“Este es Armero. El río se desbordó, el río se desbordó, por Dios. Por Dios…”

Miguel Salavarrieta

Miguel Salavarrieta

Se cumplen 29 años de la tragedia que no se borra de la memoria de Colombia.

“Atención todas las estaciones, este es Armero. El río se desbordo, el río se desbordo, por Dios. Por Dios… nadie me escucha, nadie me oye”, fue la última exclamación de Margarita Bejarano, secretaria de la Defensa Civil de Armero, captada por los radio operadores pasadas las 10:30 de la noche del 13 de noviembre de 1985, en el preciso instante en que la Ciudad Blanca de Colombia empezaba a vivir la noche más larga y negra de su historia.

La realidad es que minutos antes de dicha comunicación el cráter Arenas del Nevado del Ruiz había hecho erupción y al estallar lanzó material incandescente derritiendo parte del glaciar que generó descomunales aumentos de caudal de los ríos y la formación de una gran masa de agua, tierra, lodo y escombros que con gran fuerza y velocidad descendió para precipitarse sobre Armero y terminar con la vida de por lo menos 23.000 armeritas.

La historia de Margarita Bejarano que aquí refiero está consignada en la obra “La Cruz Roja en la Historia de Colombia”, dirigida por Javier Darío Restrepo, donde se hace una semblanza histórica del valioso accionar de esta institución durante sus primeros 90 años.

Así como Margarita luchó hasta último momento por salvar a Armero de esa catástrofe quiero brevemente hacer referencia a otros dos grandes luchadores, dos amantes de la ciencia y la investigación, los dos tildados de locos, uno por sus trabajos de arqueología y ciencias naturales y el otro porque se atrevió con base en sus estudios a difundir lo que pasaría y pasó.

Edgar Efrén Torres, docente e inquieto investigador, fundador y director del Museo Arqueológico y de Ciencias Naturales con sede en Armero estuvo vinculado al desaparecido Instituto Tolimense de Cultura desarrollando estos procesos de importancia. El profesor Torres perteneció a la Defensa Civil de Armero y como miembro de la institución conoció y compartió hasta el final toda la información oficial que se manejaba sobre la amenaza del volcán Arenas y las posibles afectaciones al norte del Tolima. Con el profesor se ha sido injusto, afortunadamente en el periódico ABC de España del 24 noviembre de 1985, el sacerdote Pedro Augusto Osorio, testigo de los hechos, revela los alcances de la intervención que por el altavoz de la parroquia hizo ese 13 de noviembre el docente. Su gran pecado: Servirle a la comunidad.

Fernando Gallego, docente de Líbano durante 15 años investigó el Nevado del Ruiz y el cráter Arenas. A comienzos de 1984 detectó que la temperatura había subido con relación a sus mediciones periódicas, concluyendo que ello traería consecuencias lamentables, por lo que procedió a dictar conferencias explicando el fenómeno y lo que podría suceder. Nadie le creyó. Fue objeto de burlas, descalificado y hasta oficialmente se le mandó a callar porque generaba pánico. El entonces alcalde de Armero Ramón Rodríguez y un parlamentario caldense también alertaron sobre el fenómeno, pero no hubo respuesta. Gallego murió muchos años después de la tragedia.

Edgar Efrén Torres y Fernando Gallego, merecerán siempre nuestro reconocimiento y creo que las autoridades deben reivindicar sus ideales con acciones a favor de las nuevas generaciones y de reconciliación con la naturaleza. Considero es un justo homenaje a estos dos hombres de ciencia y a las miles de víctimas de esta tragedia.

Por: Miguel Salavarrieta Marín, periodista independiente. Exdirector de Cultura del Tolima.