Erika, la patrullera asesinada que desde niña soñaba con estar en la Policía

Exequias de Erika Olivera

Exequias de Erika Olivera

Cada vez que a Erika Olivera, le preguntaban sus profesores en el colegio Sor Josefa del Castillo, en Guamo (Tolima) qué quería ser cuando se graduara, su respuesta era que policía.

A esta tolimense de 21 años, que murió el sábado en Girón (Santander) cuando en compañía de otro miembro de la Policía frustraron el secuestro del ciudadano Jaime Fonseca, ni siquiera la escasez de recursos en su familia le quitó el sueño de ser policía.

Su madre Gloria Vega, que sobrevive de la venta de arepas y chorizos en Guamo, recuerda a su única hija como una mujer trabajadora y soñadora a la que ningún obstáculo detenía.

“Como no pasó el examen de ingreso la primera vez, resolvió estudiar criminalística en Ibagué y con ese grado en el segundo intento fue admitida en la Escuela de la Policía en Fusagasugá”, dice.

El problema económico también se le atravesó en el camino y con su madre acudió a un préstamo de 2 millones de pesos para asumir los costos del proceso de incorporación a la Policía.

“El curso de un año los costeamos con lo poco que yo ganaba de las arepas y nos metimos en otro crédito de 6 millones en el Banco Agrario”, dice la madre.

El 13 de diciembre del año pasado, el día de la graduación como patrullera, le dijo a su mamá que no se preocupara que sus primeros salarios los utilizaba en cubrir las obligaciones crediticias.

“En marzo me regaló una lavadora, decía que no me matara más en el lavadero”, recuerda la madre.

La última vez que Gloria escuchó la voz de su hija fue el viernes pasado cuando le preguntó el número de su calzado.

“Quedó de enviarme un regalito, un par de zapatos, pero al día siguiente fue asesinada en Girón cuando trataba de impedir el secuestro de un ciudadano”, narró Gloria Vega.

Dijo que el padre de su hija las abandonó hace varios años.

“Las dos solitas nos defendíamos, que Dios la tenga en su reino”, señala.