¿Está la civilización occidental al borde del colapso?

Marc Riboud/Magnum

Fue el titular principal de la revista científica New Scientist en su edición del pasado 20 de enero (número 3161).

Sin embargo el escritor, activista ambiental y columnista británico, George Monbiot, cuatro días después, la respondió en su columna en The Guardian (Is this the end of civilisation? We could take a different path) de forma, por demás categórica: “Probablemente”.

Como por cosas del destino, cuatro meses antes, dando una conferencia en University College London el antiguo ministro de economía griego, Yanis Varoufakis, el mismo que le renunciara al gobernante partido de izquierda Syriza por recular y finalmente obedecer a los ajustes dictados de la Unión Europea para “aliviar” la deuda griega, no dudó en afirmar ante el escéptico público académico británico: “El capitalismo está llegando a su fin, porque se ha vuelto obsoleto”. (The Independent, octubre 18/2017).

En este Ibagué tan lejano y ausente de los debates académicos que trasciendan a lo cotidiano del ciudadanx de a pie (si los miramos desde la óptica que en la única universidad pública estos sean por la sobrepoblación de corbatas con título y su esencial mercado de posgrados, cosa ya habitual en las rectorías de centro-izquierda o de derecha, o que en la universidad más privada de las locales, los debates atañan al destino final de los orgasmos privados de sus docentes), lo que diga o dijo Monbiot o Varoufakis, menos lo que se pregunte New Scientist, sean cosa, de como, por ejemplo, diría cierto futuro sindicado (y ojala condenado) expresidente: “amigo, siguiente pregunta”.

Y no es de la “siguiente pregunta” cómo pleonasmo autoritario de la sin salida a nuestra histórica ignorancia, que nace esta alusión a los europeos en cita, sino del último editorial de este portal de noticias: “Los ‘lideres’ que conducen a las masas a votar” (Editorial, febrero 16/2017).

Se resume el cronista y periodista, Alexander Correa, en su editorial: “…(los políticos) han creado una estrategia estructural que les permite tener poder sobre grupos de personas, a cambio de puestos, contratos, dinero, favores y otros consentimientos, que hacen que la voluntad del ciudadano se debilite y pierda el sentido común para actuar solo por causas personales”.

Bien, pues el editorial hace ni más ni menos que mención indirecta al concepto de Marx de la superestructura ideológica, o “superestructura jurídico-política que es una de las estructuras regionales del modo de producción, constituida por el conjunto de ideas, creencias, costumbres, etc., que plasmadas en las formas ideológicas de la cultura, la religión, la filosofía, etc., son con las que se justifica la ‘naturalidad’ y ‘legitimidad’ del modo de producción del que derivan y cuya realidad social enmascaran” (webdianoia).

Pero como bien sé que el director de este medio no es marxista, ni la alusión a Monbiot o Varoufakis, menos New Scientist, entonces la diatriba es por otro lado.

Y el lado de mostrar es que para Monbiot, solo la única ruta posible para escapar del anunciado fin de la civilización occidental (el cual atribuye a dos cosas: una, la paulatina destrucción del estado administrador, verbigracia lo que Trump ha hecho con la desfinanciación de agencias estatales protectoras de los derechos colectivos; y dos, el impacto de los contaminantes, bajo lo cual hoy mueren tres veces más personas por estos, que las que mueren por la combinación de sida, malaria y tuberculosis): es el primitivismo secundario.

La “estrategia estructural” que simboliza Correa en su editorial, se funde a la de “Sociedades complejas” que menciona Monbiot en su columna.

Y son estas “sociedades complejas” en las que el británico basa su categórica respuesta a la pregunta de New Scientist, al punto que les pide replantearla por: ¿Están las sociedades complejas al borde del colapso?

Y estas sociedades complejas, las define como “aquellas fuerzas que amenazan con destruir nuestro bienestar, que también son las mismas en todas partes: principalmente el poder de cabildeo de las grandes empresas y el gran dinero corporativo, que perciben al estado administrador como un impedimento para sus intereses inmediatos. Fuerzas amplificadas por el poder persuasivo en la financiación de campañas políticas, en la financiación clandestina de Think tanks, en la incorporación de periodistas y de académicos dóciles, siendo estas fuerzas las que amenazan con desbordar a la democracia”. Invitándonos a leer más sobre cómo funcionan en el libro de Jane Meyer: Dark Money (no hay edición en castellano).

Y allí es donde entra el primitivismo secundario, lo escribe Monbiot.

En la historia de la civilización occidental y de las sociedades complejas, según Monbiot, estas varias veces han fracasado y colapsado. Pero los acorralados de entonces, igual de asustados a nosotros hoy, eran muchos menos y las selvas, bosques, esteros, pantanos, junglas o estepas para donde correr o escapar, eran muchas más. Hoy la cosa es a otro precio.

Que la invitación al primitivismo secundario funcione como huida al fin de la civilización occidental, dependerá de cuán rápido gobernantes como Trump o como lo que se le parecen, extingan al estado administrador, incluso en Colombia, colapsándonos, pues al fin y al cabo somos una colonia del capitalismo gringo y británico.

Y si el capitalismo llega a su fin, como lo dictó Varoufakis, ¿Qué será de nosotros en Colombia? ¿Para dónde corremos, si ya ni selvas quedan o por lo menos las que quedan son de la “confianza inversionista” que regaló el sindicado expresidente colombiano?

El griego Varoufakis lo dice más claro y sencillo que Monbiot, e incluso – guardando las proporciones – que Correa con sus “estrategias estructurales”: “…será la venganza de Marx”.

Claro, para el griego, a los gigantes tecnológicos corporativos Google y Facebook les hacen (hacemos) diariamente su capital sus consumidores (entre los que me cuento, desgraciadamente) en cada búsqueda o cada click crece el dinero de éstas corporaciones, pero no el mío ni el suyo, menos un justo reembolso, salvo en nuevos emoji (para compensarnos, ya hasta nos le hicieron una película).

Y lo explica de manera más obvia que las “sociedades complejas” de Monbiot: “…El capitalismo va a socavar al mismo capitalismo, porque se están produciendo todas estas tecnologías, que harán que las corporaciones y los medios privados de producción, se vuelvan obsoletos”.

Pero menos categórico que Monbiot, el griego no tiene ni idea cuando llegue el fin del capitalismo.

Pero si nos advierte que en el entretanto, surgirán los “nacionalismos tóxicos”, para lo que propone prepararnos para el postcapitalismo con políticas de riqueza redistributiva, como retener un 10 % de todas la emisiones futuras de acciones en un fondo de bienestar común mundial, que permita pagar a cada habitante en el mundo un dividendo básico universal, o sencillamente un salario mínimo universal.

Y pensar que en las escuelas, colegios y universidades públicas tolimenses se dejó de leer a Marx, por aquello de la Tercera Ola, la Franja Amarilla, el Fin de la Historia, la Neo liberalización, la Competitividad o la Globalización.

La venganza de Marx, ¡quién se lo iba a imaginar!

Por: Luis Orlando Ávila Hernández, ingeniero agrónomo, propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.

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