Escritores de la tierra en antología de cuentos

Imagen: archivo particular.

Libro en el que se reseña el trabajo de Jesús Alberto Sepúlveda con prólogo de Benhur Sánchez. 

Esta Antología I, que la editorial Rosa Blindada entrega a sus lectores, la conforman los cuentos de cuatro autores colombianos, uno de trayectoria y tres aún inéditos. Es un proyecto novedoso que vislumbra varios tomos con el criterio de incluir en cada uno un escritor “consagrado” acompañado de autores nuevos.

El escritor de trayectoria para este primer tomo, veterano en términos de oficio literario, es Jesús Alberto Sepúlveda Grimaldo, quien ya tiene en su haber dos notables libros de cuentos: “Si la muerte me la dieras tú” (1990) y “Nunca le recibas dulces a Karem” (2000), como también una novela titulada “Esta noche no puedo amor mío porque bailo en el Copacabana” (2018), libros con los cuales demuestra y afianza su vocación narrativa y su experiencia en el oficio de escribir.

Los tres autores restantes son Vilma Penagos, Pedro Orejuela y Elías Díaz Roa que constituyen el horizonte de una narrativa que está en formación y con inmensas posibilidades.

En verdad poco interesa que haya ese desnivel de presentación siempre y cuando haya una calidad sostenida que justifique la reunión de sus cuentos como un aporte a la narrativa nacional. Y no tanto por sus temas como sus propuestas estéticas.

En este sentido, los cuatros autores coinciden en la utilización de un lenguaje sin rebusques, simple, llano, con el cual arropan la complejidad de sus temáticas. En verdad, este es un logro muy grande, porque llegar escuetamente al lector con cuentos marcadamente lineales es un éxito. Sobre todo si se piensa en escritores que afilan sus herramientas para ser grandes narradores, en el caso de los nuevos. Algunos excesos de adjetivación, aunque superables. No son cuentos fáciles, facilistas dirían otros, por el contrario lograr esa sencillez en la presentación de los temas, ese desarrollo escueto, es de las búsquedas y logros más difíciles para un narrador contemporáneo. Bien se ha dicho que complicar un texto con artificios estilísticos es más fácil que lograr una narración escueta y directa en su lenguaje.

También, los autores coinciden en la utilización del monólogo para desenrollar la vida que nos quieren presentar, salvo Elías Díaz Roa que prefiere al narrador omnisciente. Ahora bien, desde el punto de vista de las temáticas, los autores seleccionados se introducen en la sociedad para descubrirnos sus pasajes más oscuros, personajes siniestros, tragedias anunciadas y una atmósfera que no es otra que el reflejo de la realidad que atravesamos en la actualidad en Colombia. Diría que, en general, cada uno de estos cuentos se hermana con los otros porque desnuda la tragedia de la vida contemporánea, y cada uno, a su manera, da testimonio de nuestra realidad.

Por tanto, sus finales siempre han de ser trágicos, desesperanzadores aunque reales y, también, macabros. Pienso en “La sobreviviente”, de Elías Díaz Roa, que narra el naufragio de una pareja y de qué manera Priscila logra sobrevivir al accidente.

También está de ejemplo del cuento “El cuarentaidos”, de Jesús Alberto Sepúlveda, donde conocemos que el drama se desencadena por una injusticia y termina en la muerte desolada del protagonista, no sin antes conocer su desgraciada historia. Qué decir del amor en “Las artistas del circo”, otro cuento emblemático de la narrativa del escritor consagrado, cruel en general pero diciente de cómo afrontamos los seres humanos ese sentimiento que debería ser noble y no enfermizo hasta el punto de llevarnos a la muerte, propia o del otro.

Un recuento también sustentado en el amor y la decepción, con un desarrollo de expectativas humanas que delinean el fracaso, se palpa en “La ruta del infiel”, narración de Vilma Penagos. Es un cuento bien logrado, intenso, cuyo desenlace es reflejo del estado de las relaciones de pareja en el mundo de hoy. “La visa de la abuela”, es una buena narración sólo que, para mi gusto, sobra el párrafo final. Ya la expectativa ha sido lograda y el desenlace es previsible. También es interesante su otro cuento “Tiempo nuestro”, porque es una radiografía de la juventud caleña de la década de los años 70 del pasado siglo y es, en resumen, un homenaje a Andrés Caycedo, el malogrado autor caleño de “Que viva la música”, y su influencia en la juventud con su estilo de vida y su suicidio.

Por su parte Pedro Orejuela nos narra las causas del suicidio de Benjamín Walton en su cuento “La deuda”. También retrata la juventud caleña, la ciudad y, finalmente, el amor adolescente, que no difiere mucho como visión de la que vislumbramos en “Tiempo nuestro”, de Vilma Penagos. En “Seres escapados del sufrimiento”, plantea la disyuntiva entre el maestro vocacional y el maestro ocasional. La expectativa que se plantea al inicio no se resuelve. Este primer párrafo, en realidad, sobra. La semblanza del magisterio es bastante negativa, sobre todo para quienes lo asumen como medio de subsistencia y no por vocación de servicio. Retrata con crudeza, de todas maneras, la situación del maestro en la Colombia actual y el drama de quien no está a gusto con lo que hace y es llevado al desempleo.

Por último, encontramos los trabajos de Elías Díaz Roa. También testimonian la degradación de la sociedad actual, el ánimo de enriquecimiento fácil, pero, sobre todo, la mezquindad y la envidia que impulsa a desenlaces inauditos para una sociedad decente. Por ejemplo, “El personaje del año”, donde la tecnología del hacker domina al bandido que a su vez destruye al magnate, su “gemelo”, y donde triunfa el bandido más inteligente. Son cuentos que a veces descubren excesos de lenguaje pero cuya historia es nítida y fresca. En “Jack”, el asesino en serie es destruido con la locura por el fantasma de sus mujeres asesinadas sin piedad. Los fantasmas del remordimiento. Y al final, el ya mencionado cuento “La sobreviviente”, tan macabro como la lucha por la supervivencia en términos de destrucción y muerte.

Así que el cuentista reconocido, Jesús Alberto Sepúlveda Grimaldo, avala con su experiencia narrativa el camino que recién comienzan sus acompañantes en esta Antología I. Es, en realidad, un meritorio esfuerzo de la editorial en busca de propuestas novedosas para incentivar la lectura y afianzar nuevos narradores. El verdadero editor es aquel que descubre e invierte en el nuevo talento porque de él dependerá su propio oficio en el mañana.

Larga vida a esta iniciativa.

Por: Benhur Sánchez Suárez

Escritor y pintor.

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