Entre los dos males: la guerra y la paz

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Tola y Maruja afirman que estas elecciones para segunda vuelta presidencial son tan sucias que los gamines votarán en blanco. En lo de maloliente campaña sobrada razón tiene ese par de lenguas viperinas; en lo del voto en blanco, y aunque lo referí en una de mis pasadas columnas, hoy pienso que no es una alternativa viable, ni prudente, ante el inminente caos que se asoma en el actual panorama político. Pues si todos conocemos que el país está muy mal y siguen mal en las manos de Santos el candidato – presidente, también es cierto que puede estar peor, y estará mucho peor en las del candidato uribista. El primero, entre ires y venires, ha sentado en la mesa de La Habana a las Farc y por primera vez se vislumbra un acuerdo concertado para acabar de una vez por todas con este conflicto sangriento que lleva ya más de medio siglo. Su política del diálogo es el paso más importante, y quizá uno de sus aciertos de gobierno, para la construcción de la paz negociada. El candidato uribista entiende y propone, como su jefe, la guerra como única salida del conflicto, la ley del más fuerte y la continuación de la matanza, aunque simule cambiar de idea ante lo susurros de Martha Lucía en una oreja o a los de su jefe por la otra, sin decidirse del todo nunca.

De continuar Santos, se agilizarán probablemente los temas de la paz, mediante la creación de dos mesas que resolverían el fin de la guerra y el tratamiento a las víctimas. El candidato uribista suspendería los diálogos en la isla, daría al proceso un hondo salto al vacío, y terminaría negociando el conflicto en un proceso de yo con yo.

De regresar el uribismo al poder, este partido, que no es ni centro, ni democrático, regresaría cargado de odios y sed de revancha y reinaría otra vez la dictadura de la trampa, los falsos positivos, los agroingresos, la corrupción desenfrenada, la minería ilegal, las pirámides, las falsas desmovilizaciones, los negocios ilícitos, las chuzadas y los hackers, las amenazas contra la oposición, léase a jueces, periodistas y sindicalistas, y el uso indebido y desmesurado de la fuerza, como única salida al conflicto.

Si el candidato – presidente alcanza la paz, probablemente el dinero de la guerra se vuelva más inversión social, planes y proyectos de desarrollo, restitución de tierras, y reconocimiento de víctimas; y entonces el mal podría ser menor. Y me llega a la memoria Patricia Lara Salive invitando a votar por Santos a pesar de ser muy aburrido, cachaco, antipático, politiquero, traidor, neoliberal o feo, y yo agregaría, pero en ultimas el único candidato posible para salvar la paz. El candidato de Uribe tiene las mismas y agradables cualidades, salvo cambiando cachaco por paisa, y neoliberal por ultraderechista, y en últimas, el único candidato posible para nunca lograr la paz con la que tanto soñamos los colombianos.

Por: Jesús Alberto Sepúlveda Grimaldo, escritor, editor.