialista alcalde anhela un nuevo tributo, basado en las heces y fluidos nuestros? ¿Camino a qué iría tan acelerado sustento técnico, quizá a elaborarle el pliego de términos a la futura alianza de judíos o de chino-judíos y socialistas libanenses (del Tolima, porque los del Mediterráneo sería impensable)?

Ahora, más se enturbia el agua rumbo a la Agrópolis de sello familiar, cuando según se ha filtrado, las aguas antiguamente llamadas “negras” (no por racismo, sino debido a su turbia coloración) convertidas gracias a la “maquina” o sistema de los consorcios ignotos, correrán únicamente camino a las planicies de la región agrícola ibaguereña, conocida como meseta de Ibagué, en las cuales (el socialista alcalde bien lo sabe) brillan por su ausencia la economía campesina o los pequeños productores agropecuarios.

Y para revolver más la turbiedad, sin que se aclaren las aguas de la Agrópolis y de paso sin nadie que nos las aclare (y solo antes de la plena entrega del Ibal, a poderosos consorcios compradores del agua potable urbana en el mundo), ¿Qué clase de cultivos de la soberanía alimentaria o de la seguridad alimentaria, van a crecer en las plutocráticas tierras agrícolas a donde irá el agua “limpia” de la Agrópolis, de sello familiar, financiada por todos los que a diario expelemos heces y fluidos a nuestros sifones privados?

Y si por alguna rara casualidad en la Agrópolis, se sembrara hortalizas y legumbres ¿Dónde quedará el cromo, el plomo y el cadmio y demás metales pesados, que la “máquina” o sistema del consorcio ignoto no podrá eliminar, por más clara que vuelvan nuestra agua de desechos?

No se cuestiona al señor Jaramillo Martínez por aparentar ser un alcalde socialista, que lejos está de serlo. Menos si lo hace prendando lo público a las firmas judías o chinas que obedecen a una clara misión trazada en secreto en 2000 en Johanesburgo, donde las grandes compañías de agroquímicos, semillas, alimentos y fármacos acordaron comprar todas las fuentes de agua potable existentes en el mundo y esto incluye hacerse con los acueductos de países hídricos como Colombia.

La cuestión está en sus no claras políticas administrativas de dar en prenda a consorcios internacionales y a la plutocracia de la meseta de Ibagué, lo que no es de él ni de ellos (hasta ahora): el servicio público de agua potable y alcantarillado.

Depurar las aguas servidas no es nuevo en el mundo. En el Tolima existe mucha información y algunos buenos trabajos con microorganismos nativos y algas verde azules, que no necesariamente implicarían comprar “tecnología” de los consorcios para beneficio de los más ricos de la región y del mundo. Si la voluntad (socialista o no) es real en entregar agua útil para riego (cargada de metales pesados), debería el señor Jaramillo Martínez promover start up locales entre los biólogos, agrónomos y forestales que no necesariamente licitan en Cortolima o contratan con la U.T., sino que hacen ciencia, a pesar del Estado y de la Agrópolis con sello familiar y propiedad multinacional.

P.D.: Cortolima, que se supone ha de estar atenta a la protección de recursos naturales, incluida el agua potable y el agua servida, ha de estar dando conferencias en algún evento financiado por los consorcios ignotos o talvez mirando los pájaros volar, mientras perdemos lo poco público que nos han dejado.

Por: Luis Orlando Ávila Hernández, ingeniero agrónomo, propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.

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