En el Tolima, con educación lucha frontal a la inequidad

Miguel Salavarrieta

Que las tres cuartas partes del presupuesto de una entidad regional como el departamento del Tolima se destinen a educación, cultura y salud, tanto en lo urbano como en el marginado sector rural y que buena parte de esa inversión sea para salvar la universidad pública del departamento, claramente se observa que están comprometidos en la lucha contra la inequidad, la injusticia social, sorteando el dramático presente pero con soluciones pensadas en un mañana con desarrollo equilibrado y sostenible.

Que en el remoto sur donde solo había guerra, más exactamente en Bilbao, corregimiento de Planadas, se esté soñando con un megacolegio de $13.758 millones y la posibilidad de que llegue la educación superior. Que en la capital musical, sede central de la Universidad del Tolima la cual se encontraba con “diagnóstico reservado” hoy el ambiente sea de tranquilidad y optimismo al haber recibido el alma mater más de $125.000 millones del gobierno departamental en los últimos 30 meses entre transferencias y otro tipo de apoyos, reduciendo, además, el déficit de $24.000 a $8.700 millones y que Armero –Guayabal, al norte del Tolima, esperen las obras por $11.098 millones que los abastecerá de agua potable, son solo tres ejemplos de que en el Tolima se está actuando con una clara conciencia social de cara al futuro.

Dedicarse a ejecutar obras y programas que respondan a un futuro dentro de un contexto de globalización, no de ‘parroquialismo’, ni de aplicación de “pañitos de agua tibia”, es quizás el mayor acierto del gobernador Oscar Barreto Quiroga y dentro de esa concepción juega vital importancia la educación, no solo en infraestructura, sino en capacitación para docentes y en oportunidades a los educandos, accionar que concuerda con casi todos los postulados que ven en la educación la salida a casi todos los problemas país y su sostenibilidad futura.

Esta lectura no es solo el reflejo caprichoso de la rendición de cuentas que acaba de hacer el mandatario tolimense y sus colaboradores, sino que se percibe en los indicadores y observaciones de entidades ajenas a la administración departamental y que además, independientemente se confirma con los testimonios de las comunidades al recorrer el departamento, a aquellos campesinos y citadinos a quienes el mandatario les ha devuelto la esperanza.

Se trata de 2.05 billones que se han invertido en los primeros 30 meses de su segundo mandato de los que 1.55 billones se destinaron al eje “Tolima territorio incluyente”, donde están contemplados los programas de educación, cultura y salud.

En los otros ejes se registran importantes adelantos en infraestructura vial, apoyo al campesino, atención urbana y rural de Ibagué y los otros 46 municipios, promoción de la asociatividad en diferentes campos, incentivo al turismo y al agro, en la masificación de las herramientas del internet e incursionando en la ciencia, la tecnología y la innovación, así como potenciando las diversas actividades del hombre tolimense, todas ellas tareas muy valiosas que vienen a complementar esta visión a largo plazo.

El plan de desarrollo del Tolima 2016 – 2019 es un buen principio en la lucha contra la inequidad, en la imperiosa necesidad de aportar al cierre de la brecha social de los tolimenses, en la búsqueda de soluciones y de oportunidades, sin descuidar los sectores productivos, para llegar a la vuelta de unos años a un desarrollo que esté al nivel de los entes territoriales más avanzados. Esta es una línea persistente a seguir por las administraciones regionales venideras. Ojalá en este objetivo podamos contar rápidamente con una nación más descentralizada y con mayores recursos para la provincia.

Uno de los mayores énfasis que se reflejan en el plan de desarrollo del Tolima y en sus inversiones, sobre las que nos hemos referido atrás, coinciden con recientes sugerencias hechas al gobierno nacional y al mundo por parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), al invitar a “tomar el toro por los cachos”, planteando, entre otras cosas, atención infantil y educación temprana de buena calidad, así como el apoyo a los jóvenes a incorporarse al mundo laboral. Precisamente la Ocde está integrado por los países más desarrollados, cuyo propósito es la promoción de políticas para mejorar el bienestar social y económico de los ciudadanos del planeta.

Obviamente las ejecutorias de Oscar Barreto y su equipo tienen ya una buena calificación. Hoy sus obras brindan un bienestar, un mejoramiento de la calidad de vida, pero el verdadero rendimiento social de esas inversiones se apreciará dentro de algunos años cuando esos niños y esos jóvenes en formación obtengan la acreditación técnica y académica que les permitirá salir a afrontar el mundo con una perspectiva muy diferente a la actual.

Por: Miguel Salavarrieta Marín, comunicador social, periodista. Exdirector de Cultura del Tolima.

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