En opiniones revueltas: ganancia de lectores

Orlando Ávila

Empezar diciendo que este alcalde actual ha incumplido mucho de lo que quienes votamos entusiastas por él, le creímos y nos prometió. Verbigracia en lo que nos toca, su alcance de gobernabilidad en el sector rural, donde además de solo darle continuidad a la visión de campo y de lo rural que manojos de secretarios rurales y directores de Umata recomendados en las tres últimas alcaldías, según dicen, por su igualmente político hermano, solo han hecho del statu quo el perpetuar al municipio sin un censo rural propio, objetivo y no basado en estadísticas eternas y de dudoso cuño, aportadas anualmente solo por la tecnocracia de históricos gremios productores, con claros intereses político-económicos en procura de asirse al presupuesto local y nacional del sector, y para quienes el grueso de la pobreza y la indigencia campesina de las 144 veredas en las últimas tres décadas, no cuenta.

Dicho lo anterior, ahora al debate que también importa y que es oportuno y necesario, por quienes le protagonizan: dos recientes puntos de vista periodística de opinión: el experimentado reportero Humberto Leyton (https:/elcronista.co/actualidad/carcel-para-luis-h-ya) y el comunicador social y deportista Jorge Iván Giraldo (http://www.alaluzpublica.com/protestar-es-pecado-en-ibague/).

El director del reciente portal de noticias https://elcronista.co, Humberto Leyton, lejos está de ser infame y menos canalla: periodista de inicios como carga ladrillo en prensa, radio y en la desaparecida TV propiedad del Estado. Reportero, como otros ya desaparecidos, que aguantó y sobrevivió en los 80 al “Estatuto de Seguridad”, que con su famosa versión ibaguereña del tristemente recordado campero rojo, se “recogía” en las calles a todo aquel que la medianía social liberal conservadora al mando de la época, previamente tildaba de “gamín”, incluso hasta de los infames de entonces.

Del comunicador social Jorge Iván Giraldo, como él mismo lo denuncia con su “…¿a quién creer?”, es que se debe partir del beneficio de la duda sí es el propio empresario de la valla, el único responsable de sus dos versiones (la usada por Leyton y la usada por Giraldo) y más cuando el mismo Giraldo en enero de 2016 (http://www.alaluzpublica.com/los-intocables-del-deporte-tolimense/) argumentaba que no todo era escenarios, abriendo con ello las ramas del bosque para poder mirar más adentro: “…La muestra más clara fueron los pasados juegos deportivos nacionales, y claro, aquí podríamos caer en la culpabilidad de no haber tenido los escenarios deportivos para los entrenamientos, el apoyo a tiempo, y demás adversidades que tuvieron que soportar los deportistas. Pero cabe resaltar, procesos que llevan años, y no por las dificultades de meses tendrían que haberse presentado esos resultados”.

Para luego darle en sus propias palabras, en ese entonces, toda la razón que hoy le asiste a Humberto Leyton: “El Imdri, no sólo es escenarios, si no la solución al tema de recreación y deporte de la ciudad”.

Y es al final de su columna de enero de 2016, cuando Giraldo en su desafortunada calificación de hoy contra un reportero total como Leyton, cierto en su columna de entonces, sus palabras altisonantes de hace año y medio, le juegan en su contra: “…Para finalizar, quiero dejar en el tintero, a muchos colegas que ahora si ven con desacierto lo que realizó la pasada administración, con el manejo de los juegos deportivos nacionales, escuchar a personas que defendieron a capa y espada lo indefendible, realizan “lobby” político. Parecen cazadores, buscando a su presa, el alcalde, pidiendo trabajo y magnificando su obra, cuando muchos de ellos apostaban por otros candidatos y eran críticos a tener una política diferente en la ciudad”

Mas como colofón la que gana, y bastante, es la ciudad en este debate periodístico, (por lo menos para alimentar el juicio crítico de nosotros sus lectores): por un lado, con el solicitado “antojo” que nos pide Leyton en su columna y que deberá conocer la Fiscalía General de la Nación; y por el otro, con la duda planteada por Giraldo, que deberá llevar a los indignados deportistas a denunciar judicialmente al empresario bivalente y, de paso, públicamente demostrar a la sociedad ibaguereña, contablemente el origen de los recursos económicos de su ética y justa campaña.

Mientras, el señor alcalde, antes de su acostumbrado mutis por el foro, si algo de su ethos pre-elección le quedase, debería dejarle a Ibagué los escenarios construidos o reconstruidos, aupándose un instante de gallardía y de don de gente, para que los deportistas le recuerden como el que hizo algo por ellos. Al menos.

Por: Luis Orlando Ávila Hernández,
Ingeniero agrónomo, propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.

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